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A las seis de la tarde, con puntualidad contenida y expectación en aumento, partió desde la Iglesia de San Marcelo una de las procesiones más simbólicas del Viernes Santo leonés. La Procesión de las Siete Palabras volvió a desplegar su identidad inconfundible: túnicas rojas, capirotes blancos y capas negras dibujando una estampa de luto y redención en el corazón de la ciudad.
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