'Las 100 esquinas' [aquí y ahora]
De un tiempo a esta parte, pongamos que desde aquellos idus de lo que parecía sería el inicio de la transición, lo cual permitiría hacer una descripción cronológica, a lo que se otea y en nuestra mera observación ciudadana, nos estamos encontrando, así es si así parece, dentro del territorio urbano de muchas de nuestras poblaciones, por el amplio hecho nominacional del “todo SaZaLe´41”, en una extensionalidad de 38.491 km2, con una situación que, y a lo que asoma y/o se presume, acontece que, y en forma un tanto acelerada, “va in crescendo”, de lo que se presume como un amplio deterioro integral de lo que son los propios hábitats de los núcleos de las mismas.
En algún momento, de ese pasado (in)transicional, puede que se pensara (¿?), para estas `poblaciones de nuestra Regionalidad Leonesa´, que al objeto de ayudar y/o vivificar los núcleos urbanos primarios y/o cascos históricos (¿acaso núcleos burgueses primarios?), se les debía dotar de un `corredor de acercamiento´ o `un eje facilitador´ y/o comunicacional, de entrada y salida, un `feedback´ urbano, que en atención a los sistemas de movilidad y/o desplazamiento de aquellos momentos, y desde la acción mediata directa de accesibilidad, se contribuyera a su conservación desde el sostenimiento de sus elementos propios (¿autóctonos y/o tradicionales?) de mantenimiento.
Lo del eje y/o corredor tenía la virtualidad de ser demasiado pegado y/o cosido al propio trazado y, a lo que cívicamente intuimos, con escasa penetración en sus entornos de tangencialidad, lo cual introdujo, cuasi de inmediato, un deterioro visible en la estimación habitacional de todo aquello que no fuera la centralidad del mismo. Los centros históricos pasaron a ser, en forma principal, el espacio del eje circulatorio proclamado y ni sus líneas paralelas concomitantes se vieron libres de la inducida desaceleración que, en la mayoría de los casos, venía con el añadido de la despoblación subsiguiente. Nuestras poblaciones, por las tres provincias leonesas, en casi su totalidad (digamos para entendernos que podemos quitarle el `casi´.), son ejemplos prácticos de la galopante despoblación que nos circunda.
Los establecimientos de tales ejes de penetración en el centro de nuestras poblaciones, hizo posible, es un parecer que anotamos, el que se diseñaran acciones, pergeñaran situaciones y establecieran postulaciones, que redundaran en/sobre/por/para/desde el propio eje y que, en gran medida, aun en la consideración de las completitudes del casco/centro/ el resto fuera del eje no se beneficiara para nada de tales propuestas, es más, incluso, su propio desarrollo, les causaría mayor lesividad. No debemos caer en el olvido de que tales ejes tratarían (¿acaso no?) de conectar los nuevos asentamientos (aquellos de los ensanches urbanos donde la densidad de la población era mayor) con lo antiguo.
Lo de contar los males que nos aquejan, es algo más fácil, infinitamente más fácil, que el elucubrar posiciones de viabilidad y/o recuperabilidad para el futuro más mediato sobre esos perimetrados espacios y/o ambientes, que andan ubicados por todas y cada una de las poblaciones de nuestras cuarenta y una comarcas naturales de esta nuestra constitucional Regionalidad Leonesa. Y el hacerlo, tan solo desde la mera posición de simple observador ciudadano, y sin otras pretensiones, aun lo puede agravar más. Claro que peor seria, es una estimación que ponemos sobre la mesa, el que asistamos, con impasibilidad hierática, al desplome completo de tales retazos de convivencialidad urbana. Pues eso es lo que, guste o no guste, ¡y en definitiva!, se puede estar perdiendo.
Aquí no postulamos, ¡ y fijémonos bien!, haciéndolo en todas y cada una de las poblaciones de la Regionalidad Leonesa, el quitar los ya precitados ejes y/o vectorizaciones, ¡en modo alguno!, pero si en la exploración de otras posibilidades alternativas sobre el amplio espacio, aún irredento, o sea: que hagamos “cosas nuevas” (por ende: `otras cosas´) en el resto, ¡más que amplio resto!, de lo que no son los ejes viarios, tal que la dependencia condicional, que hasta ahora se mantiene (y en lo qué observablemente se ve que no es receptora de mejora), sobre los propios ejes se contrapese.
Esas `otras cosas alternativas´ y/o `situaciones compensatorias´, que imaginadamente se puedan esbozar, por los unos/otros/demás, o sea dando un mayor juego que opere otras dinámicas de flujo, que es de lo que se trata, no tienen que ser necesariamente miméticas, cual `estampas porteables´, de unas poblaciones con otras en el “todo SaZaLe´41”, tal que, llegado el caso, se avizoren a columbrar, obviamente habrá que presuponer, con todas las cautelas al caso, puedan presentar alternativas varias a las que se han venido utilizando, desde tiempo ha, casi en: [1ª] Formato monocorde, [2ª] Invariabilidad máxima y [3ª] Excesivamente focalizadas, para los ejes de aproximación en las diferentes poblaciones.
Todos nos hemos quedado extasiados ante la abundante monumentalidad que se exhiben, en los casos históricos, en muchas poblaciones de nuestra Regionalidad Leonesa (que rezuman medievalismo por los cuatro costados, además de aspectos renacentistas y otros), que es la misma monumentalidad que hemos heredado de nuestros ancestros (en nuestras sagas familiares de toda la Regionalidad leonesa y que nos emparenta con las propias sagas, en la Corona leonesa, de las regionalidades: extremeña, gallega y asturiana) y que, de forma biológica previsible, es la que, al menos desde el plano estrictamente teórico, es la que suponemos que vamos a transmitir, cuál legado propio regional leonés, a nuestros continuadores.
Parece que, en esos nuestros cascos históricos tan nuestros, solo hay esa monumentalidad o, para decirlo con más acercamiento, sólo y exclusivamente tales y tan considerados recintos, con sus perfiladas vectorizaciones de entrada/salida, admiten la expresión utilitaria de tal y tan concreta monumentalidad y que, en saliéndose de ella (y de la interpretación del acercamiento viario hacia la misma) no hay nada. Lo cual, y visto está, ha conducido a lo que sí que ha conducido y no, ¡y nunca!, a otra cosa, por más que nos hubiera gustado, consideramos que a todos, que si hubiera albergado otra posibilidad.
Nuestros antepasados, en lo que se nos acerca, dibujaron estas poblaciones nuestras de la Regionalidad Leonesa, con el sentido de practicidad inmediata para ellos mismos y sus familias y en aras de la mejor y más posibilista defensa de sus entornos convicenciales. La zona monumental coexistía al mismo tiempo que las demás actividades de sus habitantes y no, ¡y nunca!, en detrimento de las mismas, situación que ahora parece más que evidente. Se tenía `un toma y daca´ entre la propia monumentalidad y la utilidad cotidiana de los haceres/servicios que se extendía por todas y cada una de las vías/calles/rúas/plazas de cada población.
De un tiempo a esta parte, nos hemos ido fijando, en las diferentes poblaciones de nuestra Regionalidad Leonesa, en esas esquinas de sus calles que rematan o comienza la singladura de una determinada vía o enmarcan una determinada plaza, tal que pivotan y remarcan una situación de encuentro y/o de entrecruce de la convivencialidad de cada respectiva urbe, formando parte de nuestra propia: [1ª] Percepción sensorial, [2ª] Osmotizacion anímica y [3ª] Escenografía inherente, en cada población considerada. Son elementos urbanos que, aun viéndolos desde siempre, no los hemos ponderado dentro de la propia monumentalidad que de antaño ya teníamos.
Si a los ejes vectorizantes de aproximación (los que conducen ahora a la monumentalidad), unimos “las esquinas” de nuestras vías de comunicación urbana, que pueden tener su propia personalidad/arraigo/escenificación, andaríamos ensanchando sobremanera nuestro acotado, en principio, `espacio previo de monumentalidad´, y lo estaríamos haciendo no solo en el aspecto de la consideración exclusivista de la monumentalidad anteriormente evaluada y si en aras de una apreciación más comprensiva de todo el espacio urbano, lo cual ayudaría sobremanera a la vuelta de la diversificación que antes, de aquel antes un tanto lejano, de ello se tenía. O sea, serviría de umbralidad proyectiva para una necesaria reactivación.
“Las cien esquinas” de nuestros cascos históricos, que cada cual puede ir ya identificando a la vez que situando en el hacer de su propia cronología vivencial, en el aquí/lugar y en el ahora/tiempo, nos pueden servir de acicate, ¡a todos!, para refundarnos, o sea, para sin perder las esencias pasadas, que sí tenemos, remozarlas con otras nuevas. Ya sabemos que venimos de otros siglos anteriores, y lo recordamos en todo momento/lugar/circunstancia, ahora lo que queremos es que otras generaciones puedan continuar aquí, en nuestra Regionalidad Leonesa, en los próximos.
Entre cada dos esquinas contiguas, de “las cien esquinas” que por todas las poblaciones de la Regionalidad Leonesa apreciemos , tenemos que ubicar elementos regenerativos que ayuden a: [1ª] Recolonizar nuestros cascos históricos, [2ª] Vitalizar nuestra convivencialidad en ellos y [3ª] Añadir nuestra impronta creativa en los mismos, en suma, a decirnos tanto a nosotros mismos como hacia los de fuera que, a pesar de todas la añagazas transicionales, ¡que haberlas haylas!, aquí sí que seguimos, y, por ende, con Identidad específica y con Entidad propia, sí somos y sí estamos.
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D´Ocampo
VALORIO 29-5-2026