España ante el flanco sur: la amenaza que Europa no quiere ver
En el debate estratégico español existe una peligrosa mezcla de ingenuidad, silencio político y dependencia exterior que puede tener consecuencias graves en la próxima década.
Hablar hoy de un posible conflicto entre Marruecos y España no es alarmismo: es análisis geopolítico responsable. Y negar esta posibilidad no la desactiva, solo la hace más probable.
La cuestión de Ceuta, Melilla y Canarias no es un asunto menor ni una reliquia del pasado. Son territorios españoles por derecho histórico, jurídico e internacional, que nunca han sido marroquíes, y cuya soberanía no debería estar sujeta a ambigüedades diplomáticas ni a cálculos coyunturales. Sin embargo, Marruecos mantiene desde hace años una estrategia sostenida de presión, legitimación internacional y revisión del statu quo que apunta directamente a España y a estos territorios.
- "Marruecos: una estrategia paciente y calculada"
Rabat no actúa de forma impulsiva. Su política exterior responde a una visión de largo plazo, basada en la combinación de diplomacia, presión híbrida, modernización militar y alianzas estratégicas. La gestión de los flujos migratorios, el uso del relato anticolonial y la instrumentalización de las crisis fronterizas forman parte de un mismo esquema: testar la voluntad de España y medir la respuesta europea.
Ceuta y Melilla son el objetivo evidente. Canarias, aunque rara vez mencionada de forma directa, aparece cada vez más en el trasfondo geoestratégico por su posición en el Atlántico, su proyección africana y su valor militar. Pensar que Marruecos no contempla este escenario es desconocer la lógica del poder regional.
-"Estados Unidos e Israel"
España debe asumir una realidad incómoda: no todos nuestros aliados actuarán en defensa de nuestros intereses. Estados Unidos ya demostró en el episodio del islote de Perejil que su prioridad no es la soberanía española, sino la estabilidad regional según sus propios intereses. Hoy, con Marruecos consolidado como socio estratégico de Washington en el norte de África, ese alineamiento es aún más claro.
Israel, por su parte, mantiene una cooperación militar y tecnológica profunda con Rabat. No es una cuestión ideológica, sino de intereses. En un escenario de tensión, ambos actores tenderán a respaldar a Marruecos o, como mínimo, a no incomodarlo. España no puede construir su seguridad nacional sobre la expectativa de apoyos automáticos que probablemente no llegarán.
-"La OTAN y la peligrosa ilusión de protección"
Existe también una fe excesiva en la OTAN. La experiencia reciente de Ucrania demuestra que la Alianza actúa con criterios políticos, no morales ni jurídicos, y que evita implicarse directamente cuando el conflicto no encaja de forma clara en su marco estratégico.
Ceuta, Melilla y Canarias corren el riesgo de convertirse en un caso de ambigüedad deliberada, especialmente si Marruecos opta por una escalada gradual, híbrida o limitada. En ese contexto, España podría descubrir demasiado tarde que está sola en la defensa efectiva de su soberanía.
-"Europa y el flanco sur: una deuda pendiente"
El verdadero debate no es solo España frente a Marruecos, sino Europa frente a su propia incoherencia estratégica. La Unión Europea ha blindado el flanco oriental con razón, pero ha tratado el flanco sur como un problema secundario, delegándolo en acuerdos con terceros países y en la contención migratoria.
España debe exigir —no pedir— que Ceuta, Melilla y Canarias sean reconocidas explícitamente como frontera estratégica europea. No es una cuestión nacionalista, sino de seguridad colectiva. Si Europa no entiende que su estabilidad empieza también en el Mediterráneo occidental y el Atlántico sur, estará sembrando la próxima crisis.
-"Prepararse no es provocar"
Defender los intereses de España no es provocar un conflicto, sino evitarlo. La debilidad percibida invita a la presión; la claridad estratégica disuade. España necesita una política exterior coherente, una narrativa firme sobre su soberanía y una exigencia clara a Europa para que asuma su responsabilidad en el flanco sur.
Negar el problema no lo hará desaparecer. Afrontarlo con realismo, unidad y determinación puede ser la única forma de que dentro de diez años no tengamos que lamentar haber llegado tarde.