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La semana Santa de León

Puede que el título suene engañoso… confieso que lo es, voluntariamente. No se trata de cantar las excelencias de estas manifestaciones ¿festivas?; de cualquier modo, difícilmente calificables, puesto que, en ellas se mezclan fe (no lo niego), piedad popular, figureo extremo, fiesta pagana, limonada leonesa, gastronomía ad hoc, reuniones familiares, etc. Un compendio digno de estudio que no me encuentro capacitado de llevar a cabo.

Mi reflexión va, entonces, por otros derroteros. En el Evangelio de San Juan (11:49-50), encontramos una intervención de Caifás que ha merecido las más variadas interpretaciones y que transcribimos literalmente: “En esto, uno de ellos llamado Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no entendéis nada en esto; ni reflexionáis que os conviene el que muera un solo hombre por el bien del pueblo y no perezca toda la nación”.

Entiendo que, para algunos, este razonamiento, aplicado a nuestra situación como pueblo, puede sonar muy raro y que representa un auténtico salto en el vacío, un pensamiento más propio de molleras demasiado recalentadas por tantas horas de especulaciones, dando vueltas alrededor de lo mismo. No importa; lo que verdaderamente interesa es saber extraer, dado que la historia se repite, si es cierto o no que esa intervención de Caifás no está en la línea de lo que propuso otro “Sumo Pontífice” de la época pre democrática que ha supuesto el sacrificio de León, en aras de un bien superior: “la salvación de la nación, amenazada por los nacionalismos periféricos.”

Como entonces, la venta se consumó, pero desconocemos por cuántas monedas; mucho nos tememos que superaría con creces la suma que recibió el traidor.

De cualquier modo, el cordero (perdón, el león) fue sacrificado y, sin embargo, no hemos visto que esos nacionalismos a los que se pretendía conjurar por medio de su inmolación, hayan perdido en nada su poder o que León haya sido compensado, en lo más mínimo, por su sacrificio, en aras de un bien superior. ¿Para quién? No busquen demasiado lejos.

Caifás Villa retuvo su asiento en el consejo de ministros, se convirtió en un perro de presa celoso de su misión de carcelero, arruinó a la tierra que le vio nacer… y ahora rumia su traición por los platós de radios y televisiones; incluso sigue, por momentos, empecinado en que lo hizo bien. Un prohombre de su categoría no se equivoca nunca; es evidente. Ha llegado incluso a afirmar que, si tuviera la ocasión de repetirlo, tomaría el mismo camino,

 En otros, sin embargo, en un esbozo de semiarrepentimiento, trata de justificarse a sí mismo (a los demás, ni eso) y nos quiere convencer (¿ahora?) de que fue víctima de un engaño… porque no era eso en lo que habían quedado, porque el diseño de la autonosuya era muy diferente… Y, además, tampoco estamos tan mal. Ocupamos los primeros puestos en algunas estadísticas, si comenzamos a leer por la cola… Ya es algo.

El cargo no dura siempre, por muy endiosado que uno se crea. Y el “café para todos” (mejor dicho, para algunos, puesto que aquí ha tocado achicoria) nos ha llevado a una situación que no hace falta describir; es de sobra conocida. 

Un último consejo para cualesquiera de los Judas que han traicionado a esta tierra leonesa: hay muchos árboles dispuestos a ayudarles a expiar la culpa… pero, por lo que constatamos, no debe ser fácil encontrar uno a su gusto…

Hermenegildo López, portavoz de Unidad Leonesa