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La Cuenca del Duero necesitaría cerca de 6.000 millones frente a sequías e inundaciones

Inundaciones por las fuertes tormentas en Valladolid. Foto: Leticia Pérez

Un informe de Typsa y Seopan sentencia que "es una de las zonas más vulnerables de España frente a la escasez hídrica estructural y al riesgo creciente de inundaciones"

España requiere una inversión de 103.824 millones de euros en el periodo 2026–2035 para hacer frente a las sequías y aminorar los efectos de las inundaciones, de los cuales, 5.834 millones corresponden a la Cuenca del Duero. Así aparece recogido en el informe Estrategia e inversión para la eficiencia y resiliencia hídrica en España, elaborado por la consultora Typsa y la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de infraestructuras (Seopan), donde se precisa que 5.134 millones de euros se necesitan en el Duero para atender demandas y 700 millones para afrontar inundaciones.

“La Cuenca del Duero, que atraviesa las provincias de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora, Salamanca, Segovia, Palencia, Ávila y León, es una de las zonas más vulnerables de España frente a la escasez hídrica estructural y al riesgo creciente de inundaciones”, sentencia el documento, donde se afirma que a estas inversiones en esta zona habría que sumar otras no regionalizables (20.554 millones para toda España).

Inversión para hacer frente a sequías e inundaciones.

Necesidades "evidentes"

Typsa y Seopan sostienen que las necesidades de inversión en la Cuenca del Duero son “evidentes”, porque la Comunidad afronta “importantes retos de modernización y adaptación de sus infraestructuras hidráulicas, la adecuación a las nuevas exigencias normativas en materia de saneamiento y depuración y la mejora de la resiliencia frente a episodios extremos”. 

En concreto, para “reducir estos riesgos y proteger a la población” frente a episodios extremos, el informe identifica diversas actuaciones en materia de demandas de agua y para cumplir objetivos ambientales, entre las que destacan las infraestructuras para el ciclo urbano del agua, que incluyen la adaptación de las redes de saneamiento y depuración a la nueva legislación europea de aguas residuales, la implantación de sistemas de monitorización avanzada y la ejecución de actuaciones específicas para reforzar la capacidad hidráulica y operativa de las infraestructuras existentes, con una inversión necesaria de 2.888 millones de euros.

Adaptación al cambio climático

Asimismo, cifra en 1.265 millones de euros, los fondos necesarios para la adaptación al cambio climático, para el incremento de recursos y gestión de la demanda, con especial foco en la modernización y mejora de la eficiencia de los regadíos.

Junto a estas actuaciones, también indica que es preciso gastar 489 millones en infraestructuras en el marco de un Acuerdo Nacional del Agua, incluyendo actuaciones en presas, sistemas de abastecimiento y proyectos de recarga artificial de acuíferos. Además, considera necesario invertir 327 millones para infraestructuras verdes, centradas en la mejora de las condiciones hidromorfológicas de los cauces, así como en programas de conservación, mantenimiento y restauración fluvial, incluyendo actuaciones en la provincia de Palencia.

En materia de demanda, también cifra en 165 millones de euros, la cuantía necesaria para el conocimiento y monitorización del ciclo integral del agua, con el objetivo de “reforzar la planificación, el seguimiento y la gestión eficiente de los recursos hídricos”.

Reducción de efectos de las inundaciones

En cuanto a las medidas para adaptación al cambio climático y reducción de los efectos de las inundaciones, el informe cifra en 520 millones de euros, el desembolso necesario para Sistemas de Drenaje Urbano Sostenible (SUDS) y gestión del riesgo por inundación pluvial en áreas urbanas, orientados a la implantación de soluciones de drenaje sostenible, control de escorrentías y reducción del impacto de lluvias intensas en entornos urbanos.

Otra importante partida de 180 millones de euros se tendría que dirigir a infraestructuras verdes, mejora de las condiciones hidromorfólicas de cauces de la cuenca, y conservación, mantenimiento y mejora de cauces de la provincia de Palencia.

“La escasez de agua en España ya no es un fenómeno excepcional, sino estructural, y afecta de manera especialmente intensa a cuencas como la del Duero, donde la demanda del recurso es muy elevada. Es necesario un mayor esfuerzo presupuestario con un marco financiero adecuado para garantizar el cumplimiento de la Planificación hidrológica y la seguridad hídrica”, señala el presidente de Seopan, Julián Núñez.

Los datos del informe

El estudio indica que la Cuenca del Duero es una de las demarcaciones con mayor disponibilidad de recursos hídricos naturales, acorde a su extensión y régimen pluviométrico. Sin embargo, advierte de que existe una “creciente presión” sobre estos recursos debido a la variabilidad climática y la previsión de menor disponibilidad futura, lo que hace necesario “mejorar la eficiencia en los usos, reforzar la gestión y modernizar las infraestructuras para garantizar la atención a las demandas”.

Según datos recogidos en el informe, en España 2,73 millones de personas viven en zonas inundables de mayor riesgo, de las cuales 270.237 se localizan en la cuenca del Duero. Asimismo, remarca que la Cuenca del Duero cuenta con “numerosas” Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSI) identificadas en el marco de la Directiva Europea de Inundaciones y del Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables, que afectan tanto a cauces fluviales como a ámbitos urbanos.

El estudio concluye que la planificación hidrológica ha recuperado el retraso que acumulaba, pero “la falta de disponibilidad presupuestaria y ausencia de un marco financiero” han dado lugar a niveles de ejecución de las medidas previstas del 30 por ciento. A ello se suma, denuncia, “la lentitud y falta de eficacia de los procesos de contratación pública: desde que se decide ejecutar una infraestructura hasta que entra en servicio, suele transcurrir más de una legislatura, lo que reduce la capacidad de respuesta del sistema frente a sequías prolongadas o inundaciones abruptas”.