Antruido: la mística carnavalera de la montaña leonesa
En la Comarca leonesa de Riaño se celebró hasta la segunda década del siglo XX, un carnaval tradicional recuperado en el año 2009: el Antruido. Será el próximo 14 de febrero cuando las calles de la montaña leonesa vuelvan a poblarse de personajes fantásticos con una larga y apasionante historia detrás. Además, el día 17 de febrero el Antruido de Riaño desfilará en la ciudad de León, a las 19 h ,junto a otras mascaradas de la provincia de León.
La historia de este tradicional carnaval leonés es alargada, tal y como explica el presidente de la Asociación Cultural Montaña de Vadinia - Riaño, Antonio González Matorra, y su vinculación con el territorio, absoluta. La vida y el trabajo del hombre agricultor y ganadero está marcado, año tras año, por el ritmo de las estaciones, por el Sol y por la Luna. Especial significación tenía la estación invernal, cuando el tiempo se detiene y la oscuridad cubría la tierra, quedando la naturaleza aparentemente muerta. Los días se acortaban y la luz menguaba, pero con la llegada del solsticio de invierno (22 de diciembre), los días volvían a crecer.
Los ritos
El hombre desde muy antiguo ha descubierto en la naturaleza componentes de carácter espiritual cuyos rituales le ponían en comunicación con la divinidad. Esto le permitió entender su manera el universo y el lugar que ocupaba en el mismo. Y para explicar los fenómenos meteorológicos y sus repercusiones sobre los humanos, destacando la repetición cíclica anual, estableció las fiestas. En ese momento un poder atávico llevaba a los hombres a recrear ritos que propiciasen las energías vitales de la tierra y la fertilidad de los hombres. Ayudar a que el ciclo vital no cesara y tras las tinieblas naciera la luz y la vida de nuevo, y así de manera cíclica año tras año, explica González Matorra.
Ritos que propicien la renovación de las reservas alimenticias y la regeneración de la vida, la expulsión de los males de la comunidad (de los malos espíritus, demonios, enfermedades…) a través de ruidos, golpes, fuegos. "Había que acabar con lo tenebroso para regenerar la vida".
La tradición era común a todos los pueblos de la Montaña de Riaño, estando documentada en Burón, Crémenes, Boca de Huérgano, Siero de la Reina, Valle de Valdeón etc…
Hay que destacar también, que al final de la Mojiganga (desfile de zamarrones celebrado en Riaño, el día 26 de febrero, al oscurecer) se repartirá entre todos los presentes chocolate con “ frixuelos ”, una delicia gastronómica de esta Montaña de León, mientras se prende la Choza, una gran fogata, que nunca se ha dejado de hacer en Riaño, Liegos y otras localidades de la Comarca.
Recuperando la historia del Antruido
Este año 2019 se recuperó la figura del zamarrancas (hombre árbol) y la máscara del zamarrón de Crémenes, localidad cercana a Riaño.
El zamarrancas, según recuerda de Evelio González, era un personaje que el martes de carnaval, por los años 20 del siglo pasado recorría los chigres(cantinas) con un espino fustigando a la gente, y el que no le convidaba a un vaso de vino, sufría las iras de su palo lleno de pinchos. Se cubría con motivos vegetales (ramas, cortezas de árbol, palos…).
En Crémenes, a unos 10 km. de Riaño recuerda Miguel Ángel Barrientos, que en la década de los sesenta del siglo pasado, el martes de carnaval los rapaces del pueblo prendían una gran hoguera con piornos, en la loma denominada La Corona de Crémenes y después, corrían el Antruido por el pueblo vestidos de zamarrones. Nos documenta una caperuza con forma de cono, de piel de oveja cubriendo la cabeza y tapando la cara, donde se hacían dos agujeros para los ojos. Caía hasta media espalda por detrás y hasta el pecho por delante. Este zamarrón también llevaba cencerros.
Este año 2026, un vez más, se promocionará el aspecto gastronómico, con la degustación en varios restaurantes de Riaño y Boca de Huérgano, previa reserva, del ancestral “Cocido de Arvejos o Arvejada”. Plato típico por excelencia de esta montaña leonesa y que se ha recuperado del olvido.
Los personajes del Antruido
LOS ZAMARRONES
Zamarrón, derivación de la palabra “zamarra”: vestido de pastor confeccionado con piel de oveja, compuesto por el gorro, la zamarra, el pantalón o los zahones, polainas y coricias, las madreñas, calzadas con escarpines en los píes, de pardo o sayal. Constancio los recuerda así: “Los Zamarrones, eran mozos cubiertos de pieles de lana de oveja negra sobre chaquetas de lana basta. Cara tiznada de negro, un gorro ajustado de lana o paño negro. Bajo las pieles llevaban unos pantalones oscuros bombachos. Botas enterizas de cuero negro llamadas escarpines que subían a media canilla y calcetines largos. Unos cinchos cruzados al pecho, sujetaban el cinturón de cuero ancho del que colgaban varios cencerros que movían rítmicamente haciendo gran escándalo. Algunos llevaban una cola de zorro, de yegua o caballo que ataban en la parte trasera del cinturón a modo de rabo".
Para cubrir la cara y la cabeza se fabricaban caretas o caperuzas con agujeros para los ojos, muchas veces un simple saco con dos agujeros para poder ver, con apariencia de lobos, zorros, osos y otros animales, o de cualquier cosa que pudiera asustar (monstruos). En ocasiones también se ponían cuernos sujetados con una estructura de madera y piel de carnero a modo de representación del ganado. Cuando no tenían cuernos de vaca los sustituían por varas de madera que los rapaces tallaban. También melenas de uncir las vacas, colocadas sobre la cabeza.
Algunos mozos hinchaban vejigas de gocho (denominadas zambombas) para golpear a la gente.
Los mozos del pueblo también se tiznaban la cara con ceniza, se colocaban unos Cencerrones, - tres o cuatro-, sujetos a su cintura con un cinto, haciéndolos sonar mientras saltaban y cuya única función era asustar a los rapaces, y otros se disfrazaban, de modo que no se le reconociera, de viejos, viejas, con sacos o envueltos en paja atada al cuerpo, o con ramas de árbol, con pieles de animal, trapos viejos. Incluso los más hábiles además de disfrazarse utilizaban largos zancos para asustar a los rapaces. Con una rama de espino, azuzaba a las personas que se encontraba por la calle. Cuando entraban en las casas, solían pedirles que o cantasen o que bailasen para hacer sonar sus campanas.
EL BUEY Y TORERO
“El buey era un Armazón llevado por un mozo robusto que soportaba sobre los hombros. Unos cuernos (de buey o vaca) atados en la parte delantera y forma de asiento en la trasera donde iba sentada la Vieja. Unas mantas oscuras cubrían el resto del armazón simulando la piel del buey”. En la Montaña de Riaño, además del buey hay un torero, que viste con camisa blanca y faja de color, y un pañuelo al cuello; botas y además de la cara pintada portan un gorro que acababa en punta y una espada de madera teniendo la misión de buscar presas para la embestida del toro; procurando igualmente carreras a los espectadores descuidados.
Y en la Comarca de Riaño, se recuerdan también las peleas entre los toros de los Concejos, de carne y hueso, que peleaban la tarde del domingo gordo, ante una multitud entusiasta.
LA VIEJA
La Vieja es otro de los personajes. Hombre travestido vestido de negro con un jubón (vestidura de lana cruzada que cubría el torso) bajo manteles oscuros y faldas grandes de tela gruesa del mismo color (manteos). En la cabeza llevaba un pañuelo negro atado sobre la frente que le dejaba entrever ligeramente la cara descubierta.
Iba cardando lana con un huso y un recipiente con aceite. La gente la provocaba y algunos mozos le tiraban el aceite. Cuando salía aparecía montada sobre el TORO
Desde el año 2012 el toro lleva también sobre él la figura de la vieja, tal y como lo recuerdan vecinos de Pedrosa del Rey.
EL OSO
El oso era escogido entre los hombres más grandes del pueblo (el último fue un hombre llamado Cecilio, de Pedrosa del rey, famoso por su corpulencia). Iba vestido de arriba abajo con pieles, zamarra y polainas que imitaban la figura de un oso. No era acompañado por nadie, iba danzando y dando vueltas.
DAMAS DE ANTRUIDO
Tras ellos iban una o varias Damas de Antruido, bien vestidas (pudiendo ser hombres travestidos), montados en burros disfrazados (uno de ellos con un butrón o red de pesca del río sobre la cabeza). Llevaban sayas de color rojo o verde, y el rostro tapado con una red de pescar, para no ser reconocidos/as.
EL CIEGO
Personaje legendario que recorría las calles dando palos de ciego con su borracha, a todo el que encontrara.
LA PREÑADA
hombre vestido de mujer, que simula un parto, pariendo un animal... un gato, un zorro...
EL HERRERO
Hombre con la indumentaria de un herrero tradicional, con la cara tiznada de negro, que con un gran mazo golpea a los viandantes en los pies y entraba en las casas, hasta que le daban una “perrina” o “perrona” de propina y los dejaba en paz.
EL CABALLO
El Caballo está hecho con papeles, trapos y crines colgando. Desde tiempos prerromanos existió el culto al caballo como animal sagrado. Los caballos llevaban el alma de los difuntos al más allá. El caballo también lo recuerdan Florinda y Evaristo en Boca de Huérgano (León).
EL SOGUERO
Otro era el Soguero que corría tras las mujeres y si eran mozas mejor para trenzarles las sayas y pañuelos en la soga que venia tejiendo, había que soltar la propina sino te quitaba las prendas y marchaba tejiéndolas por la calle.
El ZAMARRANCAS
Personaje inspirado en la naturaleza, cubierto de motivos vegetales que recorría las cantinas de Riaño en la década de los años treinta del siglo XX, azuzando con una rama de espino a quién no le invitase a un vaso de vino.