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Teatro

'Camino a la Meca' desde el Auditorio

‘Camino a la Meca’ tiene la curiosidad de que Lola Herrera y Natalia Dicenta son, en la vida real, madre e hija, y es todo un espectáculo verlas juntas en un escenario.
A punto de cumplir un año de su estreno en Madrid y después de una larga gira, los espectadores leoneses pudieron disfrutar este jueves en el Auditorio de León de la primera de las dos funciones (segundo pase hoy viernes a las 20:30) de ‘Camino a la Meca’ 

A punto de cumplir un año de su estreno en Madrid y después de una larga gira, los espectadores leoneses pudieron disfrutar este jueves en el Auditorio de León de la primera de las dos funciones (segundo pase hoy viernes a las 20:30) de ‘Camino a la Meca’ . Claudio Tolcachir (también al frente de ‘Mejor no decirlo’) es el director y autor de la versión de la obra de teatro escrita por el dramaturgo sudafricano Athol Fugard que recoge en ella la historia de la escultora Helen Martins.

Lola Herrera (Helen), Natalia Dicenta (Elsa) y Carlos Olalla (Marius) constituyen el elenco de lujo en una representación que transcurre íntegramente en el interior de una casa, con puntuales referencias a un jardín trasero que existe más allá de una ventana en el que la viuda Helen tiene sus esculturas (vandalizadas en alguna ocasión por los niños del pueblo). La colorista escenografía (Alessio Meloni) nos sitúa precisamente en la vivienda de Helen, situada en una población del desierto de Karoo, decorada con vidrios, pequeñas esculturas, farolillos y velas, que son metáfora de la luz y de la fascinación de Helen, mujer blanca en una sociedad calvinista, siente por Oriente.

Elsa

Hasta allí llega a visitarla, tras un largo y agotador viaje, su amiga Elsa, profesora de inglés en un colegio de Ciudad del Cabo. Elsa, que llega sin avisar tras una carta inquietante que ha recibido de Helen, encarna los valores críticos de una sociedad (hay que imaginarse en la Sudáfrica de los años 70) que se enfrenta a la segregación racial y, al tiempo, pelea sus derechos como persona y mujer.

Llega, en fin, para encontrarse con una amiga anciana que sabe cómo quiere vivir pero que es presionada por la comunidad para hacerlo de otra forma. Marius, pastor de la iglesia calvinista, encarna precisamente los valores de esa sociedad cerrada y anodina que Helen ha abandonado y trata, con severos postulados ideológicos, de que regrese a ella. Considera que lo mejor para Helen es abandonar su soledad y su casa, poblada de esas extrañas esculturas que nadie comprende, y vivir en un geriátrico de denominado, con toda intención, “Rayo de luz”.

Lola Herrera y Natalia Dicenta

La confrontación dialéctica de Helen y Marius en el claro segundo acto de la representación plasma dos pensamientos opuestos en los que aparecen la viudez como punto de partida para una vida de liberación, el vacío que sufren las palabras ante la falta de fe, la presión latente de la sociedad para que sus miembros no la abandonen o la vejez como etapa en la que no tienen que ser obligadas las renuncias.

El público aplaudió a rabiar una representación elegante, en la que son impresionantes los gestos, los movimientos y la perfecta dicción de sus tres actores. ‘Camino a la Meca’ tiene, como el lector sabrá, la curiosidad de que Lola Herrera y Natalia Dicenta son, en la vida real, madre e hija, y es todo un espectáculo verlas juntas en un escenario. Lola Herrera, sin duda ninguna la gran dama del teatro español, es el ejemplo de la fascinación por un oficio, que es vocación, que conserva intacta a sus noventa años.