Addoor Sticky
ENTREVISTA | CRISTINA FANJUL

“Escribir ficción es como hacer un exorcismo que te permite explicarte a ti mismo”

La periodista leonesa Cristina Fanjul publica su primera novela, "La isla de Garibaldi". Foto: Peio García.

La periodista leonesa debuta en la novela con ‘La isla de Garibaldi’, una historia homérica que encierra dentro otras subtramas, donde rinde homenaje al Bierzo y bucea en la raíz de la actual división del país 

Apenas un año después de que viera la luz su exhaustivo ensayo de investigación ‘Don Vito. Una historia de mafia, política y carbón’, coescrito junto a Víctor del Reguero, la periodista de ‘Diario de León’ Cristina Fanjul (León, 1970) debuta en la ficción con ‘La isla de Garibaldi’ (Eolas Ediciones, 21 euros). La novela recorre un siglo de la historia española más reciente en su afán por desentrañar la polarización que hoy sufrimos, y lo hace de la mano de personajes muy humanos, a los que dota de tintes homéricos en un relato que, a su vez, encierra otros muchos, con los que rinde homenaje al Bierzo y a los hombres y sobre todo mujeres “invisibles” que dejaron de lado sus anhelos personales para construir el país y dar forma a los sueños de los más pudientes.

¿Cómo surgió la historia y por qué ha querido que fuera esta su primera novela?

Yo quería hacer una novela sobre el Expediente Picasso y la Guerra de Marruecos. Mi abuelo materno estuvo en esa guerra y, aunque no le llegué a conocer, mi abuela vivió en Marruecos con él y me había hablado mucho de todo aquello. Siempre había tenido la idea de escribir sobre ello porque me parece un momento fundamental; esa guerra y la anterior de Cuba son, de alguna manera, la génesis de cuanto pasó durante el siglo XX en España. Empecé con esa brújula en mente y poco a poco unas cosas me fueron llevando a otras…

¿Qué va a encontrar en sus páginas quien se acerque a ‘La isla de Garibaldi’?

Es una historia que encierra varias historias dentro. Por un lado, aunque suene pretencioso, lo quise montar como una especie de ‘Odisea’, como el viaje de Ulises desde la guerra hasta que regresa a casa. Toda la historia se construye alrededor de esa red, para narrar cómo Marcelo se convierte en Ulises; cómo su mujer, Aurora, intenta (como hizo Calypso) darle la inmortalidad; y cómo al final Penélope es su hija Sara, que es la que al final consigue desentrañar toda la historia. Todo ello además de subtramas como el Expediente Picasso, la Guerra de Marruecos, la Sanjuanada, el final de la monarquía y cómo el protagonista va fluctuando desde posiciones monárquicas a otras más republicanas debido a los acontecimientos, y cómo al final es Sara la que hace una reflexión acerca de cómo todo eso ha influido en el presente de España.

La novela mezcla varias voces narrativas y es la de Sara, precisamente, la que parece convertirse en su alter ego como autora.

Sí, ella es en cierto modo la que reflexiona sobre cómo la conciencia de toda su familia forma parte de la conciencia de la sociedad española, porque al final todos tenemos abuelos que lucharon en un bando o en el otro. A través de ella, intento reflejar cómo el maniqueísmo en torno a la guerra civil lo único que hace es meternos otra vez en el bucle y no dejarnos salir. De alguna manera es esa tercera España, que luchó en distintos bandos, pero intentando conservar la humanidad y la legalidad del país, la que tiene superar esta mediocridad, esta hemiplejia mental que nos lleva a seguir metidos en las trincheras.

Esa realidad de las dos Españas parece tristemente más vigente que nunca, cuando desde ambos bandos se azuza el enfrentamiento y la radicalización. ¿Cree que será posible dejar eso atrás en algún momento?

Yo creo que tuvimos una posibilidad que se desbarató con la Ley de Memoria Histórica. Estoy a favor de sacar a los muertos de las cunetas, por supuesto; mi abuelo, por ejemplo, estuvo represaliado buena parte de su vida: le echaron de la universidad, Arias Navarro que tenía familia en León le estuvo persiguiendo… A los muertos hay que sacarlos de las cunetas, a los represaliados hay que reconocerlos, pero a todos. Ahora lo que tenemos en España es una especie de guerra híbrida basada en la confusión y la desinformación sin ningún sentido. Creo que hay que reconocer a todos los héroes que tuvo la guerra, que los tuvo, y a los victimarios, olvidarlos, no intentar seguir sacando sangre de la tierra.

La periodista leonesa Cristina Fanjul publica su primera novela, "La isla de Garibaldi". Foto: Peio García.

Hablábamos antes de Sara, pero ¿cómo llegó al resto de sus personajes: Doro, Aurora, Matías, Marcelo…? 

Para crear a Aurora me basé mucho en mi abuela materna, porque era una mujer de contrastes, que no comulgaba con nada. Su ideología era falangista, pero ella no cumplía ninguna de las expectativas; al revés, era una mujer independiente, que decía lo que le daba la gana y se enfrentaba al sistema constantemente. Doro podríamos decir que es el único personaje de la historia que es real. Ella era de Valladolid y se llamaba Agustina. El libro está dedicado también a ella. Empezó a trabajar para cuidar a mi abuela, luego cuidó a mi madre y después a mis hermanos y a mí. Fue una mujer que no tuvo vida, como tantos personajes en España a los que llamo los invisibles; construyeron el país con su sacrificio y quitándose de encima anhelos y la posibilidad de tener una vida propia para parir la vida de los que tenían una vida más mullida. Para mí fue mi segunda madre, es un personaje esencial en mi vida y estoy segura que también en la vida de mucha gente en España, porque fueron niñas sin infancia, que apenas habían dejado casi la teta y ya estaban ayudando a sus madres y luego trabajando para gente desconocida, entrando a formar parte de la familia, pero como criadas, que es una cosa horrible. Para mí esa es la gran sombra de España, porque al final la pobreza y la miseria lleva a tener casi medios esclavos en tu casa. Yo quería rendir homenaje a todas las Agustinas que hubo en España a través de este libro.

¿Qué posibilidades le abría plantear ese juego de espejos entre las vidas de Matías y Marcelo? 

Son dos personajes muy heroicos, uno desde las sombras y el otro desde la superficie. Son como la cara y la cruz, en realidad la misma persona. La demostración de que una guerra civil es la más criminal de todas y de que, cómo siempre, los que menos tienen son los que más sufren. A través de la historia también intento contar cómo Marcelo se convierte también en la víctima, y que las personas buenas hacen cosas malas. Las víctimas al final son todas.

Lleva muchos años ligada a la realidad a través del periodismo, y su única incursión literaria anterior (‘Don Vito. Una historia de mafia, política y carbón’, sobre el entramado de Victorino Alonso) no se despegaba de ella. ¿Qué le ha aportado la ficción?

Ha sido un poco como mi patio de recreo, porque la actualidad del periodismo está pegada a la realidad, que es muy monótona porque los personajes siempre son los mismos. Se llamen de una manera o de otra, al final son las mismas tramas de siempre, la misma manera de actuar, la misma denuncia que al final no vale para nada, porque estamos en un círculo vicioso de la política o de la gran economía del que parece que no hay manera de escapar. Con la ficción, sin embargo, te alejas un poquito de la realidad y eres capaz de articular un discurso o una reflexión propia sobre las cosas que no te da la actualidad, donde parece que eres como Sísifo, siempre haciendo la misma noticia. La ficción te permite alejarte un poco de eso e intentar explicarte a ti mismo; escribir ficción es como hacer una especie de exorcismo.

Un gran protagonista de la novela es también el Bierzo, con su evolución de tierra prometida a tierra olvidada. 

Sí, yo trabajé en el Bierzo y es una zona espectacular. Es un sitio mágico, porque es una comarca pero también es una provincia, y dentro del Bierzo incluso un país, porque tiene tantas zonas distintas... El Bierzo tuvo la mala suerte de que explotara la minería del carbón y del wólfram, y eso les hizo crecer y desarrollarse muy rápido, olvidar en parte las raíces económicas y culturales del Bierzo (con Sierra Pambley, por ejemplo, en Villablino) y generar un tipo de economía más deshumanizada, que crecía demasiado rápido pero que no compartía la riqueza con la gente que la producía. Desde mi punto de vista esa es la causa del actual abandono de la comarca. De alguna manera, el Bierzo tiene que resurgir porque tiene un capital natural, cultural e histórico maravilloso y, apoyado en eso, tendría que poder salir adelante sin necesidad de las actuales macroestructuras de nueva economía y de economía verde que nos están implantando. Yo quería rendir un homenaje al Bierzo en la novela.