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MÚSICA

León es Acción: cómo alterar la ciudad desde dentro

Un momento entre bambalinas con Glandula en la edición del año pasado de León es Acción: Foto: Virado Studio
La sexta edición del encuentro underground reúne del 28 al 30 de mayo a bandas que no imitan, sino que inventan: psicodelia nómada, punk que muerde, surf tropicalista, rock emocional y un público que busca otra forma de estar en el mundo. 

Del 28 al 30 de mayo, León vuelve a convertirse en un territorio sonoro donde las guitarras no acompañan: empujan. Donde las bandas no entretienen: transforman. Donde el público no asiste: participa. Un festival que ha convertido la autenticidad en su única norma. 

Para entender lo que es León es Acción hay que aceptar que no es un festival al uso. No compite por cifras, no persigue tendencias, no se disfraza de algo que no es. Nació para amantes del garage, del punk, de la psicodelia y de la estética mod, pero ha crecido hacia un lugar más amplio: un espacio donde la música no se consume, sino que se habita. 

Durante tres días, León se llena de scooters clásicas, vinilos, mercadillos retro y un público que sabe que aquí la música no es un producto: es un lenguaje. Un festival que se ha ganado su sitio sin renunciar a su identidad. 

Jueves 28 · Sala Babylon 

La banda leonesa Hummo inaugura la sexta edición con un sonido que parece avanzar como una marea oscura. Beben del stoner, del post-rock y de la densidad emocional de grupos como Russian Circles, Caspian o los primeros Pelican, pero no suenan a ninguno de ellos: suenan a un lugar intermedio entre la tierra y el ruido, entre la calma y la tormenta. Sus guitarras no rasgan: empujan. Sus atmósferas no envuelven: desplazan. Sus crescendos no estallan: se abren paso. 

Viernes 29 · Plaza Puerta Castillo (acceso gratuito) 

Plastic Family, psicodelia neerlandesa que se expande como una mancha de color, serán los encargados de ponerle decibelios al viernes. El festival se abre a toda la ciudad con un concierto gratuito en Puerta Castillo. La banda con sede en los Países Bajos, trae una psicodelia que no mira al pasado con nostalgia, sino con irreverencia. Hay algo de Thee Oh Sees, algo de King Gizzard, algo de los 13th Floor Elevators, pero sobre todo hay un pulso propio: un latido que se acelera, se frena, se retuerce y vuelve a empezar. 

Sus canciones funcionan como manchas de color que se expanden sobre un lienzo en blanco. No buscan la perfección: buscan el estado de trance. 

Un gesto que mantiene vivo el espíritu del festival: la música también se comparte sin barreras. 

Sábado 30 · Espacio Vías 

El sábado, Espacio Vías deja de ser una sala y se convierte en un territorio. Cada banda levanta su propio clima, su propia gravedad, su propia manera de doblar la realidad. 

Mohama Saz 

Suena a desierto aunque no haya arena, reminiscencias oníricas que se abren paso como si fuesen océanos sonoros cargados de psicodelia. Mohama Saz construyen un trance mediterráneo donde conviven el krautrock de Can, la psicodelia nómada de Embryo, los fraseos hipnóticos de la música gnawa y un eco lejano de Tinariwen que parece llegar desde un horizonte que no existe. 

Sus canciones avanzan como caravanas: lentas, ceremoniales, cargadas de capas que se despliegan sin prisa. No buscan el clímax: buscan el estado mental. Son una banda que no se escucha: se atraviesa. 

Fast Kids (USA) 

Si el punk fuese un meteorito, Fast Kids serían el impacto. Vienen de la tradición más cruda de la Costa Oeste: Descendents, Circle Jerks, Dead Kennedys, pero con la urgencia de quien toca como si cada canción fuese la última. Directos a la yugular y con malas intenciones. No vienen a dialogar: vienen a sacudir. 

Esperanto 

Hay bandas que construyen canciones. Esperanto construyen atmósferas. Su sonido vive en un territorio intermedio entre la melancolía contenida de The National, la geometría tensa de Interpol y la sensibilidad melódica del indie español más introspectivo. Donde más brillan es en el directo, donde todo se expande: las capas se abren, los silencios pesan más, las líneas melódicas se vuelven casi táctiles. Son una banda que no necesita gritar para hacerse notar. 

Vinícius e seu conjunto selvagem 

Un grupo que parece salido de una película que nunca se rodó. Brasil y Portugal en un mismo escenario, pero sin postal, sin cliché, sin palmera obligatoria. 

Su sonido mezcla el surf reverberado de The Ventures, la psicodelia juguetona de los primeros Os Mutantes, ritmos calientes heredados de la samba y un espíritu festivo que no pide permiso para existir. 

Son una anomalía deliciosa: un grupo que convierte cualquier sala en un baile involuntario. La sorpresa del cartel. 

Jesucritler 

Punk leonés sin filtros, sin suavizantes, sin diplomacia. Sus influencias van de Siniestro Total a Parálisis Permanente, pasando por el humor corrosivo del underground español de los ochenta. 

Sus letras son como grafitis: directas, incómodas, a veces absurdas, siempre certeras. Su directo es un torbellino que mezcla ironía, ruido y una energía que no se puede impostar. 

No buscan agradar: buscan descolocar. 

Un ecosistema cultural que va más allá de los conciertos 

El festival se completa con actividades que ya son marca de la casa: 

  • Mercadillo retro en Espacio Vías: vinilos, ropa, arte gráfico y objetos de cultura urbana. 
  • DJs en vinilo: sesiones que acompañan la jornada del sábado con selecciones que van del soul al garage. 
  • III Lex Run: concentración de scooters clásicas, punto de encuentro para aficionados de toda España. 

“León es Acción funciona como un pequeño ecosistema donde cada pieza -música, estética, comunidad- encaja sin esfuerzo.” 

Entradas y accesos 

Las entradas anticipadas están disponibles desde 10 euros en Elektra Comics, Discos Lizard, El Gran Café y Mongogo León. El concierto del 29 de mayo es gratuito. 

Un festival que ya es identidad 

León es Acción no es un festival al uso. No funciona con la lógica del algoritmo ni con la ansiedad del streaming. Se parece más a esos discos que llegan cuando tienen que llegar, no cuando toca publicarlos. 

En Espacio Vías, entre vinilos, scooters y guitarras que no piden permiso, uno tiene la sensación de estar fuera de todo eso que convierte la cultura en un producto más. Aquí fuera se está bien. 

Un fin de semana en el que las canciones esquivan el silencio, los cuerpos se mueven sin prisa y los outsiders encuentran, por fin, un sitio donde no sentirse fuera. 

Cartel con horarios del Festival León es Acción.