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Libros

'Memoria': una reivindicación cercana y concreta

Portada de Memoria de Alfredo Álvarez Álvarez.
Esta podría ser, de hecho lo es, una historia más de las muchas que hemos podido leer sobre la trágica situación de maestros comprometidos con los postulados educativos de la Segunda República. Pero esta historia recupera algo importante: el recuerdo concreto e imborrable conservado en Sariegos (León) de Ricardo Rodríguez, un joven maestro de la localidad cuya peripecia personal sale ahora a la luz de la mano del profesor y escritor Alfredo Álvarez Álvarez

Un recuerdo, imagino, conservado durante años en voz queda al que Alfredo Álvarez ha dado forma literaria probablemente tras una larga tarea de documentación sobre el personaje cuya trayectoria recupera desde sus primeros años, cuando se manifiesta su temprana vocación hacia el magisterio, hasta los últimos. Se trata de una narración que quiere ser fidedigna a los acontecimientos pero que no descarta, en absoluto, una aproximación subjetiva en su contexto. Así es como surge en primer plano la persona de Ricardo, al que la Guerra Civil encuentra en La Vecilla tras su primer destino como maestro en Cabañas, el pueblo cuyo recuerdo conservará siempre porque tardará mucho en haber otro y porque allí los pobres sabían que comer es la primera necesidad de las gentes. 

Una vida contada a saltos

Alfredo Álvarez Álvarez.

La narración no es lineal. Alfredo Álvarez ha escogido escribir en capítulos de no larga extensión que saltan del presente al pasado. Incluso al futuro, cuando Ricardo se encuentre con quienes fueron alguna vez sus alumnos o con quienes vivieron una vida que por alguna razón le debió mucho a Ricardo. O a la inversa. El lector intuye pronto que la historia de Ricardo se torcerá, como se torcieron las de otros hombres y mujeres que conocemos por otras vías, y que el papel de la familia, fundamentalmente el de Esperanza, la madre, o el de Laura, la hermana, serán claves en una supervivencia extremadamente dura: el protagonista, escondido durante dos largos años en Sariegos sufrirá la soledad y también la enfermedad, que le dejará secuelas dramáticas. Después no vendrá la felicidad que espera cualquier joven maestro vocacional como él sino que comenzará el tiempo de la prisión, la inhabilitación y el aprendizaje de la resistencia y la adaptabilidad enfrentando todos los golpes, trabas y escollos que anónimos personajes van colocando en su camino en una persecución constante y desmoralizadora. 

Sin embargo, no olvida el autor recoger cómo surgen y se consolidan los afectos: los amorosos o los de la amistad, que conservará toda la vida. Cómo toda la vida por vivir sigue adelante con Aurelia, cómo van llegando las hijas o cómo termina por aparecer ese inspector de educación, Melchor Cimadevilla, que le conseguirá una vacante con la que recuperar la dignidad y salir de la miseria, lo que no resulta menos importante.

Una deuda que aún perdura

Alfredo Álvarez Álvarez nos ofrece una vez más en ‘Memoria’, a través del testimonio de un hombre común y corriente, en primera persona, un ejemplo más de aquella pérdida dramática que España se permitió tras la Guerra Civil. La depuración de los maestros privó al país del capital humano que suponían personas de sólida formación y vocación inquebrantable. Al menos así fue la de Ricardo Rodríguez. Y aunque en los últimos años hemos podido leer magníficos estudios sobre el tema, ‘Memoria’ salda una deuda impagada. Todavía hay deudas impagadas. 

Memoria
Alfredo Álvarez Álvarez
Koiné Ediciones, 2025
264 páginas