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REPORTAJE

El león románico y viajero: de San Isidoro al Louvre y (de visita) a León

El 'leon románico' de San Isidoro, propiedad del Louvre, en su ubicación temporal en la exposición 'Reina Ella' del Museo de León. Foto: A.F.R.
El relieve de un león románico que el museo francés ha cedido para la exposición 'Reina Ella' fue identificado gracias a la labor detectivesca "inesperada y muy gratificante" de un experto en arte medieval gallego

Todavía hay leones viajando por Europa. Y han llegado a nosotros desde la Edad Media. Estos días, ante los ojos de los leoneses y visitantes que se adentran en la magna exposición 'Ella Reina. Urraca I de León' del Museo de León, escondido entre marfiles y arquetas, se enconde un felino con una larga historia a sus espaldas. Nació como decoración de la Basílica de San Isidoro en torno al año 1110. Allí, acurrucado en una esquina y observando el lento paso de los siglos, pasó buena parte de su pétrea vida. Y desapareció. Durante décadas nadie supo de él, hasta que a principios del año pasado fue identificado entre la fauna que habita los pasillos del Louvre de París. Ahora, el león ha vuelto a casa, aunque solo de visita.

El relieve de arenisca identificado simplemente como 'León románico' que se puede ver en la exposición remataba uno de los contrafuertes de la portada norte de San Isidoro, un acceso que sufrió de numerosas transformaciones a lo largo de los siglos. De hecho, los felinos que hoy se ven en la parte superior del transepto sur, tradicionalmente denominada del Perdón, son fruto de reposiciones contemporáneas, según explican. Precisamente por eso, la aparición de este elemento original, que según los expertos "permite observar una de las vertientes en el desarrollo de las formas escultóricas en el periodo urraqueño", hace esta pieza tan singular. Eso, y el tiempo que ha pasado 'escondido' lejos de León.

La sala 164 del ala Denon

El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Santiago Francisco Prado-Vilar fue quien identificó al felino en la planta inferior de uno de los mejores y más extensos museos del mundo, el Louvre de París. Concretamente, en la sala 164 del ala Denon. Varias veces pasó por el lomo del animal sin reparar en él, pero un día se detuvo y se interesó por conocer más de aquella figura cuyos trazos le recordaban los "feroces leones" que describe el Códice Calixtino en las portadas del transepto de la catedral de Santiago de Compostela, según relató en 2023 en un artículo en Románico Digital: "Olvidado en una zona de paso entre dos salas del Louvre, este león románico de actitud vigilante resulta invisible a los ojos de la mayoría de los visitantes que cada día inundan el museo parisino. Los míos, sin embargo, sucumbieron inmediatamente a su magnetismo".

El profesor se llevó una grata alegría: el Louvre databa la pieza entre 1100 y 1150 y localizaba su procedencia "en la ciudad de León" en España (“Espagne, vers. 1100-1150, proviendrait de la ville de León”). No había más información, por lo que Prado-Villar activó el modo detective y comenzó a rastrear el misterioso, y hasta ese momento desconocido, relieve de león. Y, sobre todo, su procedencia exacta dentro de las posibles en la capital leonesa.

La primera pista la obtuvo en el Departamento de Escultura Antigua de la propia pinacoteca francesa, donde apareció un recibo de compra que decía que había sido adquirida por el marchante de arte Brimo de Laroussilhe en febrero de 1936 por 2.000 francos. Prado-Villar acudió entonces al negocio del marchante pero la empresa había cambiado de manos en los años 80 y los actuales propietarios nada sabían de aquella operación ni guardaban documentación de aquellos años. Fin del camino.

En busca del origen

El profesor, experto en San Isidoro a cuya arquitectura ya había dedicado artículos académicos en 2011, no decayó y comenzó a tirar de otros hilos. Todo apuntaba a San Isidoro como origen de la pieza. "Sin duda este león exiliado en las orillas del Sena pertenecía a esa manada de felinos “hispano-languedocianos” que guardaban las entradas de tres importantes monumentos en los que diversos artífices formados en esa tradición dejaron su impronta: Saint-Sernin de Toulouse, Santiago de Compostela y San Isidoro de León", explica Prado-Vilar.

Siempre según su relato, pensó primero en que podría tratarse de una de las dos “figuras monstruosas de leones” originales de  Portada del Perdón, "las cuales habían desparecido ya cuando se acometió la restauración de 1962". La segunda hipótesis asignaba el león a la portada norte del transepto, "que fue parcialmente desmantelada y tapiada por diversas construcciones a lo largo de los siglos, pero de la que se conservan numerosos fragmentos en el lapidario de San Isidoro y el Museo de León".

El portico Norte

Fotografías de archivo de los años 30 descartaron la primera opción, por lo que el león del Louvre "sería el gemelo superviviente de los que habían desaparecido de la portada sur debido a la voracidad del tiempo y su exposición a los elementos, algo de lo que este se habría librado por haber sido protegido por su desmontaje o por las construcciones posteriores que cubrieron el lugar en el que estaba". De hecho, el arquitecto conservador leonés Juan Crisóstomo Torbado, quien fuera el encargado de 'abrir' la puerta norte en 1911 dejó escrito en la memoria de los trabajos que "esta puerta, tapiada con una verdadera muralla de canto rodado, se conserva casi nueva", lo que hace verosímil que el león perteneciera a un conjunto escultórico de la portada norte de San Isidoro, que había permanecido tapiada durante siglos.

"El león del Louvre encaja perfectamente dentro de esa secuencia de variaciones, situándose a medio camino entre el vivaz león de la mocheta de la Puerta del Perdón y otro más modesto que decora un capitel de la ventana de la Portada norte, situado muy cerca de donde, originalmente, habría estado colocado su hermano mayor, que ahora reposa a las orillas del Sena", afirma el profesor en su artículo.

El león románico en su lugar de exhibición en el Louvre e identificado. Foto: Prado-Vilar.

Un viaje misterioso

Sin embargo, la incógnita de cómo llegó el león a orillas del Sena sigue sin ser despejada. Prado-Vilar explica que es posible que el león del Louvre "fuese uno de los fragmentos que aparecieron durante las campañas de restauración de principios del siglo XX ya que, aunque la mayoría parece haberse preservado en el lapidario de San Isidoro, otros podrían haber pasado a manos privadas al igual que ocurrió con la hermosa Crucifixión de mármol que se registra en una fotografía del Archivo Moreno como perteneciente a la 'colección Torbado', y que hoy se halla en paradero desconocido". Pero lo cierto es que, hasta ahora, no ha sido posible acreditar dónde estuvo el felino hasta que fue adquirido por el Louvre en los 30.

"Sin dudas"

Estos días, gracias a la exposición 'Ella Reina. Urraca I de León', esta viajera pieza felina regresa a casa y se aloja a escasos metros de su original emplazamiento en San Isidoro. Será una visita efímera y el 7 de junio, fecha de cierre de la muestra, regresará a su rincón de la sala 164 del ala Denon del Museo del Louvre. Eso sí, desde el año pasado, y gracias a la persistente investigación de Prado-Vilar, el origen del 'león románico' está localizado "sin duda" en la Basílica leonesa. "Volver al museo y ver que una pieza anónima se ha revalorizado porque es parte de un monumento fundamental del románico a nivel mundial, como es San Isidoro, es inesperado y muy gratificante", aseguró Prado-Villar tras su hallazgo.