'La serpiente Uróboros', un clásico de la fantasía moderna
Maica Rivera prologa, en unas páginas breves y concisas, una obra cuya traducción, revisada y actualizada, firma Alejandro Pareja Rodríguez, quien fuera su primer intérprete al español. Y si la tarea del traductor nunca es fácil, en esta ocasión hay que recordar la dificultad añadida que presentó esta novela que Eddisson (1882-1956) escribió en un inglés arcaizante de corte isabelino donde lo cortés, lo poético y lo metafórico son características destacables.
La lengua, que para muchos resulta uno de los elementos más notables de la obra y en absoluta concordancia con el argumento, resulta para otros una de las principales dificultades a la hora de abordar la lectura de un texto que puede tornarse excesivamente lento e incluso pesado. Más si se tiene en cuenta que Eddisson demuestra ser un maestro de la descripción, siempre muy elaborada, prolija y minuciosa hasta extremos insospechados.
El argumento
‘La serpiente Uróboros’ transcurre en un imaginado mundo denominado Mercurio que le es presentado al lector a través de un personaje llamado Lessingham, capaz de establecer un vínculo entre la realidad y la fantasía. Él nos traslada a un territorio ficticio en el que se encuentran dos reinos (luego irán apareciendo algunos más de aparente menor importancia) denominados Brujolandia y Demonlandia, cuyos líderes son muy diferentes. E. R. Eddisson elige presentarnos a sus personajes, casi arquetipos, en el momento preciso en que la paz entre ambos se quiebra pues el rey Gorice XII de Brujolandia exige vasallaje al reino de Demonlandia, regido por los hermanos Juss, Spitfire y Goldry Bluszco. Los señores de Brujolandia (Gorice XII y su sucesor Gorice XIII, Corsus, Córund, Corinius…) son malos, bruscos, rudos, pendencieros y bebedores, mientras los démones de Demonlandia son presentados de manera harto distinta y mucho más honorables, lo que inclina hacia ellos claramente la empatía del lector. Entre ambas posiciones, aparece Gro, un goblin (existe también un reino de Goblinlandia) que ha traicionado a los suyos y ha encontrado cobijo y espacio propio en Brujolandia.
La muerte del rey Gorice XII en combate cuerpo a cuerpo con el demon Goldry es, en realidad, el comienzo de la historia. Pues el nuevo rey, astuto y nigromante, hechiza a Goldry y obliga a su hermano Juss y a su primo Brándoch Dahá a partir en una búsqueda de información azarosa y dura a territorios que habitan criaturas infernales. En su viaje encontrarán algunos personajes que nos mostrarán historias pasadas que quedan apenas esbozadas y otros que tendrán un gran papel en el futuro, como la reina Sofonisba, cuya ayuda será crucial en el encuentro del hipogrifo, clave en la liberación de Goldry.
El símbolo Uróboros
La obra, de corte mítico y claramente épico, bebe en mucha fuentes literarias y poemas antiguos. Algunos suenan con gran fuerza en la novela, como cuando hasta en dos ocasiones la señora Mevrian, dulce y casta, nos presenta un catálogo de guerreros que tanto recuerda al que Helena hace de los aqueos desde la muralla de Troya. O la propia intemporalidad del mundo fantástico que el autor imagina y que puebla de topónimos sonoros y grandilocuentes. Incluso esos héroes sobre los que descansa casi de manera personal y exclusiva la ficción remiten a sagas que conocemos a través de la literatura y son reinterpretadas con gran éxito. De la misma manera que otros escritores, en mayor o menor medida, beberán en la obra de Eddisson. Se me ocurre, sin ir más lejos, la manera en que autores como Lewis o Ende comunican el mundo real con el fantástico en sus obras ‘Las crónicas de Narnia’ o ‘La historia interminable’. Por ello Maica Rivera nos recuerda en su prólogo que J.J.R. Tolkien, autor de ‘El Señor los anillos’ o C.S. Lewis, autor de ‘Crónicas de Narnia’, conocieron y disfrutaron de la obra de Eddisson tanto como Úrsula K. Leguin.
Por último, una referencia breve al título de la obra. Remite a un símbolo, la serpiente Uróboros, una serpiente o dragón que se come la cola. Conocido desde tiempos remotos, e interpretado de maneras diferentes según las distintas culturas y épocas, Eddisson lo vincula a un destino inevitable y cruel. Que el lector encontrará, en la última línea del texto. Ni antes, ni después.
La serpiente Uróboros
ALBO&ZARCO, 2026
624 páginas