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Gracias, 'Manza'

Jose Manzanera, durante una comparecencia ante los medios.
La pésima planificación del exdirector deportivo condena a un equipo sin base ni soluciones

La derrota ante el CD Mirandés no hace nada más que confirmar una realidad que lleva meses gestándose: la Cultural y Deportiva Leonesa es víctima directa de una gestión deportiva fallida. El ya exdirector deportivo, José Manzanera, deja tras de sí un proyecto descompuesto, sin estructura ni respuestas competitivas.

En Anduva, la imagen fue el reflejo más crudo de esa herencia: hasta seis jugadores con pasado reciente en Primera RFEF formaron en el equipo, algunos de ellos sin protagonismo siquiera en esa categoría. Una anomalía en el fútbol profesional que explica por sí sola el desplome del plantel.

Un cierre de ciclo mal ejecutado

La raíz del problema se sitúa en el verano de este curso. Tras el ascenso, lejos de consolidar el bloque, Manzanera desmanteló piezas clave. La salida de futbolistas como Barri —hoy destacado en el CD Castellón— debilitó la columna vertebral de un equipo que había demostrado competitividad.

La confección de la plantilla fue caótica. La Cultural arrancó la pretemporada con la competición ya en marcha, un síntoma evidente de improvisación. Sin tiempo para ensamblar el equipo, el curso comenzó cuesta arriba desde el primer día.

Inestabilidad en el banquillo

La gestión de los entrenadores ha sido otro foco de incertidumbre. La falta de confianza en Raúl Llona, a quien se mantuvo sin convicción, evidenció una dirección errática. Más tarde, la llegada de José Ángel Ziganda (‘Cuco’ Ziganda) tampoco encontró respaldo sólido, generando tensiones internas y decisiones contradictorias que terminaron en su salida.

El punto de no retorno llegó en invierno. La salida de jugadores importantes no fue compensada, debilitando aún más al equipo. Lejos de reforzar las carencias, el mercado invernal acentuó los problemas estructurales. Fue, en la práctica, la sentencia deportiva del proyecto.

El gol, un problema ignorado

La falta de gol ha acompañado a la Cultural durante toda la temporada. La apuesta por Paraschiv no ofreció resultados y nunca se incorporó una alternativa fiable. Pese a ello, Manzanera llegó a afirmar que el equipo no tenía problemas ofensivos, una lectura desconectada de la realidad competitiva.

Un final sin solución

El último intento fue la llegada de Rubén de la Barrera, una apuesta de impacto que llegó a modo de parche improvisado. El técnico se ha encontrado con una plantilla descompensada, sin herramientas para revertir la situación y con una dinámica prácticamente irreversible.

Una herencia insalvable

Destituido tras una cadena de malos resultados, Manzanera deja a la Cultural con los dos pies en Primera RFEF a falta de cinco jornadas. Su gestión, iniciada en 2022, queda marcada por decisiones erróneas, falta de planificación y una incapacidad evidente para sostener un proyecto en el fútbol profesional.

La Cultural no está para jugar en Segunda División y Manzanera mucho menos.

El club abre ahora una nueva etapa, pero lo hace desde una posición crítica. La permanencia ya es imposible y la reconstrucción será profunda. Porque más allá de los resultados, el verdadero problema ha estado en los despachos. Y su factura, en este caso, ha sido demasiado alta.