Talavante sale a hombros tras cortar un rabo en una tarde de inspiración compartida con Morante y Castella
- Morante, arte por encima de un lote desigual
- Castella aprovecha las opciones de su lote
- Talavante firma la obra de la feria
La Plaza de Toros de El Parque vivió este sábado una de las grandes tardes de la Feria de San Juan y San Pedro, marcada por el intenso calor, la cubierta completamente abierta y una entrada de tres cuartos de aforo. El encierro de Olga Jiménez y Hermanos García Jiménez, procedente de El Cabaco (Salamanca), ofreció un juego desigual, aunque permitió el lucimiento de un inspirado Alejandro Talavante, que salió a hombros tras cortar cuatro orejas y un rabo. Sebastián Castella le acompañó por la Puerta Grande después de sumar dos apéndices, mientras que Morante de la Puebla dejó los pasajes de mayor sabor artístico de la tarde.
Morante, arte por encima de un lote desigual
Abrió plaza Principal, un toro negro de 508 kilos, escaso de trapío pero con el que Morante de la Puebla volvió a demostrar que su tauromaquia no entiende de condiciones. Lo recibió con templadas verónicas y firmó después un vistoso quite por chicuelinas tras el primer encuentro con el caballo. El buen tercio de banderillas preparó una faena en la que el sevillano estuvo muy por encima de su oponente, hilvanando muletazos de exquisita factura que terminaron por convencer al tendido. Una estocada entera, ligeramente desprendida, bastó para que el astado doblara y el público solicitara mayoritariamente el trofeo. La presidencia concedió una oreja.
Con el cuarto, Amargado, negro de 477 kilos, Morante volvió a dejar detalles de enorme categoría desde el recibo de capa, esta vez por gaoneras. El toro cumplió en el caballo, aunque el tercio de banderillas resultó el más discreto de la tarde. El maestro inició la labor sentado en el estribo antes de desplegar un repertorio lleno de inspiración, especialmente sobre la mano derecha, culminado con un emocionante remate de rodillas. Cuando el toro comenzó a apagarse llegó también la dificultad con los aceros: dos pinchazos en la suerte contraria precedieron a una estocada prácticamente entera al tercer intento. La ovación cerró su actuación tras una tímida petición de oreja.
Morante en estado puro
Castella aprovecha las opciones de su lote
El francés Sebastián Castella encontró en Carcelero, castaño de 514 kilos, un toro con fuerza y mejor presencia que el primero de la tarde. Lo toreó de capa a pies juntos antes de que la cuadrilla completara un destacado tercio de banderillas. Ya con la muleta, el animal acusó cierta falta de empuje, pero Castella supo administrarlo con inteligencia para ligar dos tandas por la derecha y otra al natural. Un pinchazo hondo y algo más de media estocada en la suerte contraria pusieron fin a la faena. La petición de oreja encontró respuesta positiva de la presidencia.
En el quinto apareció Sosito, negro de 475 kilos, un toro que destacó por su buena pelea en varas, metiendo los riñones. El capote pasó casi inadvertido, pero el brindis al público dio paso a una faena sólida, basada en los muletazos en redondo por la derecha, iniciados desde lejos y rematados abajo. Aunque el toro también respondió por el pitón izquierdo, el francés encontró su mayor comodidad por el derecho. Casi media estocada fue suficiente para acabar con un bravo ejemplar, muy aplaudido en el arrastre. La oreja concedida permitió a Castella abrir la Puerta Grande junto a Talavante. Además, durante toda la corrida no fue necesario recurrir a la espada de cruceta.
Talavante firma la obra de la feria
El momento culminante de la tarde llegó con Fandanguero, castaño de 504 kilos. El toro, de condición gazapona, desarmó a Alejandro Talavante en los primeros lances y apenas recibió medio puyazo antes del tercio de banderillas, donde destacó la actuación de Javier Ambel, ovacionado por el primero y el tercer par.
Brindó el toro al público y comenzó la faena de muleta de rodillas, citando y recibiendo al animal por la espalda, un inicio que encendió inmediatamente al tendido. A partir de ahí construyó la obra más completa de la tarde, encontrando especialmente el temple y la profundidad al natural. Una estocada en todo lo alto rubricó una labor de gran dimensión que fue premiada con dos orejas, mientras el toro era despedido con aplausos en el arrastre.
El broche llegó con Derribado, negro mulato de 442 kilos, el único ejemplar de Olga Jiménez que evidenció clara mansedumbre. Hubo un breve tercio de varas y dificultades en banderillas. Talavante intentó desde el primer instante conectar con los tendidos iniciando la faena con un estatuario, aunque las escasas opciones del animal limitaron el lucimiento. Sin embargo, cuando tomó la espada llegó el momento decisivo de la tarde: una estocada extraordinaria que hizo rodar al toro y desató una fortísima petición de trofeos. La presidencia concedió dos orejas y rabo, culminando así una actuación rotunda del diestro extremeño.
Sebastián Castella: oreja y oreja.
Alejandro Talavante: dos orejas y dos orejas y rabo.