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365 leoneses | Laura Viejo, esteticista

"Abrir mi centro de estética tan joven fue difícil, pero hoy puedo decir que valió la pena"

Laura Viejo en su centro de estética Petit Salón León.
Desde su infancia en un pequeño pueblo de la Vega del Esla hasta levantar su propio negocio con 22 años, Laura Viejo Muñiz ha construido una trayectoria marcada por la constancia, la pasión por la estética y el arraigo a León

Antes de las cabinas de tratamiento, de las agendas llenas y de la formación continua, la historia de Laura Viejo Muñiz comienza con polvo en las zapatillas y timbres sonando en tardes interminables de verano. Nació en León, pero creció en San Millán de los Caballeros, un pequeño enclave de la Vega del Esla donde la infancia transcurría en la calle y sin prisa. “Mi vida en el pueblo fue muy bonita, muy tranquila… los veranos eran emocionantes, siempre con la bici y llamando a los timbres”, recuerda.

Primeros estudios y una decisión valiente

Tras terminar la educación básica en su pueblo, Laura continuó su formación en el instituto de Valencia de Don Juan antes de regresar a la capital para dar el salto a la vida adulta y a su vocación profesional. “Hice selectividad y me vine a continuar formándome como esteticista”, explica.

Durante cuatro años se especializó en el cuidado de la piel y el bienestar, descubriendo que aquello no era solo una profesión, sino una vocación que quería construir a largo plazo. La decisión llegó pronto y sin rodeos: “Con 22 años monté mi propio centro”. Desde entonces no ha cambiado de rumbo, y lo cuenta con la firmeza de quien ha crecido dentro de su propio proyecto: “No me he dedicado a otra cosa y en estos 20 años la formación ha sido continua, porque es lo que me gusta”.

La "suerte" de vivir en León

Su desarrollo personal y profesional ha transcurrido en una ciudad que describe con afecto y naturalidad. Laura habla de León como quien habla de hogar: “Es una ciudad cómoda, tranquila, fácil y con calidad de vida”. Comparar experiencias con compañeros de profesión en congresos refuerza esa percepción y alimenta una convicción que repite con frecuencia: “Somos unos afortunados de poder vivir en una ciudad así, donde puedes ir caminando a cualquier sitio”. Esa facilidad cotidiana se traduce en rutinas que forman parte de su equilibrio diario, desde resolver gestiones dando un paseo hasta moverse en bicicleta junto al río o salir sin plan fijo y acabar disfrutando del ambiente del Húmedo. “Aquí se generan rutinas que en otras ciudades ni se plantean”, afirma.

Petit Salon León y la esencia de las leonesas

En ese contexto ha crecido su trayectoria empresarial, consolidada desde hace años en Petit Salón León, el espacio donde transcurre buena parte de su vida y donde ha construido una relación estrecha con su clientela. Más allá del negocio, observa en ese contacto diario una identidad propia que resume con claridad: “Las leonesas son mujeres elegantes y les gusta cuidarse”. Esa percepción, nacida de la experiencia, va acompañada de un matiz que considera esencial: “Quieren verse bien, pero naturales, y eso encaja con nuestra esencia”. Mantener un centro activo durante tantos años en la ciudad no lo vive como algo extraordinario, sino como una consecuencia del vínculo generado con quienes confían en su trabajo: “Tener una clientela fiel aquí es una suerte”.

El desafío de emprender

Empezar joven en el mundo empresarial implicó asumir responsabilidades antes de tiempo y aprender sobre la marcha. Laura no disfraza esa etapa ni la romantiza; la describe con honestidad y perspectiva. “Ser empresaria es complicado y muy ilusionante”, reconoce, señalando que gran parte de su aprendizaje ha llegado a través del error: “He aprendido equivocándome muchísimas veces”. Sin embargo, destaca que desarrollar esa experiencia en León le ha permitido crecer en un entorno donde conviven múltiples profesionales y donde la cercanía humana facilita el día a día, algo que considera un valor difícil de replicar en ciudades más grandes.

Dos décadas dedicadas a su pasión

Después de dos décadas dedicadas a su sector, su relato no se articula en torno a metas grandilocuentes ni a balances espectaculares, sino a una idea sencilla y persistente que atraviesa toda su historia: la posibilidad de trabajar en lo que le gusta sin renunciar al lugar donde quiere vivir. “Tener trabajo y vida aquí es una fortuna”, resume. Y en esa frase cabe una biografía entera, tejida entre recuerdos de infancia rural, decisiones tempranas y una trayectoria construida paso a paso, sin estridencias, pero con una convicción firme: que crecer, emprender y quedarse también puede ser una manera plena de avanzar.