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365 leoneses | Iker García, opositor

"Mi etapa en Irlanda me cambió la mentalidad y me enseñó a relativizar los problemas"

El leonés Iker García.
A sus 24 años, el ponferradino Iker García ha sido jugador, entrenador y árbitro de tenis de mesa, profesor en Irlanda, líder en proyectos Erasmus+ y opositor incansable | Un camino lleno de giros, maletas que dudaba hacer y certezas que solo llegan cuando uno se prueba lejos de casa

La historia de Iker García comienza en El Bierzo, crece entre clases, raquetas y viajes improvisados, y hoy se escribe con la determinación de quien sabe perfectamente qué quiere ser: maestro. Pero llegar hasta ahí no ha sido un camino recto. 

Al terminar la carrera tomó una decisión. “Nunca me había planteado irme fuera”, reconoce. “Busqué trabajo en supermercados, en tiendas, en lo que fuera… y no me llamaron. Por eso me fui”. Irlanda, ese país que nunca tuvo en sus planes, acabó siendo uno de los capítulos más intensos.

Raíces y el tenis de mesa

Nació en Ponferrada y creció entre la ciudad y su pueblo, Vega de Espinareda. A los 13 años comenzó su relación con el tenis de mesa, una afición que acabaría convirtiéndose en algo más cuando se mudó a León para estudiar el grado en Educación Primaria con mención en Educación Física.

“Me metí en el Atlético León, allí jugué y también di clases a críos y a gente mayor”, recuerda. Aquello le ocupaba todas las tardes: “Si no entrenaba yo, entrenaba a niños. Y si no, a personas mayores”.

En su faceta como jugador, Iker siempre compitió en una categoría modesta, pero disfrutaba y jugaba por España. En lo que sí despuntó fue en su etapa como árbitro. “Fui a arbitrar el Campeonato de España, la Copa del Rey y la Reina. Estuve en Jaén, en Cartagena… en varios sitios. Fue una experiencia muy guay”, recuerda.

Pero tanto ritmo acabó desgastándole. “Estaba a tantas cosas… árbitro, jugador, entrenador, estudios… que me saturaba la cabeza”. Hace un año decidió dejarlo. Ahora lo ve como un hobby al que vuelve cuando le apetece.

Irlanda, la etapa decisiva

De septiembre a diciembre vivió y trabajó en Irlanda como profesor… aunque no exactamente del área que esperaba. “Yo estudié Primaria y allí iba de infantil… y es otra cosa. Allí eres más cuidador: das de comer, cambias pañales, vigilas que jueguen. Es como una guardería”, explica.

Profesionalmente, no encajó. Pero personalmente, fue un terremoto positivo. “De no quererme ir ni para atrás… ha sido la mejor experiencia de mi vida”, confiesa. “Una vez que te vas, te cambia la mentalidad. Los problemas dejan de ser problemas. Creces muchísimo y conoces a un montón de gente”.

En su lugar de trabajo, la sorpresa fue el idioma… o la falta de él. “Había más españoles que irlandeses. Éramos siete u ocho españoles de doce o trece personas”. A pesar del choque cultural, Irlanda cumplió una función que Iker agradece. “Allí reafirmé mi convicción: yo quiero ser profe de primaria, sí o sí”.

Una nueva manera de enseñar

La vida de Iker no se detuvo al volver. De hecho, se abrió más. Ahora está profundamente involucrado en proyectos Erasmus+, donde ha descubierto otra forma de educar y de aprender. “En febrero me fui a Madrid con un proyecto sobre medio ambiente. Fui team leader del grupo español”, cuenta. Allí coincidió con jóvenes de Turquía, Lituania, Italia y Hungría.

Y ese ha sido solo el inicio: “En mayo me voy a Turquía con otro proyecto sobre igualdad de género”. “Y en julio me han cogido para otro sobre competencias digitales en jóvenes, también internacional”. Son experiencias que le permiten unir todo lo que le mueve: la educación, el trabajo con jóvenes y la apertura al mundo.

Un futuro escrito en educación

Entre oposiciones, proyectos Erasmus+, aulas de Primaria y un pasado con raqueta, Iker García ha formado un camino lleno de autenticidad. No fue lineal. No fue perfecto. Pero le ha llevado exactamente donde quería llegar.

Hoy, con solo 24 años, tiene algo que muchos tardan décadas en encontrar: claridad. Porque si Irlanda le enseñó algo es que la educación -la de verdad, la que cambia vidas- es su sitio en el mundo. Y él quiere estar ahí.