"De pequeño viajaba mucho y cogí la costumbre de llevar una bandera de León en la maleta"
Julio Fernández González es uno de esos leoneses que no necesitan vivir en su tierra para sentirla como propia cada día. Nacido y criado en León, donde estudió en el colegio Quevedo y en el Instituto Eras de Renueva, su vida ha terminado ligada al mar, pero su identidad permanece intacta. “Yo soy de León de toda la vida”, afirma con rotundidad.
Actualmente reside en Vigo, donde desarrolla su carrera profesional tras especializarse en acuicultura. Su trayectoria, sin embargo, no fue lineal. De pequeño soñaba con ser paleontólogo: “siempre me gustaron los dinosaurios”, recuerda. Ese interés por los animales fue evolucionando hasta encontrar su verdadera vocación.
Antes de eso, dio un primer paso que no salió como esperaba. Se trasladó a Galicia para estudiar Ciencias del Mar, pero la experiencia no terminó de convencerle. “Vine, pero no me gustó”, explica. Aquella decisión le llevó de vuelta a casa. “Volví a León a hacer biología y me encantó, es una carrera preciosa”, continúa. Sin embargo, el mar terminó imponiéndose con el tiempo como escenario profesional. Regresó a Vigo para realizar el máster y desde entonces ha trabajado en investigación, incluso en el CSIC, antes de continuar en el ámbito de la acuicultura. Su próximo objetivo es iniciar un doctorado centrado en cetáceos: “va a ser sobre ballenas… a mí me encantan los animales marinos”, admite.
"Para mí León es mi faro de salvación"
A pesar de haber construido su vida laboral lejos de casa, León sigue siendo un punto de referencia constante. “Para mí León es mi faro de salvación”, asegura. No es solo una cuestión de familia, aunque reconoce su importancia, sino también de sensaciones y de pertenencia.
Siempre que puede, regresa. “Intento ir una vez al mes”, explica, aunque a veces la frecuencia es incluso mayor. Y cuando lo hace, el tiempo se comprime. “No paro en todo el fin de semana”. Ver a la familia, reencontrarse con los amigos, salir, hacer planes… todo cabe en apenas unos días.
La naturaleza ocupa un lugar central en esas escapadas. Este mismo fin de semana, en una de sus últimas visitas a León, se fue de ruta por la zona de las Hoces de Vegacervera. “El paisaje de León me parece espectacular”, comenta.
Orgullo leonés dentro y fuera
Ese vínculo también se traduce en una necesidad constante de reivindicar su origen. “Soy de esas personas que presume de su tierra. Es como mi carta de presentación”, explica. Incluso cuando le insisten en que ya es gallego por vivir en Vigo, su respuesta es inmediata. “No, yo soy de León”. Y es que, Julio, se define como “cazurro” y lo hace con orgullo. “Se me nota porque soy un poco cabezón”, bromea.
Allá donde va, ejerce además de embajador de su tierra. A quienes le visitan cuando viene unos días o muestran curiosidad, les propone una ruta casi obligada. “Les llevamos a comer a Ezequiel, a ver la montaña leonesa, a Riaño, a la zona de Luna…”. Tampoco falta el centro de la ciudad ni celebraciones como la Semana Santa, que resume en una palabra: “brutal”.
Del monte al mar
Aunque reconoce que León es “la ciudad más bonita del mundo”, su vida profesional le ha llevado inevitablemente hacia la costa. “Me gusta mucho la naturaleza, los bichos, el mar…”, explica. Vigo lo tiene todo. Allí bucea con frecuencia, practica snorkel siempre que puede e incluso ha realizado inmersiones con botella. “Es mi pasión”, insiste.
También ha construido una red personal y profesional, con amigos y compañeros con los que comparte salidas en barco o jornadas en el agua. Aun así, deja claro que ese nuevo entorno no sustituye a su origen, sino que convive con él.
Una bandera como símbolo
Esa necesidad de pertenencia llegó incluso a materializarse en un gesto muy concreto: viajar con una bandera de León.
“Empecé a llevar una bandera de León a todos los sitios”, recuerda. Una costumbre que nació de su afición por viajar, heredada de sus padres, y que convertía cada destino en una oportunidad para reivindicar de dónde viene.
Aunque ahora la tiene guardada en casa, no descarta recuperarla pronto. Porque, como él mismo resume, hay algo que no cambia con el paso del tiempo ni con la distancia. “Creo que no hay ninguna persona que me conozca que no sepa de dónde soy”, concluye.