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¿Qué son los drones suicidas que se fabricarán en Villadangos del Páramo? La tecnología que redefine el campo de batalla llega a León

Los drones suicidas, denominados técnicamente municiones merodeadoras, son sistemas de armas aéreas no tripuladas diseñados para localizar, esperar y destruir un objetivo en una única misión, sacrificándose en el impacto. Imagen: Infobae
La nueva planta de Indra y la emiratí Edge en el polígono industrial leonés producirá munición merodeadora, un armamento clave en la guerra moderna, antes incluso de que la inversión y el empleo sitúen a la provincia en el mapa estratégico de la defensa europea

Los drones suicidas, denominados técnicamente municiones merodeadoras, son sistemas de armas aéreas no tripuladas diseñados para localizar, esperar y destruir un objetivo en una única misión, sacrificándose en el impacto. A diferencia de un misil convencional, no siguen una trayectoria cerrada ni requieren que el blanco esté identificado en el momento del lanzamiento. Y, a diferencia de un dron armado clásico, no regresan a base: el propio aparato integra la carga explosiva.

Estos sistemas pueden merodear durante minutos u horas sobre una zona concreta, vigilando el terreno hasta que el objetivo aparece o se vuelve vulnerable. En ese instante, el operador —o el propio sistema, en los modelos más avanzados— ordena el ataque. Esta capacidad convierte a los drones suicidas en una herramienta especialmente eficaz contra objetivos ocultos, móviles o que solo se exponen durante breves periodos, como radares, lanzadores de misiles, vehículos blindados o puestos de mando.

Una ventaja táctica decisiva en los conflictos actuales

La principal fortaleza de la munición merodeadora es que reduce drásticamente el tiempo de reacción y elimina la necesidad de arriesgar plataformas de alto valor, como aviones tripulados o grandes drones de combate. Además, permite un grado de precisión muy elevado: si el objetivo no es el adecuado, el ataque puede abortarse en el último momento.

Por este motivo, los drones suicidas se sitúan en un punto intermedio entre los misiles de crucero, pensados para ataques puntuales y preprogramados, y los vehículos aéreos de combate no tripulados (UCAV), diseñados para misiones más prolongadas. Esta versatilidad explica su rápida expansión en los ejércitos europeos y su protagonismo en conflictos recientes como Ucrania o Nagorno Karabaj.

Sistema de lanzamiento de un dron suicida. (Gráfico: Infobae)

De la supresión de radares a las mochilas de combate

Las primeras municiones merodeadoras aparecieron en la década de 1980 con un objetivo muy concreto: neutralizar defensas aéreas enemigas. Sistemas pioneros como el israelí Harpy o el programa estadounidense AGM-136 Tacit Rainbow buscaban destruir radares de misiles tierra-aire que solo se activaban durante breves instantes.

Con el paso del tiempo, la tecnología evolucionó hacia misiones más amplias. A partir de los años 2000 surgieron drones suicidas de alcance medio y largo, capaces de realizar ataques de precisión, y modelos tácticos de muy corto alcance, como el Switchblade, que pueden ser transportados por un solo soldado. Hoy existen versiones controladas en tiempo real por operadores humanos y otras capaces de actuar de forma autónoma mediante sensores y algoritmos avanzados.

Imagen del efecto disparo de los 'drones suicidas'. Infobae

Villadangos del Páramo, nuevo centro de producción de munición merodeadora

Esta tecnología es la que se fabricará en el polígono industrial de Villadangos del Páramo (León) gracias a la nueva joint venture creada por Indra Group y la compañía emiratí Edge. La planta, en la que Indra ha invertido alrededor de 20 millones de euros, alcanzará una plantilla de unos 200 trabajadores cuando opere a pleno rendimiento.

La nueva empresa nace con una cartera de pedidos anual estimada en 2.000 millones de euros y se especializará no solo en la fabricación, sino también en el desarrollo, ensamblaje, mantenimiento y soporte durante todo el ciclo de vida de las municiones merodeadoras destinadas a los programas de defensa españoles y europeos.

Tecnología europea y soberanía industrial

La estructura accionarial —51% para Indra y 49% para Edge— garantiza que el control industrial y tecnológico se ejerza desde España. Según ambas compañías, producir estos sistemas en territorio nacional responde a los requisitos de soberanía estratégica europea, en un contexto de fuerte crecimiento de la demanda de armamento avanzado.

Indra aporta su experiencia en sensores, electrónica, sistemas de mando y control y comunicaciones seguras, mientras que Edge contribuye con su conocimiento específico en municiones merodeadoras y armas inteligentes. El objetivo es convertir la planta de Villadangos en un proveedor de referencia para los grandes programas militares europeos.

Un armamento clave para la defensa del continente

El auge de los drones suicidas ha cambiado la planificación militar en Europa. Su coste relativamente contenido frente a los sistemas que pueden destruir, su facilidad de despliegue y su eficacia han llevado a países de la OTAN y de la Unión Europea a acelerar su adquisición.

El consejero delegado de Indra, José Vicente de los Mozos, ha subrayado que este segmento “está experimentando un crecimiento acelerado” y ha defendido la necesidad de que Europa cuente con capacidades propias. En encuentros recientes con el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, trasladó la disposición de la compañía a contribuir con esta tecnología a la protección del flanco oriental europeo, donde se estudia incluso la creación de un muro antidrones.

Más allá de Villadangos: la apuesta global de Indra por los drones

La fabricación de drones suicidas en León forma parte de una estrategia más amplia. Indra ha reforzado su división Weapons & Ammunitions con la compra del negocio de drones de Aertec Defence & Aerial Systems, la integración de tecnología UAS de Wake Engineering y la adquisición de activos de Altitude Angel relacionados con la gestión del tráfico aéreo de drones.

Además, junto a Oesía, la compañía desarrolla sistemas para operaciones en enjambre y prevención de colisiones, tecnologías críticas para el futuro de los conflictos armados.

Con la producción de munición merodeadora, Villadangos del Páramo se incorpora a una industria que define la guerra del siglo XXI. Más allá del impacto económico y del empleo, la planta sitúa a León en una cadena de valor estratégica