El Reñubero que quiso acabar con la Catedral de León y el Boticario que consiguió salvarla
Cuenta la mitología leonesa que las nubes están habitadas por un ser fantástico, que es un hombre pequeñísimo llamado el Reñubero, el cual durante las tormentas se transforma en un ser maléfico que domina las nubes y la lluvia, descargándola donde él quiere produciendo enormes ruidos y relámpagos.
Es tal su fuerza y su furia que cuando descargan las tormentas arrasan todo lo que encuentran a su paso, desde campos de cultivo, árboles frutales e incluso puede matar personas e incendiar y destruir edificios, como así ocurrió hace 60 años un 29 de mayo con la Pulchra Leonina cuando el cielo primaveral se volvió, de pronto, en noche cerrada con la aparición de grandes nubarrones que dieron lugar a un sinfín de truenos y relámpagos, uno de los cuales impactó sobre el crucero de la Catedral, provocando un voraz incendio en su cubierta y cuyos elementos de madera ardían como teas resinosas.
Mientras esto ocurría, en la Catedral se estaba celebrando la misa del Domingo de Pentecostés y sería sobre media tarde cuando los feligreses notaron un gran estruendo, pero no fue hasta casi dos horas más tarde cuando, el farmacéutico Laurentino Vega de Castro, desde su botica Gordón, vio como las llamas devoraban la Catedral. Rápidamente dio la voz de alarma y comunicó al capellán del Obispo la catastrófica situación en la que se encontraba la Pulchra Leonina, ya que en poco más de media hora las llamas se extendieron por toda la nave central.
El farmacéutico Laurentino Vega
Después de 60 años de aquel trágico episodio queremos recordar quien fue el farmacéutico de la conocida botica Gordón, muy cercana a la Catedral. Laurentino Vega nació en el municipio segoviano de Nava de la Asunción en 1932, descendiente de una familia muy estimada de la localidad, donde su abuelo Fructuoso Vega González, de profesión albañil, fue alcalde durante los años 1896-1902. Su padre Laurentino Vega García, único varón entre seis hermanas, regentaba la botica de la localidad y cuyo oficio ha sido el denominador común de la familia, también llegaría a ocupar la Alcaldía de Nava de la Asunción durante el periodo que va de 1938 a 1940. Este casó en 1930 con Victoria Castro Escudero, nueve años más joven que él y natural de Fuente de Santa Cruz (Segovia), de este matrimonio nació Laurentino Vega de Castro junto a Sisinio, Roberto y Mª Victoria.
Laurentino, siguiendo la tradición de su padre, realizó los estudios de Farmacia y pasó a regentar la botica de su padre hasta que decidió traspasarla y se trasladó a vivir a León, donde junto a su esposa Celia Gordón Monreal abrieron una nueva farmacia en la parte trasera de la Catedral, en Puerta Obispo, donde vivía con su familia. Celia había nacido en Veguellina de Órbigo, era hija de Manuel Gordón, médico de Benavides de Órbigo, y de María Natividad Monreal, descendiente del municipio zamorano de Valdescorriel. Algunos de sus hijos como Celia y Roberto siguen manteniendo la tradición familiar de ser farmacéuticos, muy influenciados por su padre que sería durante unos años Presidente del Colegio de Farmacéuticos de León.
Del rugby al balonmano
Además de su aportación personal al cuidado de la salud de los leoneses también se implicó en el fomento del deporte, ya que él mismo fue una persona practicante del deporte desde su época universitaria como así los demuestra su participación en el Campeonato Nacional de Rugbi en la temporada 1952-53, donde gracias a un ensayo suyo le llevaría a ganar el título en dicha temporada. En León siguió apoyando este deporte desde la misma Federación Leonesa de Rugby, donde en la década de los setenta del siglo pasado ejerció la Vicepresidencia junto a Ramiro Jover que durante muchos años fue su Presidente. Laurentino se encargó del Comité de Competiciones además de actuar como árbitro en los distintos partidos que se iban desarrollando.
Donde jugó un papel importante fue en la constitución del club de balonmano Ademar de León durante la década de los sesenta, ya que fue el primer entrenador del club en la temporada 1960/61, actividad que compatibilizaba con la de jugador que era lo que a él le gustaba hacer y en la primera ocasión que encontró se quedó sólo como jugador durante algunas temporadas. Dejado el deporte activo nunca se desligó del balonmano, su deporte preferido, ya que ejerció el cargo de Vicepresidente de la Federación Leonesa de Balonmano hasta 1967 que pasa a ocupar el puesto de presidente de la misma, momentos en los que el club militaba en Segunda División. Por casualidades de la vida en estos momentos el Ademar tiene vibrantes enfrentamientos, en la liga Asobal, con el Club Balonmano Nava, cuyos orígenes se dan en la década de los setenta en Nava de la Asunción, localidad de nacimiento de Laurentino Vega.
Bombero de Honor
En León la figura de Laurentino Vega ha dejado un gran recuerdo y admiración, era considerado como una persona amante de su familia, fiel a sus amigos, modesto y honrado en su labor como farmacéutico. Además, con su rápida intervención junto a su amigo el fotógrafo Manuel Martín, que conocía muy bien los entresijos de la Catedral pudieron hacer frente al Reñubero y con la participación de bomberos, que durante horas intentaron apagar el fuego refrescando las fachadas para evitar que la Catedral colapsara, venidos de toda la provincia y de las provincias limítrofes se consiguió que el fuego cesase. Los siguientes pasos fueron los de comenzar de forma inmediata su reconstrucción y para ello fue fundamental la intervención de Laurentino que junto a su amigo el médico Salustiano López Contreras y otras personalidades de la ciudad organizaron una campaña de recaudación de fondos para la restauración de la Catedral, que a través del tiempo se ha convertido en una campaña permanente para el cuidado y mantenimiento de La Pulchra Leonina.
Como reconocimiento a su labor en la extinción del incendio el Parque de Bomberos de León le nombró “Bombero de Honor” y el Ayuntamiento le hizo un reconocimiento por su colaboración con el envío de la siguiente carta por parte de la alcaldía:
“Habiendo observado personalmente su celo y eficaz cooperación prestada al personal técnico del Ayuntamiento que dirigió la extinción del incendio producido en la noche de ayer en la Santa Iglesia Catedral, esta alcaldía tiene especial complacencia en proclamarlo y felicitarle a Vd. por su meritoria actuación, sin perjuicio de dar cuenta a la Permanente Municipal. En la primera sesión que ésta celebre, para la adopción por la misma del acuerdo que en justicia proceda.
Dios guarde a Vd. Muchos años.
León, 30 de Mayo de 1966.”
Laurentino Vega de Castro falleció en León en el año 2005, dejando un grato recuerdo a la ciudad, donde permanecen varios de sus descendientes regentando la farmacia Gordón.