Sergio Carro: "Las elecciones no son una apuesta, son una responsabilidad colectiva"
Nos encontramos con Sergio Carro, el joven candidato y cabeza de lista en León por la coalición Izquierda Unida, Movimiento Sumar y Verdes Equo. Nos dejará su semblanza, expectativas electorales y razones para votar a la coalición que representa.
Resúmenos, Sergio, si te parece, una semblanza personal y los motivos que te llevan a encabezar la lista de esta coalición electoral.
Soy parte de una generación que ha crecido viendo cómo nuestra tierra perdía población, servicios y autoestima colectiva. Y precisamente por eso estoy aquí. Represento a una juventud que no quiere resignarse a emigrar ni a asumir que vivir en un pueblo es una anomalía. La juventud, para mí, no es solo una cuestión biológica: es una fuerza política transformadora, la capacidad de no normalizar lo injusto y de imaginar futuros distintos. Encabezo esta candidatura porque creo que León necesita una mirada nueva, pero profundamente arraigada. Somos una provincia de ruralidades, no un apéndice periférico de nada. Nuestra identidad no nace en los despachos, nace en los pueblos: en los calechos, en los oficios, en los bailes tradicionales, en la cultura asturleonesa que se sostiene en el día a día. Me preocupa cuando desde las capitales se define lo que es la cultura leonesa sin pisar los pueblos que la mantienen viva. Defiendo por ende nuestra diversidad lingüística — patsuezu, cabreirés, berciano, sanabrés — porque el lenguaje configura la forma de entender el mundo. Y en esa manera de nombrar hay una cosmovisión distinta a la lógica acelerada de las grandes ciudades.
¿Cuáles creéis que son los problemas más graves y urgentes que aquejan a la provincia de León?
El principal problema es el abandono estructural. Los datos demográficos oficiales muestran pérdida sostenida de población y envejecimiento, pero detrás de esa estadística hay decisiones políticas. Carreteras deterioradas, viviendas sociales en condiciones precarias, colegios con problemas estructurales, un difícil acceso a la vivienda, consultorios cerrados, y listas de espera especialmente elevadas en el Hospital del Bierzo, la situación del hospital es grave, muy grave. Y a todo esto se suma una política territorial que multiplica proyectos energéticos sin planificación justa ni retorno claro para las comunidades locales, mientras los servicios públicos se debilitan. El mensaje implícito parece claro: vaciar pueblos para facilitar el aprovechamiento de recursos. Las cuencas mineras, tras décadas de explotación del carbón, no han tenido una alternativa industrial sólida y estable. Se extrajeron recursos, se generó riqueza y, cuando el modelo se agotó, llegó el abandono. Eso deja una herida económica y emocional. También es flagrante la situación de las Reservas de la Biosfera en la provincia, reconocidas internacionalmente, que carecen de financiación clara y suficiente por parte de la administración autonómica para desarrollar plenamente sus funciones.
Y unas soluciones realistas…
Las soluciones deben partir de una premisa: hay que reorientar el modelo. Esto pasa por dar prioridad a la ganadería extensiva y agricultura familiar frente a macroexplotaciones intensivas que concentran beneficios y erosionan tejido social y bienestar animal. Quienes nos dan de comer y mantienen el paisaje deben ser el eje de la política agraria con capacidad de decisión desde las zonas rurales. En el marco de la Unión Europea vimos cómo el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular coinciden cuando se trata de respaldar un modelo comercial que prioriza los grandes volúmenes y los intereses de las multinacionales por encima del equilibrio territorial. Su apoyo al acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur encaja en esa lógica: más liberalización, más presión competitiva y menos protección para quienes sostienen el campo. Desde Sumar votamos en contra porque creemos que no se puede pedir a nuestras ganaderas y ganaderos y agricultores que cumplan las normativas más exigentes en materia ambiental, sanitaria y de bienestar animal y, al mismo tiempo, abrir la puerta a importaciones producidas con estándares más laxos. Eso no es libre competencia; es competencia desleal. Evidentemente toda solución pasa también por blindar nuestros derechos. La sanidad rural debe reforzarse con plazas estables e incentivos para profesionales; la escuela rural no puede deteriorase por criterios puramente economicistas; la vivienda no puede entenderse como un bien especulativo. Y algo fundamental: inversión estable en cultura rural y patrimonio lingüístico. La cultura no es un adorno, es estructura social.
Una crítica, constructiva a ser posible, de lo hecho hasta ahora por los movimientos a la izquierda del PSOE. Contando con que el PSOE sea izquierda, a pesar de sus políticas neoliberales.
Creo que la crítica debe partir de un reconocimiento honesto. Cuando fuerzas como Unidas Podemos formaron parte del Gobierno del Estado se impulsaron medidas sociales y feministas de enorme impacto para la mayoría trabajadora: la subida sostenida del Salario Mínimo Interprofesional, la reforma laboral que redujo la temporalidad, la regulación de los ERTE durante la pandemia para evitar despidos masivos, el blindaje de los derechos del colectivo LGTBIQA+, o el impulso de una primera Ley estatal de Vivienda –que por cierto el PP de CyL se niega a aplicar–. Posteriormente, el espacio político que hoy representa Sumar ha seguido empujando en la misma dirección, consolidando derechos laborales y aumentando el SMI, impulsando la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales, eliminando la “Golden Visa”, mejorando en el Ingreso Mínimo Vital, empujando el plan Anticorrupción… Eso no significa que todo se haya hecho bien ni que haya sido suficiente. Gobernar implica tensiones constantes, especialmente cuando se comparte Ejecutivo con un partido de Estado con una trayectoria histórica y una cultura política muy distinta. Esa “mochila” pesa. Muchas veces las transformaciones son fruto de equilibrios y negociaciones que ralentizan los cambios.
"En el marco de la Unión Europea vimos cómo el PSOE y el PP coinciden cuando se trata de respaldar un modelo comercial que prioriza los grandes volúmenes y los intereses de las multinacionales por encima del equilibrio territorial. Su apoyo al acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur encaja en esa lógica: más liberalización, más presión competitiva y menos protección para quienes sostienen el campo"
¿Por qué creéis que vuestra labor como contrapeso en las distintas etapas de gobierno no se traduce en apoyo general de aquellos a los que más han favorecido? ¿Por qué se pierde la “batalla de la propaganda”?
Nuestra prioridad no ha sido rascar votos, sino mejorar la vida de la gente. Esa es la diferencia fundamental con otras formaciones herederas del franquismo que orientan su estrategia a defender privilegios consolidados. Las izquierdas debaten — a veces en exceso — cómo perfeccionar las políticas sociales, cómo blindarlas jurídicamente, cómo hacerlas sostenibles y justas. Nuestro debate es complejo porque la realidad lo es. Sin embargo, a mi modo de ver, hemos tenido dificultades para trasladar con claridad los avances logrados. En una época donde triunfan los mensajes simplistas, nuestro discurso pierde eficacia comunicativa. Necesitamos más arraigo territorial, mucha más empatía, más presencia constante en barrios y pueblos, más escucha activa y menos dinámica de burbuja institucional o digital. La izquierda no puede desconectarse del pulso cotidiano de la gente.
Y unas soluciones para que vuestro mensaje cale más hondo…
Insisto que no somos partidos al uso, somos gente normal, del día a día, que intenta mejorar la calidad de vida en los espacios donde vivimos y el sistema público que nos sostiene. Pero si hay algo que el neoliberalismo y el capitalismo no nos puede arrebatar es la presencia física. La solución pasa por una presencia constante, lenguaje accesible y, por encima de todo, coherencia entre el discurso y la práctica.
"No somos partidos al uso, somos gente normal, del día a día, que intenta mejorar la calidad de vida en los espacios donde vivimos y el sistema público que nos sostiene"
Vayamos por áreas: sanidad, educación, infraestructuras, defensa del territorio, sector primario, feminismo… Unas propuestas concretas.
Para nuestra coalición, el feminismo no es un epígrafe aislado dentro de un programa electoral: es una forma de mirar la realidad y de intervenir en ella. Es una herramienta de análisis que atraviesa todas las políticas públicas. Desde esa mirada transversal abordamos cada área.
Sanidad. La primera premisa es clara: ni un solo euro de dinero público para reforzar la sanidad privada mientras se deteriora la pública. Defendemos un refuerzo inmediato de la Atención Primaria rural, donde los consultorios locales no pueden seguir dependiendo de parches ni de agendas imposibles. Es urgente reducir las listas de espera en el Hospital del Bierzo mediante contratación estructural y estable, no con refuerzos temporales. Garantizar el acceso efectivo al aborto dentro de la sanidad pública de Castilla y León, sin derivaciones sistemáticas ni obstáculos encubiertos. La interrupción voluntaria del embarazo es un derecho, no una concesión. También exigimos formación específica y protocolos claros para la atención respetuosa a las infancias trans. Nos han trasladado casos de derivaciones fuera de la provincia por falta de preparación o sensibilidad, algo que evidencia la necesidad de formación especializada en pediatría y en el conjunto del sistema sanitario. La empatía y el acompañamiento no pueden depender del código postal.
Educación. Apostamos por inversión directa en la rehabilitación de colegios rurales que presentan problemas estructurales. Dotar de profesionales suficientes en orientación, pedagogía terapéutica y audición y lenguaje. La educación afectivo-sexual integral debe formar parte del currículo con rigor pedagógico y base científica, combatiendo el acoso y la desinformación. También aquí es imprescindible formación para abordar con normalidad y respeto la realidad de las infancias trans y del alumnado LGTBIQA+, garantizando entornos seguros. Una escuela inclusiva es una escuela más democrática. En este sentido, conviene articular la aprobación autonómica para una Ley LGTBIQA+.
Infraestructuras. Defendemos una conectividad digital rural real, porque hoy internet es un derecho habilitante para trabajar, estudiar y emprender. En transporte público, es imprescindible un modelo pensado para las personas que viven en nuestros pueblos y también en la ciudad. El caso del ferrocarril de vía estrecha (FEVE) en León es paradigmático: no puede seguir siendo una infraestructura infrautilizada o mal gestionada cuando podría ser una herramienta clave de movilidad sostenible y cohesión territorial. Apostamos por su modernización y plena integración en la red de transporte público.
En definitiva, nuestras propuestas parten de una idea sencilla pero profunda: los servicios públicos fuertes son la base de la igualdad real. Sin sanidad pública robusta, sin educación inclusiva y sin infraestructuras al servicio de la gente, no hay justicia social posible. Y sin feminismo transversal, tampoco.
¿Qué campos veis con mayores urgencias? ¿Cuáles serían las actuaciones prioritarias?
Es muy difícil priorizar un único campo porque Castilla y León arrastra problemas desde hace cuatro décadas y todos tienen gravedad. Sin embargo, hay situaciones que realmente duelen y que no podemos dejar pasar. Un ejemplo claro son los incendios forestales de 2025: la devastación fue enorme, y lo que más duele es la pésima gestión y la nula coordinación de la Junta. No se aplica la legislación vigente en su totalidad, no existe un operativo 100% público antiicendios y las ayudas se están dando de forma arbitraria, malgastando dinero público. Esa falta de respuesta muestra cómo, a veces, quienes gobiernan están en una burbuja de privilegios y no perciben la magnitud de los problemas.
Arrimo ahora ascua a la sardina de la autonomía. Parece que el debate está en la calle, y que formaciones como UPL, Alantre o PREPAL la llevan en su programa, como no podía ser de otra manera. En los partidos de implantación nacional ni está ni se le espera, excepto Podemos, que ha dejado clara la vía de la consulta. ¿Qué postura mantenéis a este respecto? ¿Consideráis el asunto prioritario? ¿Qué salida veis al conflicto planteado?
La cuestión autonómica es hoy un debate vivo en León, y no se puede abordar con superficialidad. Soy eminentemente leonesista, no lo escondo. Existe una identidad histórica, cultural y política propia, reconocida incluso en el marco estatutario actual, que merece respeto institucional. Ahora bien, antes que nada, soy lacianiego. Y ser lacianiego significa haber heredado una tradición de lucha obrera, antifascista e internacionalista. Esa herencia me impide hacer una lectura reduccionista del problema.
Una autonomía gobernada por la derecha no garantiza absolutamente nada a la clase trabajadora. Cambiar el marco administrativo sin cambiar el modelo económico puede convertirse en un simple relevo de élites. La pregunta no es solo dónde se gobierna, sino para quién se gobierna. Si el poder político sigue subordinado a intereses económicos que priorizan la rentabilidad sobre la vida, el resultado será similar con una bandera u otra.
Defendemos el derecho democrático a decidir el encaje territorial de León. Es legítimo que la ciudadanía pueda pronunciarse. Pero el debate no puede desligarse de la cuestión social. Lo que ocurre en León también sucede en la montaña palentina, en el suroccidente asturiano y en muchas comarcas del noroeste peninsular: despoblación, extractivismo, debilitamiento de servicios públicos. Incluso más allá: la precariedad de una persona trabajadora en Escocia no es tan distinta de la de una persona trabajadora en León. El modelo económico global atraviesa fronteras administrativas. Un ejemplo que utilizo a menudo son los hórreos. Son un símbolo de nuestras tierras, construcciones singulares que forman parte del paisaje cultural leonés y del entorno asturleonés. Pero al mismo tiempo son graneros elevados, una solución campesina que existe en distintas partes del mundo como respuesta a una necesidad común: proteger el alimento y el trabajo frente a la humedad y las plagas. Son únicos aquí en su forma concreta, pero responden a una lógica universal de la clase campesina. Ahí hay una metáfora potente: identidad propia y, al mismo tiempo, hilo invisible que une a las clases trabajadoras más allá de las fronteras. El problema es quien tiene asegurado el pan de fábrica y además pretende quedarse con el nuestro. Y ahí, el eje no es solo territorial, es profundamente social y económico.
"Defendemos el derecho democrático a decidir el encaje territorial de León. Es legítimo que la ciudadanía pueda pronunciarse. Pero el debate no puede desligarse de la cuestión social"
Andamos ahora a vueltas con la unión de la izquierda para atajar el acceso de la extrema derecha. Aparte de trabajo y diálogo, ¿qué más factores juegan para su éxito? ¿Será suficiente?
Para frenar la extrema derecha necesitamos más que unión: necesitamos cuidar y dejarnos cuidar. Hoy mucha gente está agotada, desconectada de un sistema que no para y que olvida a quien más lo necesita. La abstención en la izquierda refleja un cansancio comprensible: estamos en una rueda de hámster que parece no acabar nunca. Y en este sentido siempre pienso un futuro donde mis sobrinas o mis primos puedan elegir con libertad, sabiendo que habrá siempre alguien que les proteja sin imponerse, que les guíe sin arrebatarles su derecho a decidir. Que puedan equivocarse, aprender, y crecer en un lugar donde cuidar y dejarse cuidar sean la misma palabra. Esa es la libertad que quiero defender: la libertad de vivir juntos y juntas, con justicia y con dignidad, lejos de quienes solo miran por sus privilegios, y que, literalmente, les importamos una mierda.
Aventura un pronóstico para las autonómicas y unos motivos de peso para votar a Izquierda Unida, Movimiento Sumar y Verdes Equo.
No hago pronósticos. No tengo bola de cristal; tengo conciencia de clase. Y eso me basta. Las elecciones no son una apuesta, son una responsabilidad colectiva. En mis genes están la lucha, la paciencia, el sosiego y, sobre todo, la esperanza. No venimos a improvisar: venimos con programa, programa y programa. Con propuestas trabajadas para ampliar derechos, de la mano del tejido asociativo y sindical, escuchando a quienes sostienen la vida cotidiana en nuestros barrios y pueblos. Los motivos para votarnos son claros: coherencia, transparencia y compromiso. Queremos mejorar este mundo de manera decisiva, sin resignarnos a que las cosas “son así”. Cuando una está convencida de lo que defiende y lo hace pensando en la mayoría social, hay pocas fuerzas que puedan frenar ese impulso. No sé qué dirán las encuestas. Sé lo que defendemos. Y sé que merece la pena.
"No hago pronósticos. No tengo bola de cristal; tengo conciencia de clase. Y eso me basta. Las elecciones no son una apuesta, son una responsabilidad colectiva"
Tres deseos, resultado electoral aparte, para este 2026.
Que el gasto militar deje de crecer y los recursos públicos prioricen el escudo social. Con esto veo que se está normalizando una lógica muy peligrosa: convertir el miedo en un negocio. Y creo que la trayectoria histórica nos ha demostrado en innumerables ocasiones que la acumulación armamentista rara vez resuelve los conflictos. Me viene a la cabeza la situación en Palestina sufriendo bombardeos, desplazamientos forzados y un deterioro constante de sus condiciones de vida. En el Sáhara Occidental, un conflicto enquistado durante décadas pendiente de una solución justa y conforme al derecho internacional. En Sudán, República Democrática del Congo, Haití o incluso Cuba, que continúa bajo un bloqueo estadounidense que impacta en la vida cotidiana de la gente.
El segundo: que la vivienda deje de ser un objeto de especulación y se garantice como un derecho. No puede ser que acceder a un hogar digno dependa del mercado y no de la dignidad humana. Y el tercero es profundamente nuestro: que León recupere su autoestima colectiva. Que nuestra juventud pueda quedarse en sus pueblos si así lo desea. Que no tenga que marcharse por obligación, sino elegir libremente su proyecto de vida. Nosotros hablamos del orgullo de quedarnos, del orgullo de ser. Queremos un León orgulloso de lo que es, de su gente, de su historia y de su futuro.
Si conseguimos avanzar en esos tres caminos — paz, derechos y dignidad para nuestra tierra —, estaremos haciendo que 2026 merezca la pena.