Addoor Sticky
365 leoneses | Mari Cruz González, empresaria

"Subí al piso 106 de las Torres Gemelas, una imagen que con el tiempo quedó grabada en mi memoria"

La leonesa Mari Cruz González.
La trayectoria de Mari Cruz González Fernández recorre cerca de 20 países, pero encuentra su sentido en el regreso a León, donde ha construido una vida marcada por el emprendimiento, la formación y el compromiso social

Hay historias que no siguen una línea recta, sino que se despliegan como un mapa lleno de caminos, desvíos y retornos. La de Mari Cruz González Fernández es una de ellas. Una vida que empieza en León, se expande por el mundo y vuelve a su origen con una mirada distinta, más amplia, pero profundamente arraigada.

Nacida y criada en la ciudad, su infancia y juventud estuvieron marcadas por una educación diversa, pero también por un aprendizaje que trascendía las aulas. Estudió en distintos centros de la capital leonesa, aunque, como ella misma deja entrever, la verdadera formación “empezó mucho antes y continuó mucho después”.

Juventud en una ciudad en transformación

Aquellos años coincidieron con una ciudad en plena efervescencia social. “Eran los años de las tardes de discoteca”, recuerda, evocando espacios ya míticos como Tropicana, Trianón, Velvet, la calle Lancia, Zona Zero, Oh León o Baroke en un León que también vibraba con conciertos multitudinarios en el antiguo estadio Antonio Amilivia.

Entre esa vida dinámica, Mari Cruz compaginaba su día a día ayudando a su madre en uno de los 'Despachos de Pan Rabadán', en una mezcla de responsabilidad temprana y vida social intensa.

Su mirada también fue testigo de una ciudad que cambiaba. “El desarrollo de barrios como Eras de Renueva simbolizaba una capital que comenzaba a crecer y modernizarse”, recuerda. 

Salir al mundo para encontrarse

Pero su historia no tardaría en cruzar fronteras. En 1997 se trasladó a Argentina, donde vivió una etapa de varios años. “Trabajaba con un objetivo claro: financiar mis propios viajes y seguir explorando el mundo”, explica.

Desde allí inicia un recorrido por América que la lleva a conocer países como Uruguay, Brasil o Estados Unidos. Entre esos recuerdos, hay uno que el tiempo ha cargado de significado. “Subí al piso 106 de las Torres Gemelas”, relata, una vivencia que, como ella dice, “con los años quedaría ligada en la memoria de toda una generación”.

Viajar se convirtió en una forma de vida. Ha recorrido cerca de 20 países entre Europa, África, Asia y las dos Américas, pero más allá de las cifras, lo importante fue la actitud: “curiosidad, movilidad, aprendizaje constante y apertura a lo desconocido”, reconoce.

El regreso y la estabilidad profesional

El regreso llegó a finales de 1999. León volvía a ser el escenario principal, pero ya no desde el punto de partida, sino desde la experiencia acumulada. Comienza entonces una etapa profesional estable en el sector del automóvil, donde desarrolla durante años una visión sólida del entorno empresarial.

Sin embargo, el cambio volvió a llamar a su puerta. En 2014 decidió reinventarse y dar un giro hacia el ámbito de la formación. “Me adentré en el desarrollo de personas, la capacitación profesional y la creación de redes de colaboración”, resume. Una decisión que marcó el inicio de una nueva identidad profesional, más alineada con sus inquietudes personales.

La familia como motor

En paralelo, su vida personal adquiere un papel central. Sus hijos, Adrián y Daniel, nacidos en 2009 y 2011, son, en sus palabras, “el verdadero motor”. “Son lo que sostiene mi energía diaria y mi motivación”. Junto a ellos, la amistad y la familia se consolidan como pilares fundamentales.

Gracias a ese apoyo su inquietud emprendedora no se detiene. En 2020 participó como una de las fundadoras del Club de Marketing de Castilla y León, una iniciativa pensada para conectar profesionales y generar sinergias en el tejido empresarial de la comunidad.

Y en 2024 dio un nuevo paso con su proyecto más reciente. Su empresa Abanico Formativo. Desde la montaña leonesa y con una clara apuesta por el entorno rural, impulsa servicios de formación presencial, mixta y online, además de actividades de team building.

Compromiso social continuo

A todo ello se suma un fuerte compromiso social. “Desde hace años participo activamente en iniciativas de voluntariado que forman parte de mi identidad”, afirma. En 2015 fue una de las fundadoras del Club Lions León, desde donde se han impulsado distintas propuestas solidarias.

Además, lleva más de una década implicada en programas de becas comedor y cerca de diez años colaborando con “Los Amigos del Mocho”. Un voluntariado que define como “estable, continuo y profundamente comprometido con su entorno”.

León, siempre el origen

Pese a su recorrido internacional, Mari Cruz tiene claro cómo se define. “Ante todo, leonesa”. Conoce su ciudad, sus ritmos y su identidad cotidiana. Y habla de ella con convicción. “León es una ciudad con calidad de vida, segura, cercana y con oportunidades reales para quien sabe adaptarse a los nuevos tiempos”.

Su historia no es solo la de alguien que viajó lejos, sino la de quien supo volver con todo lo aprendido para construir desde ahí. Un relato de ida y vuelta donde la resiliencia no es un concepto abstracto, sino una práctica constante.