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365 leoneses | Ainara Oblanca, estudiante

"Tengo apuntados todos los viajes que he hecho; este año han sido 17 países y 25 ciudades"

La leonesa Ainara Oblanca.
La leonesa Ainara Oblanca García, de 20 años, cambió la idea de estudiar Magisterio por Comercio Internacional y encontró en un Erasmus en Polonia una experiencia que le permitió recorrer 17 países, ganar independencia y descubrir que viajar también es una forma de conocerse a uno mismo

Durante buena parte de su infancia, Ainara Oblanca García tuvo muy claro cuál iba a ser su profesión. Le gustaban los niños, disfrutaba pasando tiempo con ellos y no se imaginaba haciendo otra cosa que no fuera estudiar Magisterio. Era una idea que llevaba acompañándola desde pequeña y que parecía difícil de cambiar. Sin embargo, fue precisamente una experiencia con niños la que terminó haciéndole ver que su futuro podía ir por otro camino.

En Bachillerato participó en un proyecto sobre la influencia de la lectura en el desarrollo de los alumnos de Educación Infantil. Además de preparar el trabajo, pudieron acudir a las aulas para compartir tiempo con los pequeños y observar cómo reaccionaban a diferentes actividades. Aquellos días fueron suficientes para desmontar la idea que había tenido durante años. "Me di cuenta de que me encantaban los niños, pero no me veía dando clase todos los días", confiesa.

Aquella conclusión abrió una etapa de incertidumbre. Por primera vez no tenía claro qué estudiar. Mientras muchos de sus compañeros ya habían elegido carrera, ella seguía intentando descubrir cuál era su sitio.

Una decisión que llegó casi por descarte

La respuesta llegó gracias a una conversación con la que entonces era su tutora de Bachillerato. Hablaron de aquello que realmente disfrutaba y poco a poco fueron apareciendo varias ideas que tenían algo en común: los idiomas, la economía y una afición que llevaba años formando parte de su vida, viajar. Así apareció Comercio Internacional.

"No fue una carrera que tuviera clarísima desde el principio. La elegí un poco por descarte, pero ahora estoy muy contenta con la decisión", dice.

Aunque tuvo la posibilidad de estudiar fuera de León, decidió quedarse. Había un motivo importante detrás de aquella elección. Sabía que la carrera le ofrecería la oportunidad de marcharse de Erasmus, una experiencia que siempre había querido vivir y que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más importantes de su vida universitaria.

Un Erasmus que fue mucho más que estudiar fuera

Su destino fue Breslavia, en Polonia. Allí pasó varios meses estudiando junto a jóvenes de distintos países y descubrió que el verdadero aprendizaje no siempre estaba dentro del aula.

Reconoce que el inglés mejoró notablemente porque todas las clases se desarrollaban en ese idioma, pero siente que el mayor cambio fue personal. "Nunca había vivido fuera. Allí aprendes a resolver las cosas tú sola, a organizarte y a salir adelante sin tener siempre a tus padres cerca", explica.

La convivencia fue otra de las grandes lecciones que se llevó de Polonia. Compartir residencia con estudiantes de diferentes nacionalidades le permitió conocer otras formas de vivir, pero también entender mejor las relaciones personales. "He aprendido muchísimo de la gente. He visto actitudes que me hicieron replantearme algunas amistades, pero también conocí personas increíbles", sentencia.

Viajar para descubrir el mundo... y también a una misma

Viajar siempre había sido una de sus grandes pasiones. Desde pequeña ha recorrido distintos destinos junto a sus padres, una afición que comparte especialmente con su madre. Sin embargo, el Erasmus multiplicó aquellas experiencias.

Cada fin de semana era una oportunidad para descubrir un lugar nuevo. Trenes, autobuses y vuelos baratos se convirtieron en parte de una rutina que terminó llevándola a recorrer 17 países y 25 ciudades en apenas unos meses. Hay un viaje que recuerda por encima de todos. "Islandia fue el lugar que más me impresionó. Los paisajes eran espectaculares y los glaciares enormes. Era una sensación difícil de explicar", afirma.

Cada uno de esos destinos ha quedado registrado en el calendario de su teléfono móvil. Primero empezó a apuntarlos para que su familia supiera siempre dónde estaba. Con el tiempo, esa costumbre se convirtió en una especie de diario de viaje. Ahora le gusta volver atrás, buscar una fecha cualquiera y recordar qué ciudad estaba descubriendo aquel día. "Es una manera de revivir cada experiencia y de comprobar todo lo que ha cambiado en apenas unos meses", cuenta.

El papel de León

Hay cosas que solo se echan de menos cuando dejan de formar parte del día a día. Vivir en Polonia hizo que Ainara empezara a valorar detalles cotidianos de León que antes pasaban desapercibidos.

Poder ir andando prácticamente a cualquier sitio, quedar con sus amigas sin necesidad de organizar grandes planes o tener todos los servicios cerca son comodidades que ahora aprecia mucho más. "Cuando vuelves te das cuenta de la calidad de vida que tenemos aquí".

Esa sensación también se repite cada vez que visita Azadinos y Villabalter, los pueblos donde viven sus abuelos. Allí no busca grandes planes. Le basta con sentarse a comer con ellos, conversar durante horas y disfrutar de una tranquilidad que ahora valora mucho más después de haber vivido fuera.

Mirada al futuro

Aunque tiene claro que le gustaría empezar su carrera profesional en el extranjero, tampoco duda cuando piensa dónde le gustaría construir su vida dentro de unos años. "Me encantaría volver a León para formar aquí mi familia. Me parece una ciudad perfecta para vivir."

Antes de eso espera seguir viajando y continuar descubriendo otros países, algo que forma parte de su manera de entender la vida desde mucho antes del Erasmus.

Además, también le gustaría recuperar una afición que marcó gran parte de su infancia. Empezó bailando ballet y flamenco y más tarde se pasó a la gimnasia rítmica, un deporte que practicó durante años hasta que la pandemia interrumpió aquella etapa. "Me encantaría volver a bailar, sobre todo flamenco", confiesa.

No sabe si será en León o en cualquier otro lugar. Lo que sí tiene claro es que seguirá llenando el calendario de su móvil con nuevos destinos. No por la cantidad de países visitados, sino porque cada ciudad le recuerda una etapa distinta de su vida y una forma diferente de seguir creciendo.