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Más de medio siglo entre máquinas de coser

Pablo Ibán Tascón continúa al frente del negocio familiar fundado en 1973, dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en León capital. Fotos: Silvia García.
Pablo Ibán Tascón continúa al frente del negocio familiar fundado en 1973, dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en León capital. Fotos: Silvia García.
Pablo Ibán Tascón continúa al frente del negocio familiar fundado en 1973, dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en León capital. Fotos: Silvia García.
Pablo Ibán Tascón continúa al frente del negocio familiar fundado en 1973, dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en León capital. Fotos: Silvia García.
Pablo Ibán Tascón continúa al frente del negocio familiar fundado en 1973, dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en León capital. Fotos: Silvia García.
Pablo Ibán Tascón continúa al frente del negocio familiar fundado en 1973, dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en León capital. Fotos: Silvia García.
La tienda de la familia Ibán Tascón resiste como el único establecimiento dedicado a la venta y reparación de máquinas de coser en la ciudad tras 52 años de actividad

Durante décadas, la máquina de coser ocupó un lugar privilegiado en los hogares. Estaba en el salón, en una habitación o junto a una ventana donde madres y abuelas arreglaban pantalones, confeccionaban cortinas y daban una segunda vida a la ropa. Hoy muchos de aquellos equipos descansan olvidados en desvanes, trasteros o convertidos en muebles decorativos. En León, sin embargo, todavía hay un lugar donde siguen siendo las protagonistas.

Hace 52 años, la familia Ibán Tascón abrió una tienda especializada en máquinas de coser. Medio siglo después, 'Máquinas de coser Cecilia' se ha convertido en el único en este ámbito que permanece abierto en la capital leonesa. Entre agujas, carretes de hilo y máquinas que van desde poco más de 100 euros hasta modelos profesionales que superan los 12.500, el establecimiento continúa resistiendo en un mercado cada vez más dominado por las grandes superficies y la venta por internet.

Detrás del mostrador está Pablo, que prácticamente ha crecido entre esas cuatro paredes. "Con tres años correteaba por aquí y con quince ya estaba vendiendo", recuerda. Hoy continúa al frente del negocio que sus padres pusieron en marcha y que ha sobrevivido a los cambios de hábitos de consumo, a la desaparición de gran parte del pequeño comercio especializado y a la transformación de un sector que poco tiene que ver con el de hace cincuenta años.

Empezar desde cero

La historia no comenzó con una vocación clara, sino con un giro obligado. La familia de Pablo llegó a este emprendimiento tras una inversión fallida en la ganadería que no salió como esperaban y que dejó a la familia en una situación complicada. A partir de ahí, buscaron una alternativa en un mercado prácticamente inexistente en la ciudad. La venta y reparación de máquinas de coser. Empezaron en un local pequeño, en otra época, con pocas referencias y mucho trabajo manual. Pero, con el tiempo, ese uso casi diario se ha ido perdiendo. "Antes era algo imprescindible. Ahora ya no", resume Pablo.

El regreso de la costura

Pese a ello, la afición por coser no ha desaparecido. "En los últimos años han surgido talleres y academias en distintos puntos de León donde se imparten clases de patronaje, confección y arreglos textiles", explica.

Cada vez son más las personas que se acercan a esta actividad como una forma de crear sus propias prendas, realizar pequeñas reparaciones o desarrollar una afición manual. "Incluso gente joven está empezando a interesarse otra vez, y sorprendentemente bastante", explica. Según cuenta, muchos de quienes se inician buscan aprender desde cero. Algunos quieren hacer arreglos sencillos y otros se animan a confeccionar ropa adaptada a sus medidas.

Una competencia que lo ha cambiado todo

Si algo ha cambiado por completo en estas cinco décadas ha sido la forma de vender. Las máquinas de coser dejaron hace tiempo de encontrarse únicamente en establecimientos especializados. "Nos están acribillando los supermercados y las grandes cadenas", reconoce Pablo.

La respuesta ha sido adaptarse. Una parte importante de la actividad llega ahora a través de internet, con pedidos procedentes de distintos puntos de España, Portugal e incluso otros países europeos. "La web nos está ayudando muchísimo", asegura.

La pandemia supuso además un punto de inflexión inesperado. "Llegaron equipos que llevaban años olvidados en desvanes o cocheras", recuerda. Durante aquellos meses, muchas personas desempolvaron máquinas guardadas para confeccionar mascarillas y material de protección. "Nunca vendimos tantas correas", afirma. 

Un negocio que resiste

Cincuenta y dos años después, la persiana sigue levantándose cada mañana. Ya no hay una máquina de coser en cada hogar ni las modistas ocupan el lugar que tuvieron durante generaciones. Pero entre el zumbido de los motores, las reparaciones y quienes descubren ahora la costura como afición, este rincón de León continúa haciendo lo mismo que en 1973. Demostrar que algunas puntadas todavía resisten el paso del tiempo.