"Vivir fuera de casa es una de las experiencias más enriquecedoras que uno puede llegar a tener"
Hay cosas que uno no valora hasta que se va. Para Manuel Rodríguez no son solo la familia o los amigos. También es salir cualquier tarde y encontrarse con alguien por la calle, improvisar un café al sol o terminar un paseo pasando por la Catedral antes de volver a casa. Lleva varios años viviendo fuera de España, pero hay costumbres de León que siguen muy presentes en su día a día. "Lo que más echo de menos es la gente y esa forma que tenemos de vivir".
Nació en León hace 23 años, aunque siempre dice que tiene dos pueblos: Busdongo, a las puertas del puerto de Pajares, y Vega de Infanzones. Allí pasó buena parte de los veranos de su infancia, una etapa que recuerda con especial cariño. "Comíamos y salíamos disparados con la bicicleta. Íbamos al pueblo de al lado, comprábamos un helado y una Coca-Cola y nos pasábamos la tarde jugando al fútbol hasta que anochecía", recuerda.
De las dudas a la ingeniería
Cuando terminó Bachillerato tampoco tenía demasiado claro qué estudiar. "Hasta el día antes de echar la preinscripción dudaba entre Derecho e Ingeniería", reconoce. Finalmente eligió Ingeniería Mecánica en la Universidad de León y formó parte de aquella generación que comenzó sus estudios marcada por la pandemia. "Fue una carrera muy dura, con muchos altibajos, pero no me arrepiento de haberla elegido", cuenta. Más allá de las clases, se queda con las horas compartidas en la Biblioteca Central, los cafés y las amistades que surgieron durante aquellos años. "Podíamos haber estudiado un poco más", bromea, "pero al final salió".
Dos Erasmus, mil historias
Si hay una etapa que resume su forma de entender la vida, esa son los dos Erasmus que ha vivido. El primero fue en Bolonia, una experiencia que empezó bastante peor de lo que había imaginado. Llegó sin alojamiento fijo y durante un mes y medio fue enlazando apartamentos turísticos mientras esperaba que terminara la residencia donde iba a vivir se terminara de construir. Incluso llegó a volver a España.
Cuando parecía que por fin todo se solucionaba, apareció otro contratiempo difícil de creer. Dos días antes de regresar a Italia recibió un correo informándole de que la residencia había sido ocupada temporalmente por una asociación de estudiantes comunistas. "Fue bastante surrealista", recuerda. Finalmente pudo instalarse unos días después y aquella historia terminó convirtiéndose en una de las anécdotas que hoy cuenta con más humor.
Meses más tarde llegó su segundo Erasmus, esta vez en Cluj-Napoca (Rumanía), un destino que le sorprendió muchísimo. "Me encantó". De aquella etapa guarda un recuerdo especial de los largos viajes en tren cama y de escenas tan insólitas como ver a un joven saltar de un tren en marcha delante de él y de uno de sus amigos.
El proyecto de 'Formfit'
Actualmente cursa un máster en Ingeniería, Innovación y Negocios en Dinamarca. Una decisión que responde a su interés por combinar la parte más técnica de la ingeniería con el mundo de la empresa y el emprendimiento. "Me interesan mucho los negocios y quería buscar algo diferente a la ingeniería más pura", explica.
Esa inquietud le llevó a participar en 'Formfit', un proyecto nacido dentro del máster con el que busca desarrollar un dispositivo capaz de actuar como un entrenador personal portátil. La idea surgió tras detectar un problema muy común. "Muchas personas abandonan el gimnasio o terminan lesionándose por no contar con una guía adecuada durante los ejercicios", reconoce.
"Queríamos hacer ese 'feedback' más personalizado y profesional, pero que fuera accesible para cualquiera", resume. El dispositivo está pensado para acompañar al usuario mientras entrena, corregir posibles errores y ofrecer un análisis posterior para ayudarle a mejorar la técnica y prevenir lesiones.
Aprender a vivir lejos de casa
Pero si hay algo que destaca por encima de cualquier asignatura es todo lo aprendido fuera de las aulas. "Creo que vivir fuera de casa es una de las experiencias más enriquecedoras que uno puede llegar a tener".
Llegar a un país nuevo sin conocer a nadie, buscar vivienda, resolver trámites administrativos o aprender a desenvolverse completamente solo le ha permitido desarrollar una autonomía que considera fundamental. "Aprendes a gestionarte, desarrollas tu carácter, tu personalidad y, sobre todo, aprendes a entenderte a ti mismo", sentencia.
Viajar como forma de vida
Si algo define a Manuel es su dificultad para quedarse quieto. Fuera de la universidad aprovecha cualquier oportunidad para viajar, una afición que considera su mayor hobby. También disfruta esquiando, jugando al pádel y pasando tiempo en la montaña, una pasión que le acompaña desde pequeño gracias a su vínculo con Busdongo.
"Viajar te da un punto de vista distinto de la vida. Conoces nuevas culturas, aprendes a convivir con gente diferente y entiendes otras formas de ver el mundo", explica.
No es raro que, incluso durante esos viajes, termine viviendo situaciones inesperadas. La última ocurrió hace apenas unos días, cuando regresaba de Dinamarca. Un cambio de horario hizo que perdiera el tren y acabó recorriendo varios kilómetros en coche junto a una mujer rumana que acababa de conocer para intentar alcanzar el siguiente. "Estas cosas me suelen pasar bastante cuando viajo", dice entre risas.
Siempre con un billete de vuelta
Aunque hoy su presente esté en Dinamarca y su futuro inmediato pase por terminar el máster y seguir descubriendo nuevas oportunidades profesionales, Manuel evita marcarse un único camino. "Estoy abierto a todo lo que pueda venir".
Eso sí, hay un objetivo que tiene claro. "Ojalá pueda acabar trabajando en España". Porque, por muchos países que visite y por muchas aventuras que acumule, hay algo que nunca cambia. "León es la tierrina. Es ese lugar al que siempre voy a querer volver".