"Me voy a Alemania en un mes para vivir una nueva etapa que sé que no puedo dejar pasar"
Hay decisiones que no se toman porque todo esté claro, sino porque llega un momento en el que quedarse quieto pesa más que dar el paso. A Paula Cabello le ha ocurrido eso con Alemania. Tiene 23 años, acaba de terminar Educación Primaria y en un mes se marchará a trabajar fuera sin saber exactamente cuánto tiempo estará allí ni cómo será su vida después. “No sé si es la mejor o la peor idea, pero es algo que quiero hacer”, explica, con la mezcla de vértigo y convicción de quien siente que es ahora o nunca.
Vocación temprana
Antes de ese salto hay una historia que empieza mucho antes, en Ponferrada, donde creció y donde empezó a construirse una vocación que nunca ha puesto en duda. “Siempre he tenido bastante claro que quería ser profesora desde pequeña”, recuerda. No sabe señalar un momento concreto, pero sí una figura que dejó huella: una maestra de primaria que, más allá de enseñar, hacía sentir bien a sus alumnos. “Era muy buena… de estas personas que te transmiten tanto que dices: ‘Quiero ser como ella’”. Años después, una profesora de música terminó de reforzar esa idea y de unir dos partes fundamentales de su vida: enseñar y la música. “Dije: ‘Es que es lo que quiero’. Tocar instrumentos, enseñarle a los niños…”, reconoce.
Vida entre música
Porque si hay algo que ha acompañado siempre a Paula es la música. Empezó con apenas ocho años, cuando su padre la llevó a la banda municipal de Ponferrada, y desde entonces no se ha separado de ella. Diez años de conservatorio en la especialidad de viola, el aprendizaje del piano y una presencia constante en agrupaciones musicales han hecho que forme parte de su día a día. Hoy toca percusión en la banda, en la charanga que fundó junto a sus amigos -una de las pocas que existen en El Bierzo- y también en Semana Santa. “Al final, en mi vida diaria la música está bastante incluida”, resume. No lo entiende como una afición puntual, sino como una parte esencial de quién es, también en su forma de enseñar. Por eso le preocupa que, en el ámbito educativo, las artes hayan ido perdiendo peso. “Siento que algo se está perdiendo… que se están relegando a un segundo plano”.
Raíces en el pueblo
Junto a esa vida entre ensayos y estudios, Paula tiene su propio lugar de desconexión en Castrillo de la Valduerna, un pequeño pueblo entre Astorga y La Bañeza al que ha acudido desde siempre. Allí, en un entorno de apenas 150 habitantes, ha construido una forma de entender el tiempo y las relaciones muy distinta a la de la ciudad. “Para mí el pueblo es libertad”, dice. Los veranos se repiten, pero nunca son iguales con el río, el chiringuito, las tardes de cartas y, sobre todo, los mismos amigos de siempre. “Son planes que en una ciudad no puedes tener”, explica. En ese regreso constante hay algo que permanece, una sensación de pertenencia que sigue siendo importante incluso ahora que su vida empieza a moverse.
Abrirse al mundo
Ese movimiento comenzó a hacerse más real durante la carrera, cuando decidió marcharse de Erasmus a Italia, concretamente a Génova. La experiencia marcó un antes y un después. “Ha sido la mejor experiencia de mi vida”, asegura. No solo por lo académico, sino por todo lo que implica vivir fuera por primera vez, como aprender a organizarse, adaptarse a otro ritmo, convivir con gente de distintos lugares y enfrentarse a un idioma nuevo. “El italiano lo aprendí allí directamente, a base de entender palabras y lanzarme a hablar”, recuerda. Viajar, conocer otras culturas y ampliar horizontes hizo que la idea de salir al extranjero dejara de ser algo lejano para convertirse en una posibilidad real.
La decisión
Alemania apareció, sin embargo, en un momento de incertidumbre. Al terminar la carrera, un retraso en el trabajo de fin de grado le impidió cerrar esa etapa como esperaba y le dejó sin un plan claro para los meses siguientes. “No sabía muy bien qué hacer, ni qué máster elegir”, reconoce. Fue entonces cuando recuperó una idea que ya había escuchado meses antes: irse fuera a trabajar. Una amiga le habló de la oportunidad, decidieron intentarlo juntas y, tras el proceso, ambas fueron seleccionadas. “En verdad, es buena idea”, pensó entonces. Hoy lo tiene más claro: “Qué mejor oportunidad que esta y más con mis años”.
Rumbo a Alemania
Desde noviembre se prepara para ese cambio. Estudia alemán a diario, ya ha alcanzado el nivel B1 y en mayo se trasladará a una ciudad del norte del país para trabajar en un 'Kindergarten', lo equivalente a un jardín de infancia. La diferencia con otras experiencias anteriores es evidente: esta vez no se trata solo de estudiar o viajar, sino de empezar una vida laboral en otro país. “Es trabajar de lo tuyo nada más acabar la carrera, que aquí es bastante más difícil”, explica.
Un futuro abierto
No hay, de momento, un horizonte definido. No sabe cuánto tiempo se quedará ni si ese destino será definitivo. “Puedes estar lo que quieras, según cómo te adaptes”, dice. Y en esa falta de certezas no hay miedo, sino una forma distinta de plantearse el futuro.
Porque, al final, su decisión no nace de tener un plan establecido, sino de querer avanzar. “Es una oportunidad que ahora mismo quiero disfrutar”. Y con eso, de momento, es suficiente.