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Fijado el 10 de mayo como "día cero" para el inicio de la cuarentena del brote de hantavirus

Personal de seguridad sanitaria durante el trasvase de viajeros.
El nuevo protocolo limita el aislamiento obligatorio en el Gómez Ulla a los evacuados del crucero MV-HONDIUS y refuerza la vigilancia sanitaria durante 28 días

La Comisión de Salud Pública aprobó este martes la actualización del protocolo de manejo de personas en seguimiento por el brote de hantavirus Andes vinculado al crucero MV-HONDIUS, estableciendo el 10 de mayo de 2026 como el “día cero” para el inicio oficial de la cuarentena. La fecha coincide con el comienzo del aislamiento en habitaciones individuales de las personas evacuadas del buque.

El documento, consensuado previamente por el Comité Técnico del Sistema de Alerta Precoz y Respuesta Rápida (SIAPR), redefine además el concepto de contacto estrecho y endurece las medidas de vigilancia epidemiológica para contener posibles contagios.

Nueva definición de contacto

El protocolo considera contacto a cualquier persona que haya permanecido en el crucero entre el 1 de abril y el 10 de mayo o que haya mantenido relación con un caso confirmado durante su periodo de transmisibilidad. Este periodo comienza “dos días antes de la aparición de los primeros síntomas o de una PCR positiva en casos asintomáticos”.

Entre los contactos incluidos figuran quienes hayan compartido habitación o baño, parejas sexuales, personas con contacto físico directo y pasajeros de avión situados en la misma fila o en las dos contiguas durante vuelos de larga duración con un caso confirmado por laboratorio.

Cuarentena obligatoria solo para los evacuados

La principal novedad del protocolo es la gestión diferenciada de los contactos. Según el texto aprobado, únicamente las personas evacuadas del crucero deberán cumplir cuarentena obligatoria en habitaciones individuales del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid.

Para el resto de contactos detectados fuera de ese grupo, las autoridades sanitarias realizarán una “valoración individualizada” que permitirá desarrollar el aislamiento en otros espacios habilitados para seguimiento sanitario.

Todos los contactos identificados estarán sometidos a vigilancia reforzada durante 28 días, el periodo considerado de mayor riesgo para la aparición de síntomas compatibles con la enfermedad.

PCR semanales y control diario

El protocolo establece la realización de pruebas PCR cada siete días. Los resultados solo tendrán validez definitiva tras la confirmación oficial del Centro Nacional de Microbiología.

La vigilancia incluirá además controles de temperatura corporal dos veces al día y seguimiento activo de síntomas como fiebre, disnea o mialgias.

Las autoridades sanitarias contemplan cierta flexibilización de las condiciones de aislamiento a partir de la primera semana. Si la PCR del séptimo día resulta negativa, las personas en cuarentena hospitalaria podrán recibir visitas externas utilizando equipos de protección individual y realizar salidas supervisadas por zonas comunes de la planta, manteniendo el uso obligatorio de mascarilla FFP2.

Activación de unidades de alto aislamiento

El documento también regula el procedimiento ante la aparición de síntomas compatibles con la enfermedad, entre ellos fiebre, tos, disnea, vómitos o diarrea. En esos casos, la persona afectada será considerada caso probable y trasladada a una habitación con presión negativa para realizar pruebas diagnósticas específicas.

Además, se activará el preaviso a la red de Unidades de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN) para garantizar una respuesta inmediata si se confirma el diagnóstico.

En caso de confirmación mediante prueba de laboratorio positiva, el protocolo establece el ingreso del paciente en una UATAN. Los pacientes sintomáticos permanecerán ingresados hasta su recuperación clínica completa, mientras que los casos asintomáticos deberán mantener el aislamiento hasta obtener una prueba negativa.

Revisión en 28 días

La Comisión de Salud Pública ha fijado un plazo máximo de 28 días para reevaluar el protocolo y adaptar las medidas “a la evolución epidemiológica y al conocimiento científico disponible”.