El alegre renacer de Rosales
Rosales, la pequeña localidad del municipio de Riello en la que apenas residen media docena de vecinos, ha comenzado a escribir una nueva página en su historia. Lo hace gracias al empeño de un grupo de habitantes, descendientes y simpatizantes del pueblo que han decidido convertir la memoria, el patrimonio y la convivencia en herramientas para evitar que la localidad desaparezca en silencio.
El proyecto 'Rosales, historia que se camina' se ha convertido en el principal símbolo de ese despertar colectivo. La iniciativa nació con la intención de abrir el pueblo a visitantes y recuperar la conexión con un territorio marcado por la despoblación, pero también por una notable riqueza histórica y natural.
Semanas atrás dio su primer gran paso con una ruta senderista de doce kilómetros que reunió a cerca de treinta participantes. La actividad permitió recorrer caminos tradicionales, descubrir parajes como el valle del río Negro y conocer elementos patrimoniales singulares, entre ellos un antiguo canal de origen romano relacionado con explotaciones auríferas.
La jornada comenzó junto a la iglesia del pueblo, donde los asistentes compartieron café y dulces antes de iniciar el recorrido. A lo largo del trayecto, los organizadores combinaron explicaciones históricas con referencias al paisaje y a la memoria de quienes habitaron durante generaciones estas montañas.
La memoria familiar como motor de futuro
Detrás del proyecto se encuentra una implicación emocional profunda. Nuria Díez, una de las impulsoras, ha explicado la importancia de recuperar el vínculo con el pueblo y de mantener viva la memoria de las familias que dieron forma a Rosales durante décadas.
En esa misma línea se sitúa el trabajo de Victoria Díez, centrado en preservar el recuerdo de su abuela, Manuela María Cuesta, y de tantas mujeres que sostuvieron la vida cotidiana en tiempos de enormes dificultades.
La recuperación de Rosales no se plantea únicamente como una propuesta turística o cultural. Para quienes participan en ella, supone también una forma de reivindicar el pasado rural de la comarca y de demostrar que todavía es posible generar actividad y convivencia en núcleos prácticamente vaciados.
Paisaje, historia y patrimonio oculto
El valor patrimonial del entorno ha sido otro de los ejes de esta iniciativa vecinal. El geógrafo Alipio García de Celis ha destacado en un documento elaborado sobre la zona la relevancia paisajística de Rosales, definido como un “balcón natural” desde el que se contempla buena parte de la provincia leonesa.
Los caminos que parten de la localidad atraviesan bosques de robles, abedules y pinos, además de antiguos espacios ligados a la economía tradicional. Durante la ruta, los participantes pudieron observar restos de molinos, prados históricos y construcciones destinadas a proteger colmenas, testimonios de una forma de vida que hoy apenas pervive en la memoria de los mayores.
La jornada concluyó con música, baile y la firma de una orla conmemorativa tras la visita a la iglesia del pueblo, en un ambiente que los organizadores consideran esencial para reforzar la convivencia y mantener vivo el vínculo con Rosales.
Casa Colasa: cuando el pueblo volvía a bailar
El esfuerzo por revitalizar Rosales no se ha limitado a las rutas de senderismo. Durante los últimos fines de semana, vecinos y colaboradores han centrado parte de su actividad en la recuperación de espacios ligados a la memoria colectiva del pueblo, como la conocida Casa Colasa.
La vivienda de Colasa y Valeriano fue hace cerca de un siglo el gran punto de encuentro social de Rosales y de otros pueblos de la comarca. En una estancia de apenas treinta metros cuadrados se improvisaban bailes populares a los que acudían jóvenes de localidades como Folloso, Santibáñez de la Lomba, Andarraso, Cirujales, El Castillo, Espina de Tremor, Ponjos o La Garandilla.
Aquel pequeño cuarto, con suelo de madera y el calor del llarar encendido, servía al mismo tiempo como cocina, dormitorio y salón de baile. Los muebles se apartaban y una simple pandereta bastaba para marcar el ritmo de las reuniones. Bajo el suelo podían verse las vacas del corral mientras los jóvenes bailaban sobre sus cabezas.
Una vecina de Rosales, hoy con 90 años, conserva todavía el recuerdo de aquellas noches de sábado en las que el pueblo entero encontraba en ese reducido espacio su principal forma de ocio y convivencia.
Recuperar espacios para recuperar la vida
Décadas después, Casa Colasa ha vuelto a llenarse de actividad. El pasado fin de semana, colaboradores del proyecto “Rosales, historia que se camina” realizaron trabajos de limpieza y recuperación en el inmueble, restaurado parcialmente hace unos quince años.
La jornada terminó con una barbacoa popular y con un gesto cargado de simbolismo: volver a bailar en el mismo lugar donde generaciones anteriores construyeron recuerdos y relaciones vecinales.
Sin focos, sin grandes escenarios y sin más pretensión que reunirse de nuevo, los participantes quisieron recuperar el espíritu de aquellos encuentros que durante décadas dieron vida al pueblo. Ese sencillo gesto resume el objetivo que hoy persiguen los vecinos y simpatizantes de Rosales: demostrar que aún queda futuro para una localidad que se niega a desaparecer.