El Alto del Rabizo honra a las víctimas del franquismo en un nuevo Primero de Mayo
El Alto del Rabizo, en el municipio leonés de La Robla, ha sido escenario este 1 de mayo de un nuevo homenaje a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. Como cada año, representantes políticos, militantes y vecinos se han reunido en este enclave para recordar a quienes fueron asesinados por defender la libertad, la democracia y la justicia social.
Durante el acto, se subrayó que la cita no responde únicamente a un ejercicio de recuerdo, sino también a la reafirmación de un compromiso político y moral. Los asistentes insistieron en la necesidad de que la memoria democrática siga siendo una obligación colectiva y una garantía frente a la impunidad y cualquier intento de reinterpretar o blanquear la dictadura.
Respaldo institucional y político
El homenaje, organizado por la Agrupación Socialista de La Robla, contó con la presencia de la vicesecretaria general del PSOE de Castilla y León, Nuria Rubio, y del secretario general del PSOE de León, Javier Alfonso Cendón, entre otros cargos públicos y orgánicos. Desde la organización se agradeció el esfuerzo continuado de la agrupación local por mantener viva esta convocatoria año tras año.
Un enclave marcado por la historia
El paraje de El Rabizo es un lugar cargado de significado histórico. Tras el golpe de Estado de julio de 1936, gran parte de la provincia de León cayó en manos de los sublevados, aunque zonas del norte, como la cuenca minera de La Robla, ofrecieron resistencia durante más tiempo.
Fue en este punto donde, el 13 de agosto de 1936, cinco vecinos del municipio fueron asesinados por pistoleros fascistas. Habían sido detenidos y trasladados en camión bajo el pretexto de ser conducidos a Astorga para un juicio militar, pero fueron fusilados ese mismo día junto a la carretera que une La Robla con León.
Las víctimas y su recuperación
Los cuerpos de Arsenio Fuertes González, Isidro del Valle Díez, Domingo Gutiérrez Costilla, Bernardo Orejas García y Amador Arias Arias fueron enterrados en dos fosas separadas por unos metros, cuya ubicación fue señalada por sus familiares poco después de los hechos.
Sus restos permanecieron en el lugar durante más de siete décadas, hasta que fueron exhumados en julio de 2008, en un proceso que permitió dignificar su memoria y devolver sus nombres a la historia.