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El impulso de viñas se presenta como una eficaz "herramienta estratégica" para frenar los incendios forestales en León

La propuesta lanzada por el experto de la FAO, Julio Prieto, tras liderar varios proyectos en El Bierzo y Valdeorras y avalada por la ciencia y Europa, se basa en crear corredores verdes entorno a poblaciones e infraestructuras para favorecer la extinción
Un agricultor trata de defender su campo de un incendio forestal.

En plena alerta por incendios forestales y con el recuerdo de la tragedia medioambiental vivida en la provincia de León el año pasado --la mayor desde que existen registros--, los expertos están volviendo la mirada a un elemento de sobra conocido (y extendido en León) como posible herramienta estratégica para frenar las cada vez más potentes llamas y reducir su efecto destructivo: la vid.

El ingeniero agrónomo, viticultor y experto de la FAO de Naciones Unidas, Julio Prieto, que ha liderado varios proyectos en El Bierzo y Valdeorras, se muestra convencido de que "invertimos millones de euros en apagar incendios, pero sabemos desde hace décadas que existen soluciones naturales capaces de ralentizar el fuego". "La vid es una de ellas y todavía no estamos aprovechando todo su potencial", afirma con rotundidad a Heraldo de León. 

La clave, romper la continuidad del fuego

Según explica, la capacidad de los viñedos para actuar como barreras frente a los incendios responde tanto a las características de la planta como al diseño de las explotaciones. "El viñedo no solo ofrece mucha resistencia al fuego; rompe su continuidad, reduce su intensidad y crea espacios donde los equipos de extinción pueden trabajar con mayor seguridad y eficacia", señala. Una afirmación que se base en experiencias como las que ya se están aplicando de manera pionera en países y regiones tradicionalmente azotados por grandes incendios como Chile o California, que el experto considera que serían perfectamente exportables a El Bierzo o el sur de León, donde ya existen grandes extensiones de viñas.

"Siempre que los incendios llegan a zonas con viñas son abordables", remarca para explicar que eso no significa que las vides apaguen los fuegos, sino que se trata de una especie vegetal que "puede quemarse pero no arde, lo que rebaja la intensidad de los incendios y genera una gran oportunidad de defensa antes de que se conviertan en incontrolables". Algo similar, recuerda, a lo que ocurre con los castaños.

El ingeniero agrónomo, viticultor y experto de la FAO de Naciones Unidas, Julio Prieto.

Viñas y vitáceas en torno a poblaciones e infraestructuras críticas

A la especial naturaleza de las vides se suma la forma en la que se explota: las calles entre cepas, los caminos agrícolas y el marco de plantación generan discontinuidades en el combustible vegetal que dificultan la propagación del incendio. Además, durante la época de mayor riesgo, las cepas mantienen un elevado contenido de humedad, lo que reduce notablemente su inflamabilidad. Igualmente, la gestión habitual del suelo mediante siega o laboreo, hace que se elimine buena parte del combustible fino por el que avanzan las llamas. 

La propuesta que defiende Prieto pasa por impulsar paisajes de vides en torno a núcleos urbanos e infraestructuras críticas como una medida preventiva o línea de defensa. También en torno a masas boscosas para evitar su propagación incluso sin necesidad de que tengan una finalidad productiva, para lo que indica que son igualmente efectivas otras especies de vitáceas, sobre las que incluso no sería necesario realizar trabajos de mantenimiento.

Una inversión con un enorme retorno 

Frente al elevado coste económico, ambiental y humano que suponen los grandes incendios, Julio Prieto defiende que la creación de estos "cortafuegos verdes" representa una inversión preventiva con un coste muy reducido y beneficios duraderos. 

"No podremos recuperar el paisaje agrícola que existía hace más de un siglo, pero sí podemos aprender de él. La prevención debe convertirse en nuestra primera línea de defensa. La vid puede ser una gran aliada para proteger nuestros montes, nuestros pueblos y nuestras vidas, especialmente en zonas donde ya existen como El Bierzo, aunque por la compleja orografía de la comarca no ocupen gran extensiones", concluye. 

"Lo que antes eran cultivos o pastos hoy son grandes superficies continuas de matorral y bosque, es decir, combustible. Con las condiciones climáticas actuales, cualquier chispa puede originar un gran incendio. Si conseguimos romper esa continuidad del paisaje, también reduciremos la capacidad destructiva del fuego", señala. 

La experiencia internacional avala la eficacia

La utilidad de los viñedos como elemento de protección ya ha quedado demostrada en algunos de los incendios más devastadores de los últimos años. 

Prieto pone como ejemplo que durante los incendios de Portugal de 2017 se documentó cómo el fuego perdía intensidad al atravesar las terrazas de viñedo y, en distintos casos, llegaba a detenerse completamente tras alcanzar la tercera línea cultivada. 

Ese mismo año, los incendios del Wine Country de California arrasaron cerca de 65.000 hectáreas y destruyeron más de 5.000 edificaciones. Sin embargo, numerosas bodegas comprobaron que las propias parcelas de viñedo ralentizaron el avance de las llamas y ayudaron a proteger instalaciones y viviendas. 

En España también existen ejemplos recientes. Durante los incendios registrados en Galicia y Castilla y León en el verano de 2025, viñedos situados en comarcas como Valdeorras, Monterrei o Jamuz actuaron como barreras naturales que contribuyeron a proteger diversos núcleos de población. 

El ingeniero agrónomo, viticultor y experto de la FAO de Naciones Unidas, Julio Prieto.

La ciencia y Europa apuntan en la misma dirección 

Esta propuesta coincide con las conclusiones alcanzadas por distintos proyectos de investigación europeos. El proyecto LIFE MIDMACC, desarrollado entre 2019 y 2024, demostró que recuperar viñedos en zonas de media montaña favorece la creación de paisajes en mosaico capaces de reducir la propagación de los incendios. 

En 2025, además, la Unión Europea impulsó las certificaciones Fire Wine Resilient Landscape y Fire Product Resilient Landscape, destinadas a reconocer aquellas explotaciones cuya gestión contribuye a mejorar la resiliencia frente al fuego. 

Tras los incendios sufridos en el Alt Camp y el Baix Penedès, la asociación Corpinnat reclamó igualmente que la viña sea reconocida institucionalmente como un cultivo estratégico para la prevención de incendios forestales. 

Una barrera frente a los megaincendios 

En un realidad marcada por los megaincendios que están afectando a distintas zonas de España, incluyendo León, Julio Prieto recuerda que la actividad agrícola sigue siendo uno de los mejores aliados para la conservación del territorio y la reducción del riesgo de incendios. 

A su juicio, muchos de los fuegos alcanzan hoy una virulencia extraordinaria porque avanzan por amplias áreas donde la agricultura ha desaparecido y el paisaje se ha convertido en una masa continua de combustible vegetal. 

Eso sí, el experto considera "poco realista" pensar en una recuperación masiva de los antiguos cultivos, pero sí defiende aplicar estrategias inspiradas en la agricultura actual, creando corredores de discontinuidad mediante viñedos u otras vitáceas capaces de crecer en entornos muy diversos. "La clave para evitar que un incendio se transforme en un megaincendio está en romper la continuidad del paisaje; esa capacidad de generar mosaicos más resistentes al fuego sí está en nuestras manos", concluye Prieto.