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Los misterios del Heinkel 111 B2 25-42

Restos del Heinkel 111 B2 25-42 después del accidente. Archivo particular de Gregorio Fernández Castañón.
Las dudas que aún quedan sobre el accidente aéreo de 1939 en la montaña leonesa El avión se estrelló en la vertiente sureste del Pico Cerroso, a 1.838 metros de altitud, dentro del actual término municipal de Cistierna

Un accidente aéreo ocurrido en plena Guerra Civil en las montañas del norte de León sigue generando preguntas casi nueve décadas después. El siniestro del Heinkel 111 B2 25-42, un bombardero de la Legión Cóndor, acabó con la vida de seis tripulantes en enero de 1939. Un informe histórico firmado por Eduardo Alcántar pone el foco en las circunstancias reales del suceso y en las dudas que rodearon la investigación oficial.

El avión se estrelló en la vertiente sureste del Pico Cerroso, a 1.838 metros de altitud, dentro del actual término municipal de Cistierna, tras despegar del aeródromo militar de La Virgen del Camino con destino a Zaragoza.

Un vuelo que nunca llegó a destino

El Heinkel, integrado en el grupo de bombardeo K/88, despegó el 17 de enero de 1939 con órdenes de trasladarse a Zaragoza y, posteriormente, operar en el frente de Cataluña. Según la versión oficial franquista, las malas condiciones meteorológicas obligaron a la tripulación a dar la vuelta en las inmediaciones de Burgos para regresar a León.

Durante el regreso, y en medio de una intensa niebla invernal, el aparato impactó contra la ladera del Pico Cerroso, en una zona de alta montaña especialmente abrupta. La localización exacta del lugar del siniestro no se produjo hasta el 8 de febrero, casi tres semanas después, debido a la climatología adversa y a la dificultad del terreno.

La recuperación de los cuerpos

Las primeras brigadas de búsqueda estuvieron formadas por vecinos y mineros de Santa Olaja de la Varga y Ocejo de la Peña, coordinados por las autoridades franquistas. Al día siguiente, una comisión judicial encabezada por el teniente coronel Luis Salas Caballero llevó a cabo la inspección ocular y el levantamiento de los cadáveres.

Restos del Heinkel 111 B2 25-42 después del accidente. Archivo particular de Gregorio Fernández Castañón.

Los seis tripulantes fueron identificados como Modesto Candela Munar, Anselmo Gutiérrez Mateo, Evaristo Peña Sainz-Rojas, Jesús Escudero González, Daniel Eguía Torrealdai y el mecánico alemán Horst Meiling. Dos de ellos aparecieron calcinados en el interior del fuselaje y el resto, semienterrados por la nieve en las inmediaciones.

Los cuerpos fueron trasladados al depósito municipal de León y posteriormente enterrados en distintas localidades de España, mientras que Meiling fue repatriado a Alemania.

Una investigación con lagunas

El informe de Eduardo Alcántar destaca un dato llamativo: los partes de actividad aérea de la región no reflejaron en ningún momento la desaparición del avión, pese a que volaba sobre territorio controlado por el bando franquista y sin presencia republicana en la zona.

Además, una investigación posterior iniciada en 1940 y cerrada en 1948 no pudo determinar con claridad si los tripulantes murieron en acto de servicio o durante una misión de instrucción, lo que impidió aplicar determinados beneficios recogidos en la legislación militar de la época.

¿Accidente o sabotaje?

La versión oficial atribuyó el siniestro a un error humano agravado por la mala visibilidad. Sin embargo, el informe recoge indicios que alimentan una segunda hipótesis: un posible sabotaje. Vecinos de La Mata aseguraron haber encontrado una pieza circular desprendida del avión tras la explosión, un elemento que técnicos alemanes consideraron clave para el funcionamiento de la aeronave.

Esta línea coincide con testimonios y sentencias posteriores vinculadas al caso de los llamados “saboteadores de la Maestranza”, en las que se llegó a afirmar que la caída del Heinkel en Cistierna fue consecuencia directa de acciones deliberadas contra la aviación franquista.

Memoria y dudas abiertas

El accidente del Heinkel 111 B2 25-42 fue objeto de homenajes oficiales en 1939, con ceremonias solemnes y la colocación de una estela conmemorativa que aún permanece en el lugar del impacto. Sin embargo, el trabajo de investigación difundido en su día por Eduardo Alcántar pone de manifiesto que, más allá del relato oficial, persisten interrogantes sin resolver.

Entre la versión del accidente fortuito y la posibilidad de un sabotaje encubierto, el siniestro del Heinkel en las montañas de León continúa siendo uno de los episodios más enigmáticos de la aviación militar durante la Guerra Civil española.