De la 'nevadona' a la 'nevadina'
De la 'nevadona' a la 'nevadina'. La provincia de León afrontó en los últimos días avisos meteorológicos de alto nivel. Los modelos apuntaban a un episodio de nieve relevante asociado a la tormenta Ingrid, con especial incidencia en la montaña y posibilidad de afecciones en la capital, con cotas de nieve de 400 metros.
Ante ese escenario, se activó la alerta naranja y se pusieron en marcha medidas preventivas para el tráfico pesado y la red viaria principal, además del nivel de Emergencia 1 en la capital.
El anuncio de una posible gran nevada reavivó la memoria colectiva, especialmente cuando se cumplía poco más de una década del histórico temporal de febrero de 2015, el último gran episodio invernal que transformó por completo la vida en amplias zonas del territorio leonés.
La ‘nevadona’ que no fue
Sin embargo, el desarrollo real del episodio ha distado mucho de las previsiones iniciales. Las precipitaciones se produjeron de forma intermitente y con escasa intensidad, dejando acumulaciones modestas incluso en cotas altas. En la capital y en buena parte de la meseta provincial, la nieve apenas llegó a cubrir el suelo de manera testimonial.
Las restricciones al transporte pesado y el embolsamiento de camiones, diseñados para evitar situaciones de bloqueo, resultaron finalmente sobredimensionados para un temporal que se quedó en una simple 'nevadina'. La normalidad regresó con rapidez a las carreteras y no se registraron incidencias de gravedad ni aislamientos prolongados.
El espejo de febrero de 2015
El contraste con lo ocurrido en febrero de 2015 es evidente. Aquel año, León vivió una de las mayores nevadas de las últimas décadas, con espesores que superaron los dos metros en zonas de la montaña. Durante casi dos semanas, numerosos pueblos permanecieron incomunicados, se suspendieron las clases en decenas de centros educativos y los servicios de emergencia realizaron miles de intervenciones.
La bajada de la cota de nieve hasta los 400 metros, la persistencia de las precipitaciones y las posteriores temperaturas extremas complicaron de forma extraordinaria las labores de limpieza y asistencia. La vida cotidiana quedó paralizada y la provincia se convirtió en noticia nacional por la magnitud del temporal.
De la prudencia al recuerdo
La experiencia de 2015 explica en parte la cautela con la que se afrontó el episodio de este enero. La activación de avisos y protocolos respondió al temor de que se repitiera una situación similar, aunque finalmente la atmósfera no acompañó a los peores pronósticos.
Una década larga de aquella nevada histórica, León vuelve a comprobar la dificultad de anticipar con exactitud el comportamiento de los grandes temporales invernales. Esta vez, la anunciada ‘nevadona’ se diluyó en copos dispersos, dejando más titulares sobre lo que pudo haber sido que sobre lo que realmente ocurrió.