"Le debemos reconocimiento a la contracultura; da vergüenza hablar de la Transición"
Con una mezcla de humanismo y ciencia, Silvia Alonso Rodríguez, ha recorrido buena parte del mundo mostrando, y asombrando con sus proyectos. Desde visiones más o menos oníricas del diseño industrial, como un robot solar punki, a retorcidas versiones de lo cotidiano, como una tetera con dos picos, pasando por ingenios más futuristas como un prototipo de microcompostadora urbana capaz de generar probióticos.
Todo eso, y mucho más, ha salido de la inusualmente elástica mente de esta joven leonesa de San Andrés del Rabanedo, que este mismo jueves mostrará su último y vanguardista trabajo en la ‘Fábrica de Noche’, una intervención de la antigua Fábrica de Harinas Fernández Nistal de Benavides de Órbigo junto a colectivo interdisciplinar Orquestina de Pigmeos, liderado por el músico Nilo Gallego y el creador audiovisual Chus Domínguez.
Alonso ha sido la artista plástica encargada de la parte visual de intervención ‘site specific’ de la harinera, lo que le ha llevado a investigar la historia de la vieja fábrica a través de su imagen gráfica, poniendo la lupa, especialmente, en los icónicos sacos de harina que utilizó a lo largo de los años. Esta noche, además, participará activamente en la obra realizando una impresión en directo de cartelería con una “vietnamita o chocolatera”, la imprenta que se usaba en las asambleas clandestinas durante el Franquismo y que ella misma ha restaurado.
Arte y ciencia
Alonso estudió Biología en la Universidad de León. En México se interesó por la Antropología Física y Forense y comenzó a experimentar con proyectos que combinaban ciencia y arte, “entre el diseño industrial y la arquitectura biológica”, según explica. Una creciente área de interés que le llevó a Amsterdam para formarse en la vanguardista Academia Gerrit Rietveld. “Aprendí muchísimo y comencé a interesarme en la coordinación de proyectos y en la creación de redes de investigación que mezclaban arte y ciencia”. Así nació, por ejemplo, la mencionada microcompostadora urbana que, gracias a la financiación del Creative Fund europeo y la colaboración con Masharu Studios, pudo mostrar en exposiciones temporales en Austria, Alemania, Croacia, Letonia o Lituania, entre otros países del viejo continente.
Pero el proyecto más singular (hasta ahora) de la artista interdisciplinar hunde sus raíces en su tierra: una combinación de diseño industrial y antropología social con la que rescató las "historias que se contaban durante la transición en los bares de León y Asturias "para demostrar que especialmente en las zonas rurales espacio como los cine clubs o asociaciones vecinales "se habían convertido en espacios de resistencia". Un trabajo que fue galardonado en Países Bajos, uno de los epicentros mundiales del diseño: "Allí les gusta el diseño orgánico", bromea.
Espacios de resistencia
La investigación de este proyecto comienza mucho antes de que Franco fuera siquiera corneta. "Trazo la historia desde el origen del Camino de Santiago y cómo en zonas de montaña o de rutas comerciales se constituyen espacios de reunión donde los vecinos y los peregrinos se comunican en latín. Lo curioso es que estos espacios, con el paso del tiempo, acaban convirtiéndose en lo que en los años 60 se comenzó a conocerse como Casas de Cultura que incorporaban bares", explica. "Eran lugares donde se transmitía la historia oral y eran los únicos espacios en los que se podían reunir con cierta seguridad", añade. Claro que hubo diferentes evoluciones en función de cada zona. Por ejemplo, explica, "en Villablino fue una asociación de vecinos, luego pasó a ser la sede de los migrantes de Cabo Verde y acabó siendo el bar del pueblo".
Alonso defiende que este tipo de espacios "no son solo lugares de reunión, sino espacios estratégicos" provistos de un "valor social" y por lo tanto "deberían ser accesibles a todo el mundo". En su proyecto ha recuperado y recopilado historias de buena parte de la provincia, pero también a moldeado con sus manos piezas y dioramas con Escenas de diferentes tipos de resistencia pública" sin los que no se podría explicar la historia ni la sociología leonesa, donde no faltan los expresiones ancestrales como antruejos o hilanderas, ni tampoco más recientes como los cine club piratas o incluso el beodo fervor del entierro de Genarín. "Todas estas expresiones tienen mucho valor antropológico", indica Alonso. "Al final, España tiene una imagen de sol y plata, pero cuando muestras todo esto se genera un gran interés y se encuentran muchas conexiones con otras culturas, muchas veces inesperadas. Los antruejos, por ejemplo, son muy similares a expresiones del folclore de Lituania y Estonia, y esto muestra de alguna manera cómo han funcionado los movimientos migratorios".
Del CCAN a la Harinera de Benavides
En su recorrido por espacios de resistencia guarda un lugar especial para el CCAN, que llegó a conocer ya en sus últimos años de vida en el Arco de la Cárcel. La mítica buhardilla, llena de largas conversaciones y humo, es un ejemplo singular de contracultura. "Se le debe reconocimiento a la contracultura en España. En otros países, como Alemania, se ha incorporado y es parte de la cultura general, pero aquí todavía hay vergüenza de hablar de la transición", asegura la artista trepalense. "Tenemos que empezar a archivar y documentar el pasado más reciente", apostilla
Esta investigación, sumada a otros proyectos entorno a protestas sociales, trajeron de regreso a Alonso a León desde Amsterdam con la idea de "crear cosas interesantes aquí". Así comenzó, de hecho, su colaboración con Chus Domínguez, a quien conoció hablando del CCAN, y cuyo trabajo conjunto se desvelará esta noche en Benavides.