"La autenticidad escasea y, quien la tiene, no tiene cash: la gente se ha vuelto clon"
Existe en la ciudad de León una pequeña aldea gala que resiste a las modas y a los "clones" que generan. Un espacio que fue pionero, seguramente sin pretenderlo, en eso que ahora se lleva tanto del reciclaje textil y la economía circular, cuando abrió sus puertas hace dos décadas. Un rincón lleno de magia y pasión por lo autentico y lo diferente, con el sello inigualable de Abi, su creadora y alma mater.
[Aviso: si usted no quiere parecerse a la que tiene al lado (ni a la de enfrente, tampoco), busquen a Abi. La encontrarán pergeñando alguna idea loca, o bordando parches en una falda vaquera, o diseñando tatuajes en Crazi Cue, en la calle Renueva.]
Abigail González, que ese es su nombre completo, nació en León (aunque de pequeña vivió unos años en Canarias), y fue poniendo poco a poco orden al caos de una infancia azarosa que la llevó a conocer varios colegios e institutos. Comenzó a estudiar Historia del Arte "pero me aburría", así que se formó en Diseño Gráfico y se hizo Técnico Superior en Grabado y Técnicas de Estampación, porque decidió muy pronto ser libre y "seguir" sus hobbies. "Realmente soy de ciencias; prometo que iba para veterinaria", ironiza sobre su juventud y la rebeldía inherente a esos años, que fue, finalmente, la que le llevó por derroteros muy diferentes a la veterinaria.
Los 20 metros "mejor aprovechados del mundo"
Quizá la única constante en la historia de Abi es el trabajo. Trabajo duro. "Doy clases particulares desde los 18 años, que lo compaginaba con los estudios; a los 21 ya vivía sola y a los 24 abrí Crazi Cue: los 20 metros cuadrados mejor aprovechados del mundo", relata sobre los primero pasos de su singular negocio, todavía en su primigenia ubicación en la calle 24 de abril. Corría entonces el año 2005 y una todavía pizpireta Abi se montó su propio negocio en el que "buscaba vender lo que me gustaba, lo que me molaba, lo que en mis viajes veía y lo que yo compraba en festivales". Aquel primer local junto al Albéitar fue, según indica, "el inicio fue un sueño premonitorio". "Lo monté tal cual lo soñé, con muchas ganas y alguna hierba espirituosa".
Ya en el propio nombre de la marca deja claras sus intenciones. 'Crazi', "es de loca a mi manera", y 'Cue' es "por un pueblo de Asturias en el que veraneaba con mi tía de pequeña". Cuenta Abi que en esta pequeña localidad asturiana "asustaban a la gente con las 'locas de Cue', que eran básicamente señoras con los pelos alborotados y vestidas a su manera, oséa yo". "Mi tía comenzó a decirme loca de Cue con todo el amor de pequeña, y de mayor me dejó la pasta para empezar este sueño de Crazi Cue", señala.
Mezclar, customizar y reciclar
"Siempre fui de esas chicas raras que necesitaban dar una vuelta de tuerca a su vestuario, mezclar, customizar y, sobre todo, reciclar prendas, no me gustaba ir como los demás. De esa forma de vida, surgió mi estilo personal, que es el que sigo compartiendo en Crazi Cue desde entonces", indica. "Empecé vendiendo mis cosas y marcas alternativas de toda España y por supuesto de todo el mundo, marcas que después de los años han ido desaparecido, tristemente, pero que eran únicas y no había nada igual ni parecido en León. Sigo buscando esa distinción en todo lo que llevo a la tienda, es marca de la casa".
Tras siete años en aquel pequeño local del barrio de San Claudio, Abi se mudó al "Crazi Cue grande", según lo define. El de la calle Renueva 25, entre el Nuevo Café Luna y sus 'vermüten sessions' y el Patatín Patatán y sus míticas hamburguesas. "La idea era ampliar el negocio y seguir con mi inquietud por el arte... así que me formé y comencé también a tatuar ahora que tenía espacio. Básicamente, aproveché el tirón que estaba teniendo, ya con muchos clientes y amigos que fueron los que me dejaron un trozo de carne como lienzo", asegura para afirmar que "ahora estoy a tope con el tema del tatuaje y súper contenta".
Claro que no todo ha sido tan fácil como suena. Ya de entrada, no parece sencillo pasar la jornada dando "infinitas vidas a cosas, objetos, ropa"; es decir, "haciendo arte con lo que otros tiran". Pero es que además, Abi es empresaria, dependienta, costurera, tatuadora... también toca la batería en sus ratos libres ("aunque ahora no tengo ninguna banda") y, sobre todo, es madre. Pero por su todo lo anterior pudiera parecer poco, también sigue impartiendo clases con su proyecto reciclARTE: "Lo presenté en varios colegios y ayuntamientos y me salieron varios grupos con niños, con adultos, con mujeres... estoy liadísima pero soy muy feliz y me parece muy gratificante trabajar enseñando".
La resistencia
Y si seguir ese ritmo en lo personal no es tarea sencilla, en lo empresarial, tampoco, y por eso Crazi Cue se ha convertido también en un símbolo de resistencia ante una sociedad grosera y estupidamentemente consumista. "Estoy en constate reinvención, la gente de mi alrededor lo sabe, porque llegar a final de mes es duro: pagar local, autónomos y todos los gastos es una locura, así que estoy siempre intentando mejorar, buscar y hacer cosas que traigan al público. Es difícil porque la gente, en el fondo, es clon: la autenticidad escasea, y quien la tiene, no tiene cash". "Todo lo que me inquieta lo pruebo", explica Abi, "hay muchas técnicas nuevas y es infinito el arte que se puede hacer ahora que todo está al alcance de la mano".
Abi reconoce que con todo lo anterior encima de la mesa "no queda mucho tiempo para las aficiones", por lo que ha convertido sus aficiones en su trabajo. "Pero ahora mismo soy una rancia", dice entre risas, "viví los garitos más molones, con la buena música, la gente hablando y no 'posando', así que ahora mismo soy una jurásica de 45 años que piensa que todo tiempo pasado fue mejor", bromea antes de ponerse sería para concluir que "no me gusta el ambiente actual de la peña viéndolo todo a través del móvil, sin bailes y sin pogos".