"El gran hecho diferencial de León son los concejos: articulan nuestra forma de ser y pensar"
De familia facundina pero nacido en San Andrés del Rabanedo, Javier Pérez Gil, destacó desde muy joven, primero en el colegio de San Isidoro y luego en el Instituto Legio, para terminar sus estudios de Historia del Arte en la Universidad de León con tan solo 22 años y lograr una plaza como profesor asociado en la Universidad de Valladolid, previa obtención del premio extraordinario de fin de carrera. En la capital castellana ha desarrollado durante el último cuarto de siglo su currículo docente e investigador hasta convertirse en una figura clave de la teoría de la arquitectura en nuestro país, reflexionando y trabajando desde el humanismo que, según él, diferencia a la arquitectura de otras disciplinas.
"Buena parte de lo que soy seguramente sea por estar estos últimos 25 años en la Facultad de Arquitectura. Estudié Arte y soy humanista, así que aquí he aprendido mucho, porque la Arquitectura es poliédrica: es la suma de muchas disciplinas", explica desde su despacho de la Facultad ante de señalar que es el componente de Historia que incluye la Arquitectura el que ejerce de hecho diferencial sobre, por ejemplo, las ingenierías. "Un arquitecto sin humanismo es un ingeniero, que no está mal, pero es otra cosa", indica.
La vertiente humanística
Y precisamente, este 'valor añadido' del humanismo es el que, augura, está ya cambiando el paradigma. "A mis alumnos siempre les digo que lo que les diferencia es la vertiente humanística, que cada vez va a ir cobrando más importancia. Una Inteligencia Artificial prácticamente puede hacer el 90 por ciento del trabajo técnico de un arquitecto; lo diferencial va a ser el componente humano, compositivo, teórico, patrimonial y paisajístico... todo lo que responde a la subjetividad y debe ser fruto de crítica humana".
Es decir, que las carreras de letras, muchas veces denostadas, cada vez van a cobrar más importancia dado que "ofrecen lo que nunca podrá ofrecer una IA". Pérez Gil explica este cambio con un ejemplo sencillo: la evolución del sector musical. Un sector que en pocos años y a la vista de todo el mundo ha evolucionado de hacer el agosto con la venta de discos a tener que reinventarse para encontrar su nicho en los directos. Es el valor experiencial que le confiere autenticidad al evento: "Sobre un escenario cabe Rosalía y un señor que canta muy mal, da igual, lo importante es que la gente está dispuesta a pagar para ir a ese concierto porque es solo para ellos".
Patrimonio inmaterial
Esa construcción sobre lo inmaterial es especialmente interesante de trasladar al mundo del patrimonio, en el que Javier es uno de los grandes expertos del país: "El Patrimonio es una construcción cultural", explica. "Antes se hablaba de monumentos, hoy hablamos de patrimonio histórico o cultural porque estamos dando valor a lo inmaterial. Una fábrica hoy puede ser considerada patrimonio mundial y hace 40 años nadie miraba para ella. Esa es la clave: lo inmaterial es cambiante y siempre requiere de una interpretación cultural".
Pérez Gil es consciente de que el "patrimonio es complejo" dado que "nada es importante por empirismo". "Todo es cambiante y nada es objetivo" por lo que "las cosas que veían nuestros padres o abuelos hoy se interpretan de manera diferente; por ejemplo, el papel de la mujer en la sociedad o la percepción que tenemos del tabaco". "A medida que la sociedad evoluciona interpretamos el patrimonio de diferente manera: lo que ayer no tenía valor, hoy puede ser un tesoro".
Los concejos
Llevando esta reflexión a lo concreto, el experto no duda en señalar que seguramente el patrimonio de mayor valor de la provincia de León sean sus 'concejos' o juntas vecinales, una histórica forma de organización que "distingue al territorio leonés y lo ha definido históricamente: desde la política y el poder a la formación del paisaje y las estructuras económicas, pasando por las tradiciones. Así, el derecho consuetudinario leonés debería recibir "especial atención" porque "en buena parte da cohesión cultural al territorio y lo sustenta a través de, por llamarlo de alguna manera, mini aldeas cada vez más despobladas, donde las juntas vecinales son las únicas administraciones que proveen de servicios, que organizan las fiestas en verano, o que ofrecen recursos mínimos; y lo hacen, por cierto, desde la Edad Media hasta nuestros días".
En definitiva, según explica Pérez Gil, los concejos leoneses son los que han articulado "nuestra forma de ser y de pensar" hasta el punto de convertirse en el "gran hecho diferencial y a nivel identitario" de la provincia, llegando a ser el origen incluso de la "forma de relacionarse de las familias y de la gente". Costumbres casi perdidas como el célebre 'palo del pobre' (hospitalidad obligada) de La Cabrera, las 'facenderas' o la 'espada de las nieves' en Babia siguen vivas en forma de "compromisos solidarios", muy presentes en el acervo "de cualquier leonés" porque "lo han heredado de madres y abuelos". Incluso ese punto que tenemos en León de no destacar más de lo necesario, se explica en parte por la idea comunal de que "todo debe redundar en el bien común, sin perjudicar a nadie".
Pendones y ramo leonés
Mientras reclama "más cuidado" de los concejos, el también director de la Cátedra 'Palacio Real de Valladolid' de Patrimonio Cultural y Defensa, advierte de otros elementos inmateriales leoneses que sí han logrado ser puestos en valor en los últimos tiempos como los pendones o el ramo leonés. "Los pendones estaban reducidos a cuatro eruditos en círculos mínimos, y hoy no hay romería sin concentración de pendones y hay una asociación que lo está haciendo muy bien; lo mismo que el ramo leonés, que poca gente conocía hace 30 años, pero hoy todo el mundo lo defiende como algo suyo, algo autóctono". "En ambos casos, se ha logrado recuperar ese gran valor inmaterial que hace 30 años estaba totalmente desactivado", destaca.
El problema para conseguir más resignificaciones y puesta en valor de patrimonio (por ejemplo la minería) en un contexto como el leonés es "la falta de fondos". "En las administraciones de cualquier nivel hay técnicos bien formados, pero el problema siempre es económico: los fondos no llegan a todo los que tienen que llegar por incapacidad presupuestaria". Y a escasez de recursos, son los políticos quienes deciden dónde priorizar, lo que a larga acaba siendo "uno de los grandes peligros del patrimonio", cuya protección y recuperación queda sujeto a "veleidades políticas": "Hay grandes valores patrimoniales totalmente denostados que se están dejando perder y que se llegan a destruir".