"Para un socialista la política es honradez, lo de Zapatero es una patada en la espinilla"
Celestino Álvarez Porto es hoy un "jubilado vago y feliz" que disfruta del tiempo con su familia y devora libros. Pero Tino, como le conoce todo el mundo en León, es una figura clave para entender León y la política leonesa. Su padre, trabajador de Telefónica de Priaranza del Bierzo y su madre, gallega de Betanzos, trabajaba en la vecina Palencia cuando nació, así que según su DNI es palentino, aunque él recuerda que "solo estuve allí 15 o 20 días de recién nacido, pero luego ya me trajeron a León y no me he movido".
En realidad, sí hubo un pequeño y movido momento de su pasado en que se tuvo que mover. Con los últimos estertores del Franquismo le tocó hacer la mili en el 75. Era todavía un jovenzuelo, pero ya estaba casado y tenía un bebé de 6 meses cuando llegó la carta a casa. "Mi pretensión era quedarme en León para aprovechar los permisos para estar con la familia, pero me mandaron a Segovia". No está claro si aquel destino fue para fastidiar o no, porque Tino por aquel entonces, aunque no militaba, ya formaba parte de los círculos socialistas de la ciudad, pero lo cierto es que "en Segovia estaba cuando murió Franco", recuerda de aquellos convulsos momentos que vivió en un cuartel hasta que se licenció al año siguiente, en 1976, ya con el cambio llamando a las puertas del país.
El "asombroso" tirón de Felipe
Tino había estudiado en los Maristas. Un par de años al menos porque "un curso suspendí cuatro y discutí con mi padre". "Se acabó estudiar y entré como aprendiz en el despacho de arquitectura de Daniel Calleja Calleja, una persona maravillosa", evoca. Pero tras cada jornada, Tino no dudaba en ir al encuentro de sus compañeros socialistas, junto a quienes impulsó la Agrupación Socialista de León primero, y muchas otras a lo largo y ancho de la provincia, después. "Nos movíamos de un lado a otro en nuestro coche tratando de introducir el partido en la provincia y ganar militantes que se tradujeses en votos", explica de un tiempo en el que en las calles se mezclaba "el miedo y la esperanza" pero en que contaban con un comodín: "El tirón de Felipe (González), que era asombroso".
Tino y sus compañeros socialistas leoneses fueron plantando la semilla socialista allí donde encontraban terreno fértil e incluso donde era yermo. "Había mucho miedo y mucha resistencia", recuerda, "aunque es cierto que había lugares donde la gente estaba muy decidida como la zona de Ciñera o en El Bierzo, allí salían a recibirnos a la calle, eran gentes mucho más abiertas". No olvida que fueron "momentos difíciles" pero también "apasionantes" y cargados de emotividad ante el encuentro con "muchos familiares de represaliados".
Toda esa pasión fue cuajando y Tino cada vez estaba más implicado con las siglas del puño y la rosa, que con preferencia por los aspectos "organizativos" y no tanto por lo "puramente político". "Al principio montamos la sede en la carretera de Zamora y luego ya nos movimos a la zona donde está ahora (en el barrio de San Mamés). Yo trabajaba mañana y tarde, pero en cuanto salía cogíamos el coche e íbamos de aquí para allá, fueron horas y horas dedicadas al partido", indica: "Había mucho por hacer porque, básicamente, no había nada hecho".
En la oposición a Morano con Capdevilla
Clave en la historia de Celestino es la figura del histórico dirigente socialista Ángel Capdevilla, que era su cuñado y fue quien le insistió para poner su nombre en las listas electorales del PSOE a la alcaldía de León. "Yo no quería", dice Álvarez, "así que traté de escurrirme y al final conseguí ir de número 12, que ya me parecía suficiente... pero aún así salí concejal". Fue en la segunda legislatura de la democracia cuando Tino formó parte de la oposición al entonces alcalde 'popular' Juan Morano Masa. "Fueron cuatro años muy complicados, Morano nos metía plenos y comisiones de 35 o 40 puntos, algo tremendo para lo que hacía falta mucho tiempo y preparación, muchos compañeros trabajaban solo de mañanas, pero yo trabajaba mañana y tarde, así que no me daba la vida".
"Es una gozada ser concejal de tu ciudad porque ves como se transforma y mejora, pero acabas frustrado por las oportunidades que se pierden", asegura recordando aquellos años en la política municipal.
Siempre fiel a Capdevilla, fallecido en 2022 y recordado como uno de los seis parlamentarios del PSOE elegidos por la provincia leonesa en las históricas elecciones generales de 1982, Tino vivió en primera persona el auge político de José Luis Rodríguez Zapatero, quien pasó de ser "un crío que venía de la Facultad de Derecho" a "inesperado" secretario general del PSOE y primer presidente del Gobierno leonés. "Ideológicamente estábamos separados", asegura Álvarez, "pero ya era la persona con mayor capacidad de persuasión que he conocido y siempre ganaba en todas las asambleas".
Zapatero, una "patada en la espinilla"
Zapatero, de nuevo en la picota en estos días por sus presuntas corruptelas, es ahora una "patada en la espinilla" de Tino que confiesa estar en "estado de shock" ante lo que va viendo y escuchando. "Me quedé de una pieza; para un militante del PSOE, la política es y debe ser honradez y saber escuchar. Zapatero llegó hasta donde llegó de una manera muy difícil; era el único presidente que no tenía a ningún ministro en la cárcel y, en cierto modo, era un orgullo para todos los socialistas, especialmente los leoneses". "Hay que llevarlo", apostilla lacónico y remarcando que, pese a todo, se debe defender su "presunción de inocencia".
Lo cierto es que Tino se casa con nadie. Ni con Francisco Fernández, líder socialista en León y alcalde de la ciudad en los años en que Zapatero dormía en Moncloa de quien asegura que "hubo cosas que no me gustaron" y de las que "habría que alejarse", a José Antonio Diez, actual regidor capitalino y secretario de la Agrupación Socialista de León que Álvarez contribuyó a crear, de quien cree que "hay muchas cosas mejorables". No obstante, sí se muestra cercano a Diez en sus aspiraciones autonomistas reafirmando que en León "seguimos muy alejados de política nacional y autonómica". "Ves la trayectoria de León, con las crisis que van pasando, las empresas que perdemos, y ves que hay muchas cosas que no se están haciendo por falta de voluntad política... es una frustración tremenda". "Ahora tenemos la ilusión de estrenar la Facultad de Medicina, vamos a ver si logramos anclarla", significa.
El trabajo detrás del agua "buenísima" de León
Al margen de la política, Tino quedó 'huérfano' (y en el paro) cuando Calleja falleció, momento en el que su vida dio un giro inesperado. "un amigo me comentó que había unas oposiciones a la empresa de Aguas, me presenté y saqué la plaza". Así que desde 1995 hasta su temprana jubilación en 2015, fueron 20 años dedicados a la gestión de una de las infraestructuras más importantes de la ciudad como operador de planta. "El sistema es una gozada y una maravilla de la ingeniería", explica. "Tenemos un agua excelentísima; quizá la fama la tenga la de Madrid, pero el agua de León es buenísima", destaca al tiempo que valora la "fantástica labor" que realizan todos los trabajadores de la hoy conocida como Aguas de León.
"Cuando yo trabajaba venían muchos niños de colegios a ver las plantas, era muy bonito enseñarles todo aquello pero en el fondo pensaba que sería también importante llevar a los mayores a que vieran y entendieran en qué se gastan sus impuestos. Mucha gente abre el grifo y no lo piensa, pero el trabajo que hay detrás es fantástico y hay que valorarlo".