Tres eclipses para la ciencia, la historia y las artes
La península ibérica, y en especial la provincia de León (escenario clave como observatorio), va a asistir a un acontecimiento astronómico muy poco frecuente: entre los años 2026 y 2028 podrán observarse dos eclipses totales de Sol, no vistos desde hace más de un siglo, y uno anular. Con ocasión de estos tres esperados espectáculos cósmicos, el libro Eclipses. El Sol y sus eclipses en la ciencia, la historia y las artes ofrece un recorrido multidisciplinar para descubrir cómo la observación de nuestra estrella y sus eclipses han hecho avanzar el conocimiento científico, influido en el curso de acontecimientos históricos e inspirado mitos, leyendas y obras de arte.
El libro está editado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MCIU), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto Astrofísico de Canarias (IAC), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), adscrito al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible (MTMS), y Geoplaneta; y coordinado por Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional (OAN-IGN).
Eclipses. El Sol y sus eclipses en la ciencia, la historia y las artes reúne aportaciones de personal investigador y divulgador vinculado a este centro de investigación, al CSIC y al IAC. Una veintena de firmas entre las que se encuentran especialistas en física solar de renombre internacional y quienes realizan los cálculos astronómicos para predecir los eclipses. Con apoyo de fotografías, mapas y reproducciones de obras de arte, los autores abordan tanto los hitos científicos a los que han dado lugar los eclipses como la huella que han dejado en la imaginación y la memoria colectiva de la humanidad. La publicación incluye también una detallada explicación de los tres eclipses que podrán verse desde España y recomendaciones para observarlos de forma segura.
La triada de eclipses de 2026, 2027 y 2028
El libro, que se presentó ayer en la Librería Científica del CSIC en un acto con varios de sus autores, arranca con una pormenorizada descripción de la ‘triada ibérica’ de eclipses. El primero de ellos se producirá el 12 de agosto de 2026 y será total. La franja de totalidad, en la que la Luna cubrirá completamente el Sol, cruzará España de este a oeste y pasará por varias capitales de provincia desde Oviedo a Palma de Mallorca. Este eclipse ocurrirá próximo al ocaso y el Sol estará muy cerca del horizonte, por lo que será conveniente observarlo desde un lugar con buena visibilidad hacia el oeste.
El segundo eclipse, también total, será casi un año después, el 2 de agosto de 2027. La franja de totalidad atravesará el estrecho de Gibraltar de oeste a este y cubrirá el extremo sur de la península ibérica y el norte de África, incluyendo ciudades como Cádiz, Málaga, Ceuta y Melilla. Tendrá lugar durante la mañana y la máxima duración de la totalidad se producirá en Ceuta, con 4 minutos y 48 segundos.
El 26 de enero de 2028 llegará el tercero: un eclipse anular que cruzará la península del suroeste al noreste justo antes de la puesta de Sol, incluyendo ciudades como Sevilla, Málaga, Murcia y Valencia. En un eclipse anular el disco de la Luna no llega a cubrir el del Sol y lo que se ve es un anillo luminoso: el contorno del disco solar sobresaliendo por detrás del disco lunar. “Esto se debe a que la Luna se encuentra ese día más lejos de la Tierra que en el caso de un eclipse total, de modo que su disco se ve más pequeño que el del Sol”, explica Bachiller.
La ciencia de los eclipses
El papel de los eclipses en la historia de la ciencia es uno de los temas centrales del libro. Aristóteles llegó a la conclusión de que la Tierra es redonda observando la sombra que nuestro planeta proyecta en un eclipse de Luna. Pero el primero en explicar científicamente los eclipses solares fue Sosígenes de Alejandría, quien, al constatar que el disco lunar no siempre llega a cubrir el solar, dedujo en el siglo I a.C. que la distancia de la Tierra a la Luna no es constante.
Pedro Pablo Campo (OAN-IGN) y Cristina Rodríguez López (Instituto de Astrofísica de Andalucía, IAA-CSIC) señalan que desde la Antigüedad civilizaciones como la griega, la china o la maya trataron de identificar los complejos ciclos de los eclipses. Aunque fue Friedrich Bessel, a principios del siglo XIX, quien estableció el método que se utiliza en la actualidad para definir estas periodicidades.
Las primeras expediciones científicas para observar eclipses comenzaron en el siglo XVIII y aportaron un conocimiento muy valioso sobre las capas externas del Sol. “Eran estudios de gran dificultad, pues los eclipses solares totales más largos apenas superan los siete minutos de duración, unos instantes cortísimos para dibujar, fotografiar u obtener un espectro de estas capas externas del Sol”, relata Bachiller.
Entre los hitos científicos logrados gracias a los eclipses, Jose Carlos del Toro y David Orozco (IAA-CSIC) destacan el descubrimiento del helio, detectado en 1868 en el Sol al estudiar las protuberancias de nuestra estrella durante un eclipse. Otra aportación fundamental fue la confirmación experimental de la teoría de la relatividad de Einstein en 1919, cuando dos expediciones organizadas por Arthur Eddington para observar un eclipse lograron medir cómo la gravedad del Sol curvaba la luz de las estrellas.
Pero la ciencia no solo se ocupa de los eclipses de Sol o de Luna. Alba Vidal (OAN-IGN) apunta que los ‘tránsitos’ de Mercurio y Venus, que se producen cuando estos planetas se alinean con el Sol, también pueden ser considerados eclipses. Su estudio contribuyó a calcular las distancias que nos separan de ellos y señaló un desajuste entre las órbitas de estos planetas y las predichas por la ley de la gravitación de Newton. Este desajuste solo pudo explicarse cuando Einstein, en 1915, formuló su teoría de la relatividad.
Como explican Benjamín Montesinos (Centro de Astrobiología, CSIC-INTA) y Cristina Rodríguez López, también hay eclipses fuera del sistema solar. Es el caso de los sistemas de estrellas binarias que se eclipsan entre sí y de los tránsitos de exoplanetas, que son fundamentales para detectar mundos fuera de nuestro sistema solar.
El estudio del Sol
El libro presta una especial atención a la investigación del Sol. Héctor Socas-Navarro (director de la Fundación del Telescopio Solar Europeo) y Miguel Santander (OAN-IGN) detallan la estructura física del Sol y las distintas capas que lo componen, desde el núcleo a la corona. También ofrecen datos llamativos, como que el ecuador del astro rey gira más rápido que sus polos o que nuestra estrella invierte su campo magnético (el norte se vuelve sur) aproximadamente cada 11 años.
Christoph Kuckein y Manuel Collados (IAC) presentan los telescopios solares terrestres, que desde la invención del coronógrafo a principios del siglo XX permiten observar el Sol sin tener que esperar un eclipse. Entre ellos destacan en Canarias los telescopios solares del Observatorio del Teide, del Roque de los Muchachos y el futuro Telescopio Solar Europeo, que se construirá en las cimas de La Palma con el objetivo de entender cómo el Sol puede acumular en su atmósfera gigantescas cantidades de energía.
Por su parte, María Balaguer y Jose Carlos del Toro (IAA-CSIC) analizan las misiones espaciales que monitorizan el Sol de forma continua, evitando la distorsión atmosférica de la Tierra y permitiendo un acercamiento sin precedentes al astro rey. La misión Solar Orbiter, lanzada por la Agencia Espacial Europea en 2020 y en la que España juega un papel destacado, es la primera que se acerca tanto a nuestra estrella con una batería de instrumentos de sondeo remoto.
Los eclipses en la cultura
La influencia de los eclipses en la historia, las creencias, la literatura, la música o la pintura es otro de los grandes temas del libro.
Miguel Querejeta (OAN-IGN) y Juan Antonio Belmonte (IAC) realizan un recorrido histórico desde la Antigüedad en el que analizan cómo los eclipses han sido interpretados como presagios, señales divinas o herramientas políticas por diversas culturas. Los investigadores relatan que el registro más antiguo de un eclipse se encontró en una tablilla de arcilla en Ugarit (Siria) y data del 1223 a.C. También dan cuenta del eclipse del año 763 a.C., que sirve a los historiadores de hoy para datar con precisión la cronología del Reino de Asiria, y de que Cristóbal Colón usó un eclipse lunar en 1504 para asustar a los nativos de Jamaica y conseguir provisiones.
En la historia de España, los eclipses han dejado igualmente su marca. Querejeta y Vidal cuentan que en el año 939 un eclipse de Sol produjo tanto temor entre contendientes cristianos y musulmanes que la batalla de Simancas se pospuso durante varios días. Algunos eclipses de los siglos XIII y XIV han quedado recogidos en inscripciones de piedra y el eclipse total de 1905 se convirtió en un fenómeno científico y cultural que ha pasado a la posteridad con algunas imágenes icónicas, como las de los globos aerostáticos que se lanzaron en Burgos para observarlo.
En la pintura, Querejeta y Balaguer proponen un recorrido desde las primeras representaciones del eclipse de la crucifixión que supuestamente precedió a la muerte de Cristo hasta los lienzos de Genovés, pasando por obas de Rubens, Grosz, Dalí o Ernst. En la música, resaltan que los eclipses han inspirado un aria de Händel, el jazz Charles Mingus o a artistas como Pink Floyd, Iron Maiden o Bonnie Tyler.
En cuanto a la literatura, Querejeta analiza pasajes de la Biblia y de autores como Homero, Dante, Shakespeare o Juan Ramón Jiménez en los que el eclipse funciona como metáfora de ceguera, caos político o presagio de tragedia.
Por su parte, Eva Villaver (IAC) y Marina Rodríguez-Baras (OAN y ESA) recopilan mitos y leyendas de todo el mundo, que reflejan la fascinación o el miedo que los eclipses han causado en diferentes culturas. En muchas tradiciones el Sol es devorado por un ser hambriento, como el gigantesco lobo Fenrir de la mitología nórdica, el demonio Rahu de la mitología hindú o los dragones celestiales de la mitología china. Pero también hay mitos que remiten a encuentros apasionados entre el Sol y la Luna, como ocurre en la mitología tahitiana o la alemana.
Una oportunidad para acercarse a la ciencia
El libro quiere contribuir al disfrute y la observación segura de los eclipses. Para ello Rodriguez-Baras y Orozco describen la experiencia sensorial que supone vivir un eclipse total y observar fenómenos como las ‘perlas de Baily’, fragmentos de luz que se filtran por las montañas y valles del relieve lunar justo antes de la totalidad.
Jorge Pérez Gallego (Observatorio Solar Nacional de Estados Unidos) y Valentín Martínez PIllet (IAC) repasan la reciente tríada de eclipses que cruzó Estados Unidos entre 2017 y 2024 y que se convirtió en un ejemplo de movilización social y científica para la futura tríada española.
Y, como apéndice del libro, Balaguer ofrece una guía técnica para observar los próximos eclipses con seguridad. Para evitar lesiones oculares, la especialista señala que solo podemos mirar al Sol de manera directa con gafas de eclipse homologadas, que deben cumplir la norma ISO 12312-2:2015, incluir el sello CE auténtico y haber sido fabricadas en los últimos tres años. Las gafas solo pueden retirarse durante la fase de oscuridad, en los instantes de totalidad.
Más sobre el trío de eclipses
Con ocasión de los eclipses que se sucederán entre 2026 y 2028, el Gobierno ha creado la Comisión Interministerial para el Trío de Eclipses, un órgano colegiado adscrito al MICIU para garantizar la preparación, organización y coordinación de las actividades que celebren las administraciones públicas con motivo de estos eventos astronómicos. Y, en colaboración con la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), el Gobierno ha lanzado la web oficial del Trío de Eclipses: www.trioeclipses.es. Está concebida como el portal de referencia para la ciudadanía, los medios de comunicación, la comunidad científica y los organismos colaboradores, y en ella se reúnen actividades y recursos educativos y se ofrece información útil de cara a planificar la observación.
Asimismo, el CSIC prepara un completo programa de actividades para disfrutar de los eclipses. Se incluyen observaciones, exposiciones, talleres, los conciertos sinfónicos multimedia ‘Armonía eclíptica’ en varias ciudades y la publicación del libro ilustrado Eclipses: cuando la luz desaparece. Varias de las actividades organizadas por la institución acercan los eclipses a las personas con discapacidad, para que todo el mundo pueda disfrutar de estos eventos a través de experiencias inclusivas.