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"A tomar por culo"

La historia política española podría escribirse a través de los micrófonos indiscretos...

La historia política española podría escribirse a través de los micrófonos indiscretos. Hay discursos memorables, sí. Pero las frases que verdaderamente sobreviven son las que escaparon al control de quien las pronunció.

Da igual que después lleguen explicaciones, matices o disculpas. La sentencia ya pertenece al dominio público

"A tomar por culo". Bastaron tres palabras de boca del alcalde de León, José Antonio Díez, pronunciadas cuando creía haber abandonado el foco, para incorporarse a esa antología involuntaria de expresiones que terminan acompañando a un político durante años. Da igual que después lleguen explicaciones, matices o disculpas. La sentencia ya pertenece al dominio público.

No es un fenómeno nuevo. Federico Trillo dejó para la historia aquel inolvidable "¡Manda huevos!", convertido casi en patrimonio del lenguaje popular. José María Aznar presumió de hablar catalán "en la intimidad". Mariano Rajoy regaló un repertorio inagotable de frases imposibles, desde "un vaso es un vaso y un plato es un plato" hasta aquella campaña en la que aseguró que "cuanto peor, mejor para todos, y cuanto peor para todos, mejor; mejor para mí, el suyo, beneficio político". Alfonso Guerra inmortalizó aquello de que "el que se mueva no sale en la foto". Y probablemente podrían llenarse varios tomos con lapsus, exabruptos y comentarios captados cuando sus protagonistas creían que ya no estaban siendo observados.

Cada teléfono móvil es una cámara. Cada cámara es una hemeroteca. Y cada desliz tiene vocación de eternidad

La diferencia es que antes los micrófonos se olvidaban abiertos por accidente. Hoy todos los micrófonos están siempre abiertos. La política del siglo XXI vive instalada en la grabación permanente. Cada teléfono móvil es una cámara. Cada cámara es una hemeroteca. Y cada desliz tiene vocación de eternidad.

Lo sucedido con José Antonio Díez no debería analizarse únicamente desde la óptica del insulto o de la mala educación. Lo verdaderamente interesante es comprobar cómo un instante espontáneo tiene mucha más capacidad para definir una imagen pública que cientos de comparecencias preparadas por asesores.

El ciudadano sigue concediendo más credibilidad a los segundos robados que a las horas cuidadosamente escenificadas

La comunicación política ha perfeccionado hasta el extremo los discursos oficiales. Se pesan las palabras, se calculan los silencios y se ensayan las respuestas. Sin embargo, el ciudadano sigue concediendo más credibilidad a los segundos robados que a las horas cuidadosamente escenificadas. Porque en ellos presume encontrar al político auténtico.

Quizá por eso estas frases permanecen. No por su brillantez, que rara vez existe, sino porque parecen arrancadas de la verdad. Son pequeñas grietas por las que se cuela la persona detrás del cargo.

El alcalde leonés descubrirá que su "a tomar por culo" será recordado mucho más tiempo que muchos de sus anuncios municipales

El alcalde leonés descubrirá que su "a tomar por culo" será recordado mucho más tiempo que muchos de sus anuncios municipales. Es injusto, quizá. Pero la política siempre ha tenido algo de literatura, y la literatura posee una debilidad irresistible por las frases redondas. Al fin y al cabo, los ciudadanos olvidan presupuestos, inauguraciones y ruedas de prensa. Pero nunca olvidan una frase que resume un carácter. Y eso, para bien o para mal, suele ser mucho más difícil de borrar que cualquier titular.