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Cuando la nieve paraliza lo que debería estar preparado

Resulta cuanto menos desconcertante que, en una provincia como León, donde la nieve forma parte del paisaje invernal...

Resulta cuanto menos desconcertante que, en una provincia como León, donde la nieve forma parte del paisaje invernal desde siempre, una nevada moderada sea suficiente para colapsar la circulación en carreteras nacionales y autonómicas. No hablamos de temporales excepcionales ni de episodios extremos, sino de precipitaciones previsibles, anunciadas con antelación y, en muchos casos, de escasa intensidad. Y, sin embargo, el resultado se repite: vías cortadas, tráfico detenido, mercancías bloqueadas y pasajeros atrapados.

Las consecuencias de esta falta de previsión son graves. Centenares de transportistas se ven obligados a detener su actividad y a pasar noches enteras en condiciones indignas, sin servicios adecuados y sin información clara. A ello se suma el trastorno general para ciudadanos que ven interrumpidos de forma abrupta sus desplazamientos por motivos laborales, sanitarios o personales. No es razonable que una nevada habitual obligue a replantear planes como si se tratara de una catástrofe imprevisible.

¿Están nuestras carreteras construidas con materiales o diseños inadecuados para el clima que soportan cada invierno?

Cabe preguntarse, por tanto, dónde radica el problema. ¿Están nuestras carreteras construidas con materiales o diseños inadecuados para el clima que soportan cada invierno? ¿O es que una parte significativa del parque móvil, especialmente el profesional, no está debidamente adaptado a circular en condiciones de frío y nieve? Probablemente se trate de una combinación de ambas cuestiones, agravada por una deficiente planificación y respuesta de las administraciones competentes.

La comparación con otros países de Europa occidental y de Centroeuropa resulta inevitable. En territorios donde la nieve es mucho más abundante y persistente, la circulación solo se ve seriamente afectada cuando las precipitaciones son realmente excepcionales. Allí existe una cultura de prevención, infraestructuras preparadas y protocolos eficaces que permiten mantener la actividad económica y la movilidad con normalidad.

Precisamente por ello sorprende aún más la fragilidad de nuestro sistema de respuesta. Cuando las grandes nevadas se concentran en zonas de alta montaña o en circunstancias muy concretas

Además, conviene recordar que las nevadas actuales distan mucho de las de hace décadas. Salvo contadas excepciones, son menos frecuentes y menos intensas. Precisamente por ello sorprende aún más la fragilidad de nuestro sistema de respuesta. Cuando las grandes nevadas se concentran en zonas de alta montaña o en circunstancias muy concretas, ¿cómo se justifica que en el resto del territorio el impacto sea tan desproporcionado?

Todo apunta a que algo no se está haciendo bien. O falta preparación, o falta cultura de adaptación al medio, o ambas cosas a la vez. En una provincia como León, la nieve no debería ser una excusa para el colapso, sino un fenómeno asumido y gestionado con normalidad. Porque lo que no es de recibo es que lo previsible siga tratándose como si fuera extraordinario.