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Goiria, un quijote de su causa

Asier_AnyMaking
No soy yo el que defiende a Asier Goiria. Lo sabe él y lo saben los que me conocen. Creo que cada uno es mayor y responsable de sus actos...

No soy yo el que defiende a Asier Goiria. Lo sabe él y lo saben los que me conocen. Creo que cada uno es mayor y responsable de sus actos. Creo que, desde la profesionalidad más absoluta, nadie escupe hacia arriba y busca la saliva expulsada en la diana de su cabeza. Lo creo, aunque también he conocido a algunos que jugaban al despiste consigo mismos y sumaban puntos de sus esputos.

Goiria vive con su pasado atado a sus tobillos, arrastrando la gloria de Amorebieta y el desastre de Murcia, asido a la supervivencia que le da respiro al aceptar un proyecto que será un transatlántico en el Grupo I, con la necesidad de resultados inmediatos ajustados al nudo de la soga al cuello del error. Y no soy, insisto, nadie para salir en su defensa, pero tiene razón, mucha razón. Se ha visto salpicado por una gestión nefasta y poco profesional del club representada por Natichu, una directora general que sabrá moverse en los despachos, pero con una carencia de conocimientos futbolísticos y de los tiempos de un club tremenda. Lleva todo el año llenando alforjas de errores en su carro. En cualquier empresa, se habrían tomado decisiones en su contra, pero en la Cultural, ya se sabe, un club dirigido con un mando a distancia desde Qatar y donde las pilas las carga y recarga Antonio Martínez. Un disparate, en condiciones normales. La pena es que Antonio, al que no le gustan los focos y los flashes, no da la cara y vive en una permanente reclusión de cara al espectador, porque decir aficionado duele cuando no se le tiene en cuenta.

A lo que iba, que Goiria tiene razón. Es normal que tras un estacazo tan gordo como el murciano, sea esta oportunidad casi la última de demostrar su valía, de exponer su trabajo, de sentirse de nuevo importante alejado de las injerencias que sufría desde la plata noble del club grana. Y ha llegado para no repetir un modus operandi que le llevó al suicidio deportivo hace algunos meses. Un DD debe traer de su mano un entrenador afín, en su misma sintonía y con un modo de ver e interpretar el fútbol idéntico. No hacerlo lleva a buscar refugio en el fracaso. Incluso, muchas veces, yendo de la mano se yerra.

Por eso llegar a León y encontrarse con un entrenador que parecía ser del gusto de ese espectador y de los designados por la propiedad hace que la angustia emerja. Luego se leen entrevistas de Natichu donde deja entrever que Rubén de la Barrera será el técnico y… a buscar acomodo en la cueva o alzarse y plantar cara. Goiria escogió la segunda. El problema fue del club en palabras de Natichu, de Rubén, por creer y confiar en la anterior, otra vez de Rubén, por llegar a un club moribundo y no firmar una campaña más, y de Antonio Martínez, por firmar a Goiria conociendo la situación y la querencia de la masa social por el técnico gallego.

Y Goiria ha leído bien los tiempos. Ha sido paciente. Esperó acabar la campaña para justificar una decisión tras una etapa de De la Barrera con unos números horribles -vale, se encontró una plantilla con taras y falta de calidad/talento-. Y comenzar viciado un proyecto, con un técnico al que algunos, en minoría, no quieren, lastra cualquier utopía de ascenso. ¿Se imaginará Goiria que se pierden los tres primeros partidos de la 26/27 con Rubén en el banquillo? Seguro que sí. Por eso, quiere morir con sus ideas, con su ejército, con su trabajo. ¿Se equivocará? Ni idea, pero, al menos, sabe que la Cultural del próximo curso será la suya. Y como falle… le van a llover hostias como panes -metafóricamente hablando, claro está-.