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Una trampa en la taquilla del Albéitar

El pasado sábado cerca un centenar de personas se quedaron sin poder acceder a la representación teatral programada para ese día...

El pasado sábado cerca un centenar de personas se quedaron sin poder acceder a la representación teatral programada para ese día en el escenario perteneciente al Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de León.

Situado en el céntrico edificio del Albéitar, mantiene desde hace años una interesante programación cultural (artes escénicas, música y otras). Con una capacidad para unas 200 personas, el sábado está destinado generalmente a dar cabida a representaciones de grupos teatrales tanto de la provincia, como del panorama escénico nacional.

La excelencia de la programación mantiene, sin embargo, un modelo de adquisición de la entrada correspondiente más propio del pasado siglo que del actual. Por extraño que resulte, más tratándose de una institución universitaria, no existe la opción de comprar una entrada vía on line. Quien desee asistir a una representación debe hacer cola a la intemperie, al menos durante media hora antes de que se inicie el espectáculo.

Es un lamentable modelo de gestión que, como ocurrió el pasado sábado, día 17 de enero, el sistema facilita el trampeo con la venta de las entradas

Aún así, en algunas ocasiones, te puedes encontrar con que antes de tener la suerte de alcanzar la taquilla te anuncien que ya no quedan entradas. Es un lamentable modelo de gestión que, como ocurrió el pasado sábado, día 17 de enero, el sistema facilita el trampeo con la venta de las entradas. Este día, a pesar de que en la propia web se indica que la apertura de taquilla se realizará 15 minutos antes de la obra (el inicio está anunciado para la 20.30 horas), los responsables decidieron adelantarlo en más de media hora.

Esta vez el anuncio de que “ya no hay entradas” se produjo pasados apenas veinte minutos de haberse abierto la taquilla. Una operación que para las decenas de personas que aguardábamos la cola resultaba inexplicable. Evidentemente que no se habían vendido 200 entradas en tan corto espacio de tiempo. Algo no era como nos costaban las personas que en ese momento controlaban el acceso al recinto.

Mientras las decenas de perdedores pedíamos las explicaciones correspondientes, veíamos que iba llegando un buen número de gente a la puerta de acceso del teatro con la entrada ya en la mano. Personas que de ninguna manera habían hecho cola para comprar la correspondiente entrada en la taquilla oficial.

Este día había una decena de personas que habían venido de más 50 kilómetros para ver la obra. Que, como muchos otros, estuvieron en la cola mas de media hora antes de la hora de inicio del espectáculo

Algunas de estas personas nos aseguraron que habían adquirido la entrada a través de alguno de los actores de la obra. Por la razón que sea, en esta ocasión cerca de mitad de las entradas del recinto no pasaron por el circuito normalizado de la taquilla.

Es lamentable mantener un sistema tan opaco de acceso a un recinto teatral. Tan injusto con quienes siguen las reglas que los propios responsables de la gestión de este centro establecen para conocimiento público.

Este día había una decena de personas que habían venido de más 50 kilómetros para ver la obra. Que, como muchos otros, estuvieron en la cola mas de media hora antes de la hora de inicio del espectáculo.

Para peor, ante la insistencia de algunos damnificados para que facilitaran el libro de reclamaciones o la presencia de un responsable que ofreciera al menos una explicación, no fue posible ni una cosa ni otra. El director del Servicio de Actividades Culturales, que sí estaba presente en la sala prefirió no dar la cara.

Este pervertido sistema de trampeada taquilla viene admitido, o dado por bueno, por parte de las autoridades universitarias. Un sistema cuasi medieval que viene precedido de un acuerdo, o como se llame, con los grupos teatrales de nuestro entorno. No obstante, si lo que quieren es tener un chiringuito con acceso privilegiado para amigos y familiares deberían adquirir un local propio y hacer su capa un sayo. El que quieran. Lo que no es de recibo en usar como tal un lugar de titularidad pública que obliga a mantener las formas y las reglas precisas.