¿Estamos los leoneses bien protegidos?...
Lo primero es que vayamos buscando refugio para lo que nos caerá encima en forma de propaganda partidista en unas semanas antes de las próximas elecciones autonómicas, pero no me refiero a eso. Tampoco me refiero a la seguridad ciudadana, porque sin desdeñar que todos los días pasan cosas en nuestra provincia, el Cuerpo Nacional de Policía, la Guardia Civil y las policías locales trabajan por conseguir un umbral bastante aceptable de seguridad en nuestra provincia. Naturalmente delincuentes y desalmados los hay por las calles y a veces también por las instituciones, pero tampoco esta reflexión va de eso.
Debo reconocerles que había escrito esto antes del accidente ferroviario de Adamuz. Quiero añadir que, como todos los leoneses, no puedo dejar de pensar en las víctimas, y casi más en sus familias y en su angustia ante los teléfonos que suenan sin respuesta de sus seres queridos cuando se sabe la magnitud de la tragedia. Sigo creyendo que mejor no politizar las desgracias. Pero lo pensaba también con la dana, el covid y mil emergencias más.
Un titular del Heraldo resuena como una noticia que más parece aviso a navegantes o a ciudadanos temerosos del fuego, que con lo que hemos visto hace unos meses, somos todos en León. La plantilla del Sepeis critica la falta de personal operativo en varios parques de la provincia y una planificación insuficiente. Por distintas razones, he seguido con mucho interés personal el despliegue de los bomberos de la Diputación.
Se nos dijo que evitarían los problemas en la atención a los incendios urbanos que durante décadas se achacaban a la tardanza en llegar con nuestra orografía a todos los rincones de la provincia desde los parques de bomberos de León y Ponferrada
Primero, porque habiendo sido Director General de Protección Civil siempre me ha admirado la capacidad de muchas diputaciones, no solo de la de León ni solo en este mandato, para mimetizarse con el paisaje cuando llegan las emergencias o cuando hay que poner más medios, que a los ciudadanos todos nos parecen pocos. Lo que pasa es que ahora es un paisaje chamuscado y es difícil pasar desapercibido en él con un color rojo bombero.
Segundo, porque imparto en la Universidad la apasionante asignatura Catálogo de Medios y Recursos de Protección Civil, y aunque solo sea por estar al día de lo de mi provincia, he seguido el lento proceso de creación de los parques. Se nos dijo que evitarían los problemas en la atención a los incendios urbanos que durante décadas se achacaban a la tardanza en llegar con nuestra orografía a todos los rincones de la provincia desde los parques de bomberos de León y Ponferrada, que durante mucho tiempo han estado soportando sobre su organigrama, su esfuerzo y su trabajo, más allá de la obligación funcionarial, los fuegos en muchos pueblos. Y las excarcelaciones de las personas atrapadas en sus vehículos en los accidentes de tráfico. El dinero recibido por esos dos ayuntamientos no compensaba el esfuerzo y el tercer municipio obligado a tener bomberos en la provincia, San Andrés del Rabanedo, nunca encontró suficientemente progresista incluir la protección civil entre sus ocupaciones ante la cercanía del parque capitalino.
Dos episodios que han requerido la activación de planes de protección civil en 2025 han puesto sobre la mesa de manera bochornosa y, lo que es peor, dolorosa, que la sociedad leonesa no está suficientemente protegida ante las emergencias extraordinarias.
Advierten los profesionales también contra la falta de planificación. Incluso con el mejor personal del mundo y con medios más abundantes de los que tienen, si la planificación es inadecuada, se entrega la gestión de las emergencias al amateurismo, a la improvisación o, lo que es peor, a la contaminación política
Cuando he visto las casas quemadas en algunos municipios leoneses en el mes de agosto me entró la duda de si estaban activos los parques provinciales. Les confieso que los meses pasados en Lisboa me habían desconectado un poco de la realidad leonesa y creí que no. Al fin y al cabo, atender a los incendios forestales es cosa de la Junta y atender a los urbanos no. Con tanta casa quemada es que no habría bomberos. Pero luego recordé que Mañueco les había entregado el 25 de mayo la medalla al mérito de la Protección Civil de Castilla y León por su actuación en la Dana. Luego sí. Sí tenían capacidad para ir a las inundaciones de Valencia, pero no para minorar los incendios de Palacios de Jamuz, seguro que por falta de medios humanos y materiales y nunca de ganas o pericia. La denuncia de esta semana de esa falta de medios corrobora esta impresión y apremia a buscar soluciones inmediatas y eficaces para que contar con esos parques no sea una mera apariencia.
Advierten los profesionales también contra la falta de planificación. Incluso con el mejor personal del mundo y con medios más abundantes de los que tienen, si la planificación es inadecuada, se entrega la gestión de las emergencias al amateurismo, a la improvisación o, lo que es peor, a la contaminación política. En apenas unos meses he comprobado que hay miles de leoneses que entienden con igual encomiable profundidad de hacer alineaciones de fútbol, solventar la guerra de Ucrania y dar cariñitos o palos a Maduro, evitar apagones y apagar fuegos. Si ese leonés medio se dedica a la política, entonces da lecciones magistrales.
El aviso de la plantilla del Sepeis no es una mera reivindicación laboral. Ignorarlo puede costar disgustos e incluso vidas. Y luego vendrán las lamentaciones
Cuando el mes pasado corrió riesgo el abastecimiento de agua domiciliario en Ponferrada para varias decenas de miles de ciudadanos y hubo que activar el plan municipal de protección civil, resulta que tenía veintisiete años y que el anterior alcalde ni se molestó en actualizarlo cuando hubo que activarlo por la pandemia de covid. Los riesgos, los naturales y los antrópicos, han cambiado en estas décadas y ni nuestras localidades ni nuestras actividades se protegen con planes obsoletos. ¿Quieren que preguntemos de cuándo es la última actualización de cada plan municipal y del plan provincial en León?
El aviso de la plantilla del Sepeis no es una mera reivindicación laboral. Ignorarlo puede costar disgustos e incluso vidas. Y luego vendrán las lamentaciones. Gastar dinero en fastos e incluso en obras es lucido y la peña lo aprecia para animar el voto. Invertirlo en protección renta menos. Pero yo, que tengo en alta estima a algunos responsables provinciales, empezando por el presidente de la Diputación, quiero creer que harán un esfuerzo como piden los bomberos para cubrir todas las plantillas, tener responsables operativos y actualizar los planes para que la próxima vez en lugar de preguntarme por el título de esta columna, podamos afirmar que los leoneses estamos bien protegidos.