Addoor Sticky

El honor de los políticos leoneses

Recoge el Heraldo la noticia de la condena a prisión a dos ¿activistas? que se inventaron noticias falsas sobre la vinculación de Javier Cendón a la trama del Tito Berni...

Recoge el Heraldo la noticia de la condena a prisión a dos ¿activistas? que se inventaron noticias falsas sobre la vinculación de Javier Cendón a la trama del Tito Berni. También una indemnización que se antoja absolutamente insuficiente si se trata de pasar del resarcimiento por los daños morales y reputacionales al carácter ejemplificador de la pena, que no es otro que el disuasorio en el panorama de fake news que tenemos en España.

Voy a reconocerles que, aunque apenas he tenido relación con Javier Cendón, siendo escasa, ha sido buena, e incluso afable por ambas partes. Yo ya no estoy por la labor de que me caiga mal la gente por sistema o por las siglas cuando uno ha conocido tanto bellacos como bellísimas personas de toda clase, condición, ideología y partido político.

Si me queda en el cuerpo un ápice de inquina lo reservo íntegro para un antimerenguismo de colchonero irredento. No me siento inclinado a defender a Cendón como tampoco, por el contrario, a imputarle personalmente todos los males del gobierno de Sánchez con la provincia. Habiendo experimentado como todos que, como dijo Andreotti, “en la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”, les dejo los arañazos y mamporros a sus compañeros de partido, que por momentos han desarrollado una técnica depuradísima para ponerlo a escurrir.

Es decir, que salvo para el propio Cendón, que ha sufrido en primera persona un descrédito inmerecido y se tiene que doler de lo suyo, a mí me preocupan todos los cendones que tienen que aguantar toda clase de improperios que ni vienen con el cargo, ni con el sueldo asociado al cargo, ni con la condición de político.

Como pena del telediario, una juerga larguísima, oigan. En tres años se ventila una legislatura, se cambia una vida, se emprenden nuevas aventuras personales y, llegado el caso, se deja de ser diputado, pongo por caso.

Deben estar, queridos lectores, atentos al marco temporal que se acredita en la sentencia, según se recoge en la prensa. Tres años desde la comisión del hecho punible a su desmontaje judicial. Como pena del telediario, una juerga larguísima, oigan. En tres años se ventila una legislatura, se cambia una vida, se emprenden nuevas aventuras personales y, llegado el caso, se deja de ser diputado, pongo por caso. Pero en tres años no se lava una mentira cuando la difusión que permiten las plataformas de mensajería, las redes sociales y la comunicación digitalizada reactualiza miles de veces la mentira. No voy a insistir en la revictimización, pero si es así para el común de los mortales no tiene por qué dejar de serlo cuando temporalmente ejercen un cargo político.

Una cosa es que jurisprudencialmente se haya forjado una interpretación proclive a aceptar que en la crítica política y pública los políticos tengan que aguantar un grado de escrutinio público y de crítica superior al del resto de los pobladores del universo, y otra distinta es que valga todo y que estén obligados a soportar que la crítica, legítima mientras se mantenga en el juego democrático del elemental respeto a la verdad, se convierta en ponzoña y mentira.

Una democracia de calidad es aquella que permite el enjuiciamiento con todas las garantías de quienes se prevalen de la cercanía del poder para su abuso indisimulado, sean Bernis, Ábalos, Koldos o llegado el caso, mujeres o hermanos de presidentes o Fiscales Generales del Estado.

Me parece una milonga lo de la victimización del poder sanchista y su rúbrica de máquina del fango para todo aquello que tiene que ver con el enjuiciamiento de sus chanchullos, que menuda racha llevan. Confío en que a los primeros a los que abochorne la retahíla de mordidas y abuso de los books de señoritas sea a los socialistas, como en otros momentos a mí me abochornaban las Gúrteles y los Bárcenas.

Una democracia de calidad es aquella que permite el enjuiciamiento con todas las garantías de quienes se prevalen de la cercanía del poder para su abuso indisimulado, sean Bernis, Ábalos, Koldos o llegado el caso, mujeres o hermanos de presidentes o Fiscales Generales del Estado.

Enjuiciamiento y condena no son lo mismo, y mecanismos de defensa tienen todos ellos, o sea, que menos lloros. Pero una democracia de calidad es también la que protege el honor de los políticos -lo mismo que el de cualquier ciudadano en condiciones de plena igualdad- respecto de la mentira y la calumnia. 

Y es importante en medio de esta polarización decir que el honor de los políticos de León, con independencia de que sea de los propios o de los de enfrente, no es de peor condición ni de menor importancia que el de los fontaneros, los periodistas, los activistas, los desempleados o los jubilados de León.

Un León que cree en el juego democrático y sus reglas, por muy polarizado que esté el ambiente, es un León que debe rechazar la injuria, el insulto, la falsedad y la desinformación en cualquiera de sus formas. De momento yo, que no le votaría jamás (ni falta que a él le hace), me alegro por Cendón, porque lo que está en juego ante tanta deslegitimación de la política es, simplemente, la democracia.