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El viaje de los años

En mayo del año 19, paseando por Ribadesella tras visitar a la Santina en Covadonga, Gema y yo recibimos la noticia del nacimiento de nuestra nieta...

En mayo del año 19, paseando por Ribadesella tras visitar a la Santina en Covadonga, Gema y yo recibimos la noticia del nacimiento de nuestra nieta Ana: abuelos por primera vez. Fueron días de mucha emoción, ilusión y alegría: somos abuelos. Dos meses después celebramos nuestros primeros treinta años de matrimonio. Recibimos muchas atenciones, pero, sin duda, el mejor regalo fue el nacimiento de nuestra primera nieta.

Me gusta leer y escribir sobre matrimonio y familia. Tiene algo de aventura. Es como un mar sin orillas, cuanto más descubres, tengo la sensación de que más me falta. Ser esposo y padre es una gran responsabilidad. Aspiramos a ser buenos en nuestra vida, en lo que hacemos: trabajo, deporte, aficiones, negocios. Bien. No me gustan las afirmaciones categóricas, pero estoy convencido que, para un casado, la principal prioridad es ser buen esposo y, en su caso, buen padre. O se es bueno en esto -al menos, intentarlo, luchar por ello- o no se es bueno en nada. ¿Cómo? Si. No es real que uno sabe dejarse las preocupaciones, los problemas, en casa; que uno es un profesional, y en el trabajo lo único importante es el trabajo y, lo demás, es vida privada. Esto no es humano, en el sentido de que las personas, por nuestra naturaleza, no podemos separar nuestros afectos, nuestros sentimientos, en compartimentos estancos. Nuestra vida es una, nuestro corazón también.

Estas alegrías, las de dentro, duran mucho y se manifiestan con una gran serenidad ante los acontecimientos, son compatibles con el mucho trabajo, con el cansancio, con el esfuerzo, con el dolor de muelas y con las noticias malas.

Y de mi experiencia personal y de las personas con las que he convivido en diversos países y ambientes, concluyo que, en positivo, si uno lucha por ser un buen esposo y un buen padre, otros ámbitos de nuestra vida, como, por ejemplo, el trabajo, las amistades, se ven favorecidos. Las alegrías son cosas del corazón. Estas alegrías, las de dentro, duran mucho y se manifiestan con una gran serenidad ante los acontecimientos, son compatibles con el mucho trabajo, con el cansancio, con el esfuerzo, con el dolor de muelas y con las noticias malas.

Esto no quiere decir que uno no tenga problemas. La vida de un casado con hijos es compleja. Hace años, en Santiago de Chile, cuando mi hija mayor apenas tenía cinco años, conocí a un hombre del que aprendí muchas cosas buenas: hay dos tipos de matrimonios, solía repetir, los que tienen problemas y los cuentan y los que tienen problemas y no los cuentan…Y, en el mismo sentido, recientemente, he aprendido de un amigo asturiano: el que no tiene problemas con su mujer es porque está soltero o está viudo… La diferencia, por tanto, está en cómo enfrentamos esas dificultades, esos problemas: en nuestra actitud. Y, en la medida en que demos lo mejor de nosotros, o, al menos, lo intentemos, nuestra vida será mejor, plena.

Después de casi siete años, idas y venidas, por fin, he terminado el libro que comencé a escribir el día que nació nuestra primera nieta. No es un manual de buenas prácticas, de un exitoso esposo y padre. No lo soy. He cometido y cometo errores que procuro identificar y corregir, no siempre con éxito. Lucho por ello. Sufrir es malo, haber sufrido es bueno.

Son anécdotas y reflexiones recopiladas, vividas, durante más de treinta años, con las que me gustaría animaros, ilusionaros, a que apostéis por el matrimonio y la familia. Por el vuestro. Vale la pena.

Afortunadamente, hay buenos libros, material audiovisual e, incluso, estudios con grado de máster sobre matrimonio y familia. Por tanto, nada que aportar en ese nivel. Lo mío son anécdotas y reflexiones de un hombre que, tras treinta y siete años de matrimonio, se siente afortunado por lo que he vivido, por las personas tan interesantes que he conocido, de las que he aprendido tanto y tan bueno. Y quisiera ser capaz de compatirlo; especialmente, con mis nietos.

Después de Ana, nacieron Luisa, Isabel, Javier y Gloria. A ellos va dirigido este libro. El matrimonio vale la pena. La educación de los hijos -de vuestros padres- también. Pero esto no es un manual, una clase, no. No está ordenado por temas, no. Son anécdotas y reflexiones recopiladas, vividas, durante más de treinta años, con las que me gustaría animaros, ilusionaros, a que apostéis por el matrimonio y la familia. Por el vuestro. Vale la pena.

Hoy el matrimonio no está de moda y quizá por ello sea más necesario tener ideas claras sobre lo fundamental. Cada generación ha tenido sus dificultades. El tiempo es breve. Mi nieta mayor va a cumplir siete años. Me gustaría tener vida, capacidad, energía y claridad para hablar de ello con mis nietos, los actuales y los que vengan. No lo sé. Las palabras se las lleva el viento; las palabras escritas, afortunadamente, todavía no. Es difícil abarcar todos los temas, ambientes, circunstancias en que se desarrolla el matrimonio. Y resolverlos en una sola conversación o escrito. Hay matices, particularidades, muchas.

Y no todo son temas grandilocuentes. Inquietudes de todos los días que, en algún momento, a uno le puede hacer pensar e, incluso, preocupar. Un ejemplo. Si una de mis nietas me preguntara: abuelo, es mejor casarse con un chico guapo o con un chico que sepa cocinar: Y-no-vale-responder-que-lo-mejor-es-casarse-con-un-chico-guapo-y-que-sepa-cocinar. Por tanto, en caso de que haya que elegir, cuál sería tu recomendación: Guapo o que sepa cocinar. Entiendo que una chiquilla de veinte años tenga dudas, yo ninguna. La belleza se pasa, el hambre no. Y no es un chascarrillo ni un mal chiste. La vida consiste en elegir. Como este hay más temas que pueden inquietar a una joven y que la experiencia de la vida tiene resueltos. El viaje de los años.