Desobediencia
Cumplir las normas básicas para la convivencia en algunos casos extremos en este país se nos da bien; por lo general, somos muy bien mandados. Solo hay que ver el cumplimiento masivo de nuestras obligaciones durante la pandemia. En lo grave no fallamos, pero las pequeñas directivas diarias nos cuestan mucho más: normas de circulación, respetar los turnos, horarios, derechos del prójimo, etc. En cuanto a empatizar con los demás, con ciertas minorías o sectores sociales ajenos a nosotros mismos, es otro tema. Nos falta un poco de respeto por el de al lado. Además, no somos de grandes revoluciones y solo si la cuestión nos afecta a todos nos movilizamos, por eso que algo como el abandono del tren de vía estrecha, FEVE, que afectaría especialmente a los pueblos del norte de la provincia, movilizara a tanta gente el domingo 18 sorprendió a más de uno. Mucha de esa gente no va a coger ese tren casi nunca, pero es verdad que todo lo que venga impuesto por la Junta de CyL, o por un ministro que prioriza las inversiones en Valladolid por encima del resto del territorio, nos irrita a todos de igual manera y lo convertimos en personal. Con ese impulso, deberíamos ir a votar el próximo 15 de marzo.