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Distopías

Desde hace unos años, donde la pandemia marcó el punto de partida, nos resulta más nítido el pensamiento de que el fin del mundo, de nuestra civilización e incluso del capitalismo, aunque esto último lo veo más complejo, es algo tan terrible como inevitable. Estoy muy de acuerdo con la frase de que asistiremos antes al fin del mundo que al fin del capitalismo. La crisis climática, con sus eventos devastadores, los conflictos militares internacionales cada vez más cercanos, o las tremendas desigualdades nos hacen sentir curiosidad y, a veces, deseo de contemplar ese apocalipsis final. El cristianismo nos habla del Apocalipsis de San Juan, un punto de inflexión que transforma el pecado en redención, el caos en orden, la muerte en nacimiento. Así que buscamos acabar con todo para resetear y comenzar desde cero. Eso piensa la izquierda que puede pasar en las próximas elecciones, donde una debacle lleve, años después, a reordenar ese margen político y construir una verdadera izquierda, no un progresismo liberal, fuerte y unida. Está claro que hace ahora seis años vivimos una experiencia que siempre, en adelante, hemos tenido muy presente en nuestra vida.