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Hemos ganado el Mundial

En Estados Unidos, de donde son un gran número de las empresas tecnológicas que desarrollan todo el maremágnum de la inteligencia artificial, ya se aprecia un creciente descontento con todo lo que rodea a estos magnates por el futuro incierto que genera esta tecnología. El hecho de que todo se esté llevando a cabo a una gran velocidad y sin los consensos legales aconsejables empieza a desconcertar a un gran porcentaje de la sociedad estadounidense. Según publica este mismo mes de julio Le Monde diplomatique, en las encuestas, más de dos tercios de los norteamericanos consideran "demasiado rápido" el desarrollo de esta tecnología en cuestión, incluyendo a los jóvenes de 18 a 29 años, donde supera el sesenta por ciento. El hecho de que sea un desarrollo tecnológico que pone en duda la viabilidad de empleos de gente formada —no como antiguos avances de similares dimensiones—, que soporta en este país además la carga de la pesada mochila de las deudas universitarias, hace todo más dramático, en especial para la juventud. A diferencia de la Revolución Industrial, que perjudicó de manera terrible a la población con menor formación y se dejó hacer sin remilgos por la burguesía de la época, esta clase social puede ser la damnificada en este caso y ello va a conllevar más resistencia. En algunos países "están viendo las orejas venir", como dice en broma un buen amigo, pero nosotros hemos ganado el Mundial.