Vamos a la playa
En el artículo de Le Monde diplomatique de julio (me está haciendo este periódico un gran favor con sus informaciones), titulado "Las perspectivas de Martin Parr", he descubierto, aparte de al gran Parr, unos enfoques muy atrayentes desde donde mirar el turismo. El hecho de esperar cola para hacer la típica foto a un cuadro del que tenemos una foto en un libro en la estantería de nuestra casa, es un signo de lo absurdo que resultan, a veces, las visitas culturales obligadas. No creo que ver ciertas cosas en vivo te culturice más que leer y estudiar sobre ellas. Viajar enriquece; hacer turismo no tengo claro que sirva para más que, muchas veces, hacer más insoportable la vida de la gente del lugar que nos acoge unos días en un piso turístico. Sin olvidar que, en este sistema en el que vivimos, nuestro tiempo de descanso lo empleamos de la siguiente manera: como turistas abandonamos en agosto nuestras abarrotadas ciudades dejándolas convertidas en remansos de paz para irnos a las abarrotadas zonas turísticas; en conclusión, vamos a un lugar que nos ofrece aquello de lo que huimos. Volviendo a nuestro fotógrafo en cuestión, Parr nos muestra en su trabajo fotográfico los turistas que todos somos y a la vez a los que no nos gustaría parecernos. El gran quehacer de este hombre no tiene desperdicio, echad un ojo. Como colofón diré que gastarse lo que no está escrito para ir a donde y cuando todos van es una pérdida de tiempo y dinero.