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El 1 de marzo, todos a Botines

Ya les había prevenido de que esta campaña electoral autonómica “no era mi tema”, como se dice ahora...

Ya les había prevenido de que esta campaña electoral autonómica “no era mi tema”, como se dice ahora. Me sobrepasan las obviedades, los discursos huecos y las promesas para memorias flacas con las que nos obsequian portavoces y candidatos de los partidos mayoritarios y de implantación nacional. Me sangran los oídos y me aumentan las dioptrías cada vez que veo a Mañueco, a Martínez o a Pollán. Me aburren con su gravedad y ese permanente “reseteo” en labores de gobierno e influencia.

Como que acabara Mañueco de llegar al gobierno, que ahora nos anuncia “certezas”, que va a conseguir que nuestra “descomunidad” esté entre las tres de más brillo de la España toda. Ahora, dice. Como que casi cuarenta años de gobierno de su partido solo hubiera servido para confirmarnos otras, esas sí, certezas: la caída demográfica, económica y de empleo en León; la ruina del sector primario y la industria transformadora en la provincia; el abandono del medio natural y la consiguiente pérdida, materializada en pavorosos incendios sin plan de prevención ni extinción. 

Y hay más certezas en el “debe” de Mañueco: la creación y potenciación de organismos que abarcan cualquier actividad económica ligada a sus consejerías, bien fundaciones (ya iré otro día), bien esa monstruosa estructura público-privada que es el SOMACYL, bestia de la contratación multidisciplinar, que lo mismo te hace una vivienda, que te pavimenta una calle, que te quema bosques en centrales de biomasa. Corre por ahí un mote para esta empresa, que ha hecho fortuna y que les invito a usar sin tasa: SODOMACYL. Orgía de dinero, fondos “Next Generation”, subcontratas nepotistas, fraccionamiento de partidas presupuestarias y otras prácticas impecablemente legales, al menos en superficial análisis, pero profundamente ilegítimas por falta de transparencia. Una vuelta de tuerca a la opacidad la están dando administraciones locales y provinciales, como el Ayuntamiento de León o la Diputación de Zamora, que han entrado, bien que simbólicamente, en el accionariado del SOMACYL, lo que les permite utilizar a esta empresa como palanca de contratación directa. No está ya muy claro hasta dónde llega tal o cual ayuntamiento y dónde empieza la empresa de nuestros dolores en esto de las contrataciones. Y casi todo “quisqui” mutis, en gobiernos u oposiciones, “que mañana me toca a mí y ya haré también de mi capa un sayo”.

Esa misma nube en León tampoco se quedaría en el barrio de Puente Castro, donde se pretende construir una central aún mayor que la de Ponferrada, sino que afectaría a toda la ciudad. No es un problema de León Sur. Es un problema de todos.

Y si lo del SOMACYL solo fuera construir, bien legal, bien con dolo, no lo consideraría tan enemigo. Pero es que está empeñado en quemar, en destruir nuestros bosques en aras de un esquema energético obsoleto, mal diseñado y tremendamente dañino. Ejemplo lo tenemos en Ponferrada con su central de biomasa, que impide que los vecinos del barrio de Compostilla puedan incluso ventilar sus viviendas. Viven en una permanente nube, permítanme la figura, de carbonilla, de materiales en suspensión con un alto poder cancerígeno. Estudios recientes demuestran que quemar madera, a efectos de salud de las personas, es peor que quemar carbón. Pero la nube no se queda en Compostilla, sino que extiende su tóxica influencia en un radio de más de cinco kilómetros. Esa misma nube en León tampoco se quedaría en el barrio de Puente Castro, donde se pretende construir una central aún mayor que la de Ponferrada, sino que afectaría a toda la ciudad. No es un problema de León Sur. Es un problema de todos, que todos acabamos respirando ese aire y todos perdemos nuestras masas arboladas, nuestros bosques, tesoro de valor incalculable y que pueden acabar siendo sustituidas por monocultivos de pinos o eucaliptos, lo que SOMACYL, verdugo de nuestro entorno natural, decida que más le renta. 

Así que este es el esquema para la provincia de León, que no nos cansaremos de repetirlo: expolio, depósito e importación de residuos, mierda de primera calidad, reducción a la nada de bosques, agricultura y ganadería, producción de energía fotovoltaica en nuestros campos arrasados, y los montes llenos de aerogeneradores, herencia envenenada para nuestros hijos y nietos. También podría entrar en el timo del hidrógeno, inmanejable y ruinoso por su dificultad de manejo a altísima presión, y en el de las centrales de almacenamiento por bombeo, que lo único que hacen es aprovechar los precios más bajos de la energía a determinadas horas, y no son un real depósito energético. Ejemplo de esto lo tenemos en Navaleo, recientemente vendida a una compañía suiza, que se limitará a “jugar a la bolsa” con el agua. Para que me entiendan: una mina clausurada, llena con una cierta cantidad de agua que se bombea con medios eléctricos a la parte superior cuando la tarifa es barata, y que luego en su caída propulsa turbinas de producción cuando la tarifa es cara. Trilerismo en estado puro. Y a esto y al hidrógeno se destinan fondos europeos, cuando “los que mandan” ya saben de su práctica nula utilidad. ¡Ah!, y el biogás, esa fuente de digestatos indigeribles, o los biocombustibles, poner al campo a producir energía por encima de las necesidades alimentarias.

“Los que mandan” les decía. En esto que les cuento están todos de acuerdo sin excepción. Hay muy poca, pero que muy poca política de Estado en la preservación del medio ambiente. Hay un común acuerdo en la destrucción y el expolio. No se libra ni el “tostao”, que no hace falta ser Trump o Milei, que hasta en países que tenemos por desarrollados y sensibles al asunto, como Suecia, se ha caído en el monocultivo del pino, cargándose siglos de historia de bosques con especies boreales autóctonas.

La Tierra es herencia de nuestros padres, pero préstamo de nuestros hijos, a los que deberíamos devolverles un entorno natural digno, con posibilidades de conservación y supervivencia.

Así las cosas, sin esperanza de redención por parte de nuestra clase política, solo nos queda hacer presión. La Tierra es herencia de nuestros padres, pero préstamo de nuestros hijos, a los que deberíamos devolverles un entorno natural digno, con posibilidades de conservación y supervivencia. Es más que seguro que buena parte del camino de destrucción andado no tenga vuelta atrás, pero estamos aún a tiempo de remediar, siquiera parcialmente, un colapso que se avecina seguro y bastante más cercano de lo que estos absolutos mentecatos que rigen nuestros destinos van a ser capaces de reconocer.

Y presión será la que hagamos muchos de nosotros acudiendo este domingo 1 de marzo a las 12:00 horas a la concentración en la Plaza Botines de León, convocados por la Plataforma en Defensa del Territorio, secundada por buen número de asociaciones ambientalistas y cívicas. Si pueden, no dejen de acudir. Su futuro, aparte ruido, odio o belicismo, depende más de esta defensa que de lo que se derive de las urnas, aunque esto, con el voto adecuado, que no es el de los partidos mayoritarios, podría cambiar.

Una vez más, la sociedad civil.