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Como para fiarse

Soy de los que piensa, siguiendo el popular aforismo, “que el cuerpo es sabio”, pero también de que el estado físico...

Soy de los que piensa, siguiendo el popular aforismo, “que el cuerpo es sabio”, pero también de que el estado físico, a veces, es reflejo del anímico. No habiendo empezado el año con buen pie en lo que a salud se refiere, a base de “andancio” prolongado, estaba tratando de ponerme a cubierto de la general miseria y de las malas noticias. Pero han sido éstas últimamente tan potentes y difundidas, que no he podido sino enterarme y muy a mi pesar. Andaremos todos aún tratando de digerir la tragedia de Adamuz, esperando conclusiones, apartando ruido y, si llega, exigiendo responsabilidades. El luto y el pesar no nos los quita nadie.

Pero hay más exposiciones al caos y a lo terrible. Esta vez materializado en la obscena presentación en el Foro de Davos de la última ocurrencia de Donald Trump. Esa llamada “Board of Peace” o “Junta de Paz”, que más parece la reunión de supervillanos de Marvel, excusa para constituir una “anti ONU” precisamente amparándose en la resolución 2803 del mismo organismo internacional, que amparaba la reconstrucción a medida y la pacificación en falso de la Franja de Gaza. El despropósito de este agente de desestabilización en que se ha convertido “Trumperator” se agrava con la presencia en esta farsa de un pelotón bastante sospechoso de presidentes de países, por cierto, cuyos habitantes necesitarían un visado especial para visitar EEUU. Paradoja del servilismo más abyecto.

De propina, cada país integrante de esta nueva coalición deberá depositar, a beneficio de dudoso inventario, mil millones de dólares, supuestamente para invertir en la reconstrucción del territorio palestino, eso sí: sin palestinos, a base de resorts de lujo, residencias babilónicas y chorros de la abundancia. O eso es lo que ha vendido Jared Kushner, yerno del propio Trump, en un sueño para potenciales inversores. Esto, mientras aún caen bombas, atacan drones, mueren niños y se extiende el odio sionista sobre Palestina. No sé qué tal les parecerán estas narcisistas veleidades a los argentinos, búlgaros, húngaros, paraguayos, o a los habitantes de hasta otros diecinueve países que han firmado la constitución de este aborto y que acabarán “pagando el pato”. La mayor parte de Europa ha dicho no, y hasta el primer ministro canadiense le ha cantado las cuarenta al “agente naranja”. Iba siendo hora de poner pies en pared.

El “World Economic Forum” fue creado por Klaus Schwab, un profesor de política empresarial de la Universidad de Ginebra, en 1971. Tipo, por lo demás y perdonen el sarcasmo, nada sospechoso

Aquí me cabe recordar que Trump tiene en España un destacado aliado en Santiago Abascal, Vox, Fundación Disenso y, por extensión, en Europa con el grupo “Patriots”, en el que también es presidente este que le marca la agenda a Feijóo con el permiso de Ayuso. Otra que también entra encantada al juego del estadounidense. Lo mejor de cada casa.

Y todo este invento de falsa paz y megalomanía del que les hablo se desarrolla en el marco del Foro de Davos, que a mí me parece una especie de teatro absurdo y prescindible, donde convocantes y comparecientes en buena medida han contribuido a crear los problemas que pretenden, o eso dicen, resolver. Resulta paradójico que, por ejemplo, se supongan soluciones al cambio climático y acudan los promotores, ponentes y “lobbistas” en centenares de jets privados. El zorro hambriento a cuidar de las gallinas.

Pero es que el foro en cuestión se ha convertido en un gran negocio, del que, si me lo permiten, daré algún dato. Y ya les anticipo que hay muy poco altruismo y, menos todavía, voluntad real de soluciones.

El “World Economic Forum” fue creado por Klaus Schwab, un profesor de política empresarial de la Universidad de Ginebra, en 1971. Tipo, por lo demás y perdonen el sarcasmo, nada sospechoso al pertenecer al Club Bildelberg, una reunión poco amable que aboga por un gobierno globalizado, y quizá no necesite explicarles quienes serían los dirigentes de ese Mundo bajo una única bandera color verde dólar.

Hoy se ha convertido en un monstruo económico en sí mismo, con 6 sedes y 800 empleados, y unos ingresos de unos 450 millones de euros. Se nutre básicamente de las cuotas de sus casi 1000 socios, que van desde los 45000 euros anuales del más “pelagatos” a los casi 700000 euros de los “partners” estratégicos. Y ya les digo que todo, menos representatividad social, que los dirigentes políticos que acuden lo hacen por invitación y se supone que con ponencias “a favor de obra”. Cómo será la cosa que hasta el gobierno suizo ha decidido rebajar la cuota de participación ante la presión de la sociedad, que tampoco es que sea colmo de la progresía, y es que solo el presupuesto de seguridad para la cumbre supone unos 10 millones de euros. En Suiza son ya muchas las voces que se alzan contra ser la sede de semejante disparate, por más que contribuya al PIB (que estaría por ver).

O leer a Ester Muñoz diciendo que pedirá a la Junta, cuando se constituya nuevo gobierno, solución inmediata para la integración, no me digan que no es esperpento valleinclanesco

Por parte de España están como socios, y no pequeños, empresitas tales como Banco de Santander, Iberdrola, Acciona, Ferrovial, Telefónica, Repsol o Naturgy. Hay que decir que dentro del foro están relacionadas con programas sobre infraestructuras, energía, gobernanza del agua o comunicaciones. Son ustedes muy libres de pensar que operan con total desinterés y que sus intenciones son derrochar generosidad y hacernos la vida más fácil. La hipocresía del capitalismo neoliberal no conoce límites. Y que alguien nos la quiera vender “sin ponerse ni colorao” dice muy poco de semejantes actores. Ser la mayor parte del problema y la pretendida solución, señoras y señores, ya no cuela.

Y al respecto de ser problema y solución a la vez, una corta coda en clave leonesa. Recientes las manifestaciones por la integración de FEVE y la concentración en el ayuntamiento de Cistierna en un pleno a propósito sobre la planta de biogás en Vidanes.

Solo puedo decir que las consecuencias políticas me han dado buena dosis de vergüenza ajena. Escuchar a Javier Alfonso Cendón decir ahora que, si los leoneses no quieren, las vías no se entierran, pero que tampoco se puede dar un paso más allá, que no hay (falso) solución técnica, me da “cosica”. O leer a Ester Muñoz diciendo que pedirá a la Junta, cuando se constituya nuevo gobierno, solución inmediata para la integración, no me digan que no es esperpento valleinclanesco, con perdón del insigne gallego. Parece que empezaron ambos ayer en la política… y va para quince años que no llegan los trenes a la estación de Padre Isla.

O ese pleno en Cistierna, aprobando ahora una moción, vista la voluntad popular, inasequible al desaliento, contra la instalación de ese “pedo eterno” que sería la central de biogás de Vidanes. Cuando ya la planta está en última fase de aprobación y hasta ahora el ayuntamiento estaba de perfil.

Señoras y señores: si pensamos que del problema vendrá la solución, estamos apañados. Como para fiarse.