Follamigo
En reciente columna nombraba al mestizaje como herramienta de eliminación de lo indígena, refiriéndome a cómo la aristocracia criolla había conseguido tomar el poder en México y anular, a la vez que utilizar, a lo autóctono. Un punto de hipocresía, muy generalizada en el poscolonialismo, que se hace víctima de la metrópoli, cuando en realidad es el principal actor del exterminio y ninguneo a los descendientes legítimos de los verdaderos, por herencia, dueños de cultura y patrimonio. Oír a ilustres apellidos europeos gritar contra un proceso del que son factores determinantes es sentir cómo el populismo hace mella y transige atropellos propios, mientras censura tropelías de ajenos. Lo malo es que lo propio es ahora y lo ajeno sucedió hace cinco siglos largos. Si seguimos descontextualizando, encontraremos que alguien, legítimo sucesor del hombre de Neandertal (y no miro para nadie), acabará acusándonos a los sapiens (tampoco sé cuántos quedamos) de genocidio masivo.
No podemos hablar de un fenómeno cultural o etnográfico que no tenga un marcado carácter mestizo
Hecha la chanza y pertinente aclaración, voy a lo mollar. Aunque antes visite otra disquisición sobre lo sano del mestizaje, enriquecedor si sabe convivir con sus fuentes y orígenes. España, en su situación geográfica privilegiada, es lugar para ello. Al punto de que no podemos hablar de un fenómeno cultural o etnográfico que no tenga un marcado carácter mestizo. Me da lo mismo en lo religioso que en lo folclórico. La relación del calendario litúrgico con los ritos ancestrales es innegable, los aires musicales y los distintos “palos” están tan relacionados con la historia de las sucesivas influencias culturales de los mal llamados “invasores”, que pensar que hay algo netamente “hispano”, puro y mantenido desde Atapuerca, es tan ridículo como negar la sucesión de los días en el almanaque. A todos esos guardianes de esencias les digo que lo que no evoluciona muere. Si por ellos hubiera sido, lo mismo no habíamos ni llegado al sílex.
Pero el mestizaje es un proceso natural, no interferido por la autoridad. Las mezclas son espontáneas y, si bien a veces determinados procesos, como una invasión bélica, fuerzan los hechos, el efecto acaba por ser “natural”. Ninguna situación de opresión mantenida ha devenido en mestizaje. Antes bien en exterminio físico. Lo vimos en la colonización de Norteamérica, por ejemplo, con el práctico aniquilamiento de las tribus indias. Lo vemos ahora con el genocidio gazatí, y hasta libanés, por parte de esa máquina de triturar que es el sionismo, que usa el silencio cómplice y el tener a medio mundo cogido por salva sea la parte mediante su absoluta influencia tecnológica y económica.
Ayuso, esa marioneta de las marionetas del sionismo en España, que ha tenido la osadía de decir que México no existió hasta la llegada de los españoles
Hablando de sionismo, no puedo por menos que volverme a acordar de Ayuso, esa marioneta de las marionetas del sionismo en España, que ha tenido la osadía de decir que México no existió hasta la llegada de los españoles. Se me ocurre que es una verdad histórica que, hasta la llegada de los hombres de Cortés, lo que existía como potencia era el Imperio Azteca, que tenía sojuzgadas a otras poblaciones de origen mexica, aliadas a la postre del extremeño en el derrocamiento de Moctezuma. Pero el nacimiento de México como nación se da a partir de la descolonización, que hasta ese momento sus habitantes son súbditos del Reino de España. Manía trumpista ésta de ir por ahí haciendo el gamberro para que hablen de uno, aunque sea mal.
El hipotenuso Mañueco y los suyos parecen estar, como toda ocupación, afanados en ver cómo se cargan las ganas de autonomía, autogestión y diferenciación de los leoneses dentro de este aborto de descomunidad
Esa misma manía que tiene la Junta de León y Castilla con cabrear a los leoneses discutiendo cualquier legitimidad del antiguo reino y aun de la propia idiosincrasia. El hipotenuso Mañueco y los suyos parecen estar, como toda ocupación, afanados en ver cómo se cargan las ganas de autonomía, autogestión y diferenciación de los leoneses dentro de este aborto de descomunidad que rige nuestros destinos. Ciscarse en León, Cuna del Parlamentarismo, aduciendo la legitimidad de unas cortes celebradas en San Esteban de Gormaz un año antes como hito de la democracia representativa, es como pretender que una reunión de comunidad de vecinos tiene preeminencia sobre las decisiones de un parlamento. El ridículo roza lo surrealista. Se opone a una decisión de la UNESCO, que hasta, de aquélla, removió los cimientos de la Historia, adelantando las Cortes de 1188 a la tradición que ponía por delante la Carta Magna británica. No protestó la “Pérfida Albión” entonces, informada y respetuosa con la verdad, y ahora al desgobierno autónomo se le ocurre enmendarle la plana al organismo internacional. Y dotarlo económicamente con una pasta gansa, de esa que a León se le escatima de manera flagrante.
Desde aquí les dedico a estos junteros de nuestros males , hablando de cortes insignificantes como la de Gormaz (decenas se celebraron de tal índole), un corte de mangas, con las que les invito a hacerse los habituales capirotes. No creo les importe el gesto, del que espero solidaridad entre mis más que sufridos lectores.
Esto de la Junta con León me parece intento de mestizaje forzoso. Y aquí hago aparte, porque no está en mí el hacer comparaciones. El exterminio de los pueblos indígenas no es comparable, ni de lejos, a este ninguneo por parte del gobierno de Mañueco. Que no llegue nuestro victimismo hasta ahí, que genocidio y asesinato son muy otra cosa. Nos asiste el Derecho, así que debemos utilizarlo en nuestra defensa. Desgracia la de los pueblos que en el Mundo han sido, que no han podido ni siquiera chistar contra sus opresores. A nosotros nos cabe ser “gota malaya” en nuestro anhelo y no dar brazo a torcer en lo que deseamos, no más que cualquiera de las autonomías de España, pero tampoco menos.
Se me hace difícil que la institución acepte la eliminación del palabro, pero sí podía eliminar el significado de “natural de Castilla y León”. Estamos los leoneses por un lado y los castellanos por el suyo
Esa labor de goteo ha tenido un paso más cuando se ha pedido la eliminación del término “castellanoleonés” del Diccionario de la RAE en la reciente sesión de la Academia celebrada en León. Se me hace difícil que la institución acepte la eliminación del palabro, pero sí podía eliminar el significado de “natural de Castilla y León”. Estamos los leoneses por un lado y los castellanos por el suyo. El adjetivo tampoco define a un burgalés, que se considera castellano a secas y a mucha honra. En términos de significado, esto de “castellanoleonés” está más cerca del cruce genético o la frontera que de un mestizaje cultural, etnográfico o artístico. Así, se podría hablar con cierta naturalidad de frontera castellano-leonesa (la geográfica, tengamos la fiesta en paz), igual que hablamos de la hispano-francesa, pero de muy poco más, y el guion entre vocablos marca. Si quieren, una nueva entrada con el guion incluido y una definición nueva: “referente a lo que de común tienen Castilla y León”. Muy poco, si acaso los límites geográficos y el desgobierno de Mañueco. ¡Ah!, y poner delante a León, por aquello del orden de antigüedad.
Creo que la Academia en su plenario tuvo una mala tarde cuando admitió el término… la misma que exhibió, desde mi modesto punto de vista, cuando dio carta de naturaleza a un engendro como “amigovio”, el amigo con derecho a roce de toda la vida, un término que nadie usa. Se ve que lo de “follamigo” quedaba algo soez y explícito para contar lo del “roce”.
Urge una palabra para definir lo que Mañueco y secuaces quieren para León. Que no suene mal es un reto a lo eufemístico. Ya les daba una pista con lo del cruce genético y lo de “follamigo”.